Lunes, 18 de Diciembre de 2017
13:21 CET.
Derechos Humanos

De Stonewall a Prado

Archivado en

En la 5ta. Avenida de Nueva York dos policías varones se besan. Cientos de miles agitan la bandera del arcoiris. Avanza la Marcha del Orgullo Gay 2011: activistas, militares gay, padres gay con sus hijos, bisexuales, religiosos liberados, maestros, lesbianas motociclistas, transexuales con trajes insólitos, desbordadas carrozas. Cuando llegan a Christopher Street, la mítica calle del Greenwich Village, es el delirio."¡Estoy en éxtasis. Estuve esperando 50 años este momento!", expresan los más viejos. ¡Todos se abrazan! Celebran la aprobación del matrimonio del mismo sexo en el estado de Nueva York. "No puedo parar de llorar. Lo hicimos, chicos", escribió Lady Gaga en Twitter.

La Marcha del Orgullo Gay de Nueva York, la primera gran fiesta de la libertad de expresión sexual que vio el mundo en 1970, es masivo recordatorio de que los derechos humanos no se mendigan, ni se cambian, que el derecho a gritarle al mundo ¡soy gay! ¡soy lesbiana! ¡puedo esposar a mi pareja!, que hoy disfrutan muchos países democráticos, lo conquistaron maricas, transexuales, bisexuales y lesbianas, enfrentándose a las porras de la policía, un sábado 28 de junio de 1969, en el Bar Stonewall, del Greenwich Village newyorkino. Y peleando una larga lucha en los tribunales.

A mediados de los 60, las leyes antisodomía aún estaban vigentes en La Gran Manzana. El alcalde Robert F. Warner preparaba la Feria Mundial de Nueva York 1964 y cuidaba "la imagen" de su ciudad, ordenaba arrestar a los sodomitas. En bares, cines y parques, un agente encubierto provocaba a otro hombre, si éste aceptaba, lo esposaba. Pocos abogados defendían a estos "indeseables". Entonces, los activistas homófilos (del griego "igual") no buscaban la confrontación. Trataban de convencer al establishment de que los homosexuales eran tan "decentes y confiables" como los heterosexuales. Vestidos de cuello y corbata, desfilaban tímidamente cada año ante el capitolio de Washington. Así fue hasta los sucesos de la calle Christopher.

La rebelión del Stonewall

En 1969, el Stonewall Inn, números 51 y 53 de Christopher Street, era el único bar de Nueva York donde permitían bailar a parejas del mismo sexo. Era un bar mugriento, sin agua potable, propiedad de la mafia italiana (a ningún homosexual le daban licencia de bebida). Un portero observaba por la mirilla antes de dejarte entrar. Hacinados en dos pequeñas pistas, se contoneaban unos doscientos bailadores, cuando a la 1:20 am, cuatro policías de civil y dos de uniforme, irrumpieron gritando: "¡Identificación en mano!".

Las luces se encendieron. ¡Cundió el pánico! Hasta maquillados travestis debieron mostrar sus cartillas militares. Así los liberaban. Pero no se alejaron. Se quedaron en la acera de enfrente, a observar la humillante redada. María Ritter (Steve para su familia), recuerda: "mi miedo era ser arrestada, que apareciera mi foto en un periódico ¡con el vestido de mi madre!".

Afuera, el Escuadrón de Moral Pública esperaba refuerzos. "¿Cuándo has visto que un maricón contraataque?" —alardeaba un policía. Pero los tiempos habían cambiado. En las calles de Los Ángeles, de Washington, de San Francisco, de Newark, sucedían furiosas protestas contra la guerra de Vietnam y la quema de barrios enteros por los negros del Black Panthers… La redada en el Stonewall pronto concentró a cientos de indignados que urgían: ¡esta mierda tiene que parar! Una lesbiana que luchaba contra cuatro agentes encendió la mecha: "¿Por qué no hacen algo?". La muchedumbre comenzó a arrojar ladrillos, botellas, y parquímetros arrancados de las aceras. Heterosexuales como el cantante folk Dave Van Ronck se unieron a la revuelta. Silvia Rivera, transexual, vestida de mujer, sentenció: "Nos habéis tratado como mierda todos estos años, ¿no? ¡Ahora nos toca a nosotros!".

