Lunes, 18 de Diciembre de 2017
15:51 CET.
Béisbol

Al borde del precipicio

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Desde hace 20 años, el béisbol cubano va marcha atrás. Los disparates a granel dictados por las autoridades deportivas han propiciado la debacle en la que hoy nos encontramos. Una de las medidas más perjudiciales se tomó en los años 90, al obligar a más de cien jugadores con desempeño notable en las temporadas nacionales a que se acogieran al retiro.

Ese retiro 'voluntario' continuó en la primera década del actual siglo. Supuestamente, se trataba de abrir paso a nuevas promesas. Y es que en Cuba, país en el que la clase dirigente es cada vez más anciana, suele verse a un pelotero de 35 años como un verdadero adefesio.

Las estadísticas en cualquier liga que se respete, sin embargo, demuestran que es precisamente a partir de los 30 años cuando un beisbolista madura y tiene un rendimiento estable.

A día de hoy, lo preocupante no es lo que estamos viendo en la actual temporada, que es horroroso, sino lo que nos depara el futuro. Si en la década del 80 el clásico nacional se catalogó con un nivel de Triple A, en este invierno sutil de 2011, la campaña nacional nos muestra números que ponen en evidencia la verdadera dimensión de la crisis.

En la llamada 'Serie de Oro', la número 50 después de que Castro tomara el poder, la ofensiva colectiva de los 16 equipos participantes es de 293. El pitcheo, por su parte, supera las cinco carreras limpias permitidas por juego, y nóminas como Metropolitanos y Las Tunas rondan las siete anotaciones por encuentro.

A este pitcheo nefasto, se le suma una defensa de campo de nivel escolar. Los guantes están descosidos. Se fildea para 972. En una liga decente, suele batearse para 260, los pitchers trabajan para un promedio de cuatro carreras limpias por partido y se fildea para unos 980. Estos números confirman que el béisbol que se juega hoy en Cuba es, verdaderamente, de manigua.

José Dariel Abreu, toletero del equipo Cienfuegos, de un metro noventa de estatura y 118 kilos de peso, con pinta de big leaguer, promedia un jonrón cada 5,75 turnos al bate. Joan Carlos Pedroso, el moreno inicialista de la novena Las Tunas que suele enviar con asiduidad la esférica a más de 500 pies, conecta un vuelacerca cada 7 turnos. ¡Ni Babe Ruth tenía tal frecuencia!

Y a pesar de ello, la catástrofe más clamorosa la representa el pitcheo. Es de risa. Se pueden contar con los dedos de las manos —y quizás sobren dedos— los lanzadores de nivel.

Como promedio, las rectas de los actuales pitchers cubanos no supera las 85 millas. El reportorio se completa con una slider mediocre. Y para de contar. A esto agréguese el descontrol alarmante. En la pelota nacional los lanzadores suelen conceder cinco bases por bola por juego.

Entonces, por supuesto, lo bateadores están de fiesta. Cuando restan 22 partidos para que concluya la etapa regular de 90 juegos, 5 novenas batean colectivamente por encima de 300, y los marcadores habituales de los encuentros rondan siempre las diez carreras. Parecen resultados de polo acuático.

Hasta ahora, la solución de los jerarcas es apostar por adiestradores japoneses que impartan cursos acelerados a los técnicos del patio.

Otro gazapo más. El béisbol nipón, de calidad indudable, poco tiene que ver con la idiosincrasia del pelotero latino. Es difícil imaginar a un pitcher cubano corriendo 30 kilómetros y lanzando 100 pelotas todos los días en su preparación, como es habitual en el béisbol asiático.

Por lo general, un lanzador de esa parte del mundo tiene una vida deportiva de siete a ocho años. El béisbol que debemos mirar está cerca. A 90 millas al norte. Con métodos científicos de entrenamiento, una vasta bibliografía técnica y un insuperable sistema de estadísticas que recoge cada acápite del juego.

Pero los hermanos Castro no quieren abrir la puerta para que jóvenes estrellas compitan en las Mayores. Mientras sigan con su política errada, los peloteros cubanos se marcharán en cualquier objeto que flote (y no tendrán derecho a volver) con el objetivo de intentar jugar en la mejor liga del planeta.

Y la afición local dejará de ir a los estadios. Preferirán ver un encuentro de fútbol europeo. Es lo que está aconteciendo.

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