Los policías, en desventaja númerica, se refugiaron en el bar. Uno tenía un corte en un ojo, otros tres heridas en la cabeza. La fuerza antidisturbios los rescató y arremetió contra la turba que respondió improvisando insólitas coreografías de can can y parodiando el tema de The Howdy Doody Show: "Nosotras somos las chicas de Stonewall / Nuestro pelo es rizado / No llevamos ropa interior", y se alzaban la saya enseñando el trasero. La policía humillada se retiró. A las 4:00 de la madrugada las calles se habían vaciado. Pero en la mañana, Nueva York despertó sobresaltado. Los diarios The New York Times y The New York Post cubrieron los disturbios. El Daily News los sacó en primera plana. En el interior del destruido Stonewall aparecieron grafittis: "They invaded our rights" (Invadieron nuestros derechos), "Support Gay Power" (Apoya el Poder Gay).

¡Unidos como nunca!

En la noche del domingo, los disturbios volvieron al Village. ¡Y fueron peores! De hablar a través de la mirilla de un bar, para que los dejaran entrar, estaban en las calles quemando latones de basura. ¡Unidos como nunca! Cuando los policías capturaban a un marica, la masa acudía a pedradas, para rescatarlo. El poeta Allen Ginsberg, que vivía en la calle Christopher, exclamó: "¡Poder gay! ¿No es fantástico?". Pero siglos de homofobia no se borran fácilmente. Los pastores del odio continuaron despotricando desde sus templos: "Si un hombre yace con hombres como con mujer, ambos cometen abominación" (Levítico, Biblia del Rey Jaime). ¡Pero ya no había marcha atrás! La carta constitucional de la Alianza Gay, comenzaba diciendo: "¡Exigimos nuestra dignidad y valor como seres humanos!"

Seis meses después de los disturbios de Stonewall, activistas del Village distribuyeron en la ciudad un periódico llamado Gay. Otros dos periódicos de tema homosexual nacieron en un período de seis semanas: Come Out y Gay Power. Las puertas del closet se abrían luego de miles de años de represión religiosa y social. Se organizaron bailes para parejas del mismo sexo. El primer aniversario de los disturbios de Stonewall, el 28 de junio de 1970, se celebró con una reunión masiva en Christopher Street y con la primera marcha del Orgullo Gay, que recorrió 51 manzanas newyorkinas, hasta el Parque Central.

Triunfo de la democracia

Ahora, Nueva York se convierte en el sexto estado de la Unión americana en reconocer el matrimonio del mismo sexo. Los otros son Iowa, New Hampshire, Massachusetts, Connecticut, Vermont y el Distrito de Columbia. Pedro Luis Serrano, portavoz de LGBT destacó la aprobación de la Ley de Igualdad de Matrimonio: "Esta victoria es de todos los que vivimos en este estado, gays o no, ¡es el triunfo de la libertad y la justicia!".

El primer país del mundo en aprobar los matrimonios homosexuales fue Holanda, en 2001. Lo siguieron Bélgica (2003), España (2005), Canadá (2005), Sudáfrica (2006), Noruega (2009), Suecia (2009), Portugal (2010), Islandia (2010) y Argentina (2010). En México existe, desde 2006, la Ley de Sociedad de Convivencia. En Estados Unidos, el Tribunal Supremo derogó las leyes de sodomía en 2003, pero en los territorios rurales, donde se encuentran extremistas religiosos y grupos ultraconservadores, la homofobia continúa, lo que hace que muchos homosexuales emigren a Nueva York, San Francisco y otras grandes ciudades.

En los países donde rige la Sharia o Ley Islámica, los actos homosexuales son condenados a muerte, porque Mahoma dijo en el Corán:  "Ningún hombre debe mirar a las partes privadas de otro hombre y dos hombres no deben dormir bajo una misma manta". De las naciones de mayoría musulmana solo Turquía (por sus aspiraciones europeas) ha despenalizado la homosexualidad. La visita del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, a la Universidad de Columbia, en Nueva York (2010), provocó encendidas burlas entre el alumnado cuando dijo que en Irán no tenían esos "fenómenos", que maricones y lesbianas eran un vicio del capitalismo. ¿A quiénes ahorcan entonces?

La cara oculta de Mariela

En Cuba, debemos distinguir entre la homofobia social y la oficial implantada por la revolución. Entre la madre campesina que desbarraba en 1950 ("prefiero un hijo muerto que maricón") y la homofobia oficial,  implementada el 13 de marzo de 1963, cuando Fidel Castro arengó a los estudiantes en la escalinata de la Universidad de La Habana: "Esos pepillos que andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos, han llevado su libertinaje a extremos de ir a sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides... Que no confundan la ecuanimidad de la revolución con debilidades de la revolución. La sociedad socialista no puede permitir ese tipo de degeneraciones". ­­ Y sentenció el Comandante en Jefe: "Observé siempre una cosa, que el campo no daba ese subproducto".

De ese monstruoso razonamiento surgirían, en 1965, los campos de trabajo forzado de las UMAP. Por casi medio siglo, el régimen reprimió a los homosexuales, los expulsó de las universidades, del teatro, la radio y la televisión, los repudió para que se fueran del país: "¡Los maricones que se vayan!", durante el éxodo del Mariel.

Pero el régimen aprendió que cortar caña doce horas al día no curaba la homosexualidad. Aprendió que, a mayor represión, los gay, lesbianas y transexuales cubanos se volvían más difíciles de controlar. Y con el nombramiento de Mariela Castro al frente del estratégico CENESEX, su padre, el general-presidente, mató tres pájaros de un tiro: realizar una campaña contra la homofobia que brinde al mundo una imagen de cambio, de tolerancia, de apertura; ganar amigos en las organizaciones LGBT del mundo libre; aumentar el turismo gay a la Isla, ¡negocio muy rentable!, y domesticar a un grupo de transexuales, permitirles "afocar" en el portal del Cine Yara, y hasta cambiar de sexo, a cambio de defender la tiranía más antigua del mundo.

Baste saber que el espectáculo inaugural de la mariélica Jornada contra la Homofobia, en el teatro Karl Marx, comenzó con el travesti Margot convocando al público: "¡esta revolución se hace mucho más invencible si todos y todas estamos unidos!". En la gala donde quince travestis (americanísimas) imitaron a Whitney Houston, Beyonce y Rihanna, hubo un homenaje a la antiyanqui madre de Mariela, Vilma Espín. La presidenta del CENESEX concluyó: "Desterremos la homofobia. Defendamos el socialismo como paradigma emancipador del ser humano".

¿Por qué asombrarnos que estos transexuales bailaran la conga con la hija del general, por la Rampa, portando fotos de Fidel y carteles donde pedían la liberación de los cinco espías? Ellas sólo agradecen. Pero no todos los homosexuales cubanos se venden.

¿Provocación o coraje?

Activistas homesexuales cubanos independientes, que nada tienen que ver con Mariela Castro, invitan a la población a "pasear" por El Prado habanero este 28 de junio, a las 3:00 de la tarde, en homenaje a los sucesos del Stonewall. ¿Provocación? ¡Yo diría timbales! Desde el año 2007, estos valerosos representantes del Observatorio Cubano de los Derechos LGBT han hecho varias solicitudes a la Fiscalía General de la República y al Ministerio de Justicia para legalizar su movimiento. Pero dichas instituciones estatales, en franca violación de lo que establecen la Constitución de la República de Cuba y otras legislaciones cubanas, no les han respondido.

¿Está al tanto la hija del general Raúl Castro de que el Observatorio Cubano de los Derechos LGBT, presentó al Ministerio de Justicia, el pasado 31 de mayo, un conjunto de Propuestas para el respeto de la orientación sexual y la identidad de género, tendientes a modificar la discriminación en que aún viven los gays, transexuales, bisexuales y lesbianas en Cuba?

Un afiche de tres liberados leones del Prado con pelucas de colores recorre La Habana a través de teléfonos celulares, e-mails y de mano en mano, invitando a todos a pasear El Prado habanero este martes 28, a las 3:00 de la tarde. ¿Acudirá la presidenta del CENESEX a esta cita de homosexuales cubanos que no se venden?

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.