poesía
Vamos a recorrer los cuartos en que anduvimos...
Magali Alabau
|Woodstock
| 29-11-2011 - 2:21 am.'La peluquería improvisada, los cepillos,/ la acetona, los algodones,/ el pelo cortado en el piso es la alfombra,/ los espejos, tú y yo.'
Vamos a recorrer los cuartos en que anduvimos
juntas
las casas,
las sombras,
la noche, el mosquitero,
los zumbidos. También la madrugada
y los patios.
Había dos patios, uno grande donde las gallinas
y las chivas y el perro caminaban,
había el cementerito verde
donde entre dos o tres matas de clavel
nacían ajos.
Había una ventana y mirábamos
y de ella el patio un tramo.
Imaginemos un autobús
solitario que nos pasea entre los cuartos.
La sala,
entramos. Se esconden las caras al vernos llegar.
El sillón dando vueltas. Nos sentamos.
Lo imaginamos de carrusel y polvo.
Abrimos la ventana y la otra ventana
y cerramos las ventanas.
Los muebles son negros.
La mesa tiene mantelitos bordados.
Observamos los muñecos,
la bailarina, el elefante,
la jirafa y los tres reyes mosqueteros.
La peluquería improvisada, los cepillos,
la acetona, los algodones,
el pelo cortado en el piso es la alfombra,
los espejos, tú y yo.
Los bombillos arriba y te digo:
no enciendas la luz, las cucarachas bailan,
los patines tirados, dos de un mismo pie.
La saleta guarda los fantasmas
que se esconden detrás del sofá y el radio callado
dice que es de noche.
No puedo seguir en este recorrido
porque no estás.
Aquí entro. Abro las dos o tres cartas
que anuncian objetos perdidos.
La llave se traba.
La puerta habla bajito. La luz apagada,
una pequeña llama.
El baño, los cigarros,
la falta de vino para recordar los pasos,
el tilo, la cama.
Quiero recordarte, pero escapas.
La noche hace acordarme
que te hubiera traído
a un país diferente. Como si la enfermedad
escapara por la ventanilla de un avión.
Se puede traer el recuerdo, dormirlo
entre los años, despertarlo
en un poema, hacerle una visita
como a un presidiario.
Siento que tenemos que hurgar
como si en la saleta hubiera un tesoro enterrado,
como si tuviéramos que escribir una pequeña historia,
hacer una islita en el patio,
estirar las ramas y vernos dos plantas
encaramándose en el aire.
La casa tiene sus limitaciones.
Es una isla. La cocina es de abuela,
el baño de todos,
el comedor de abuelo,
la sala de mi madre
y los dos cuartos nos pertenecen
y nos cortan el paso.
Caminamos como las luciérnagas,
tuertas las dos paseamos,
mirando los percheros, el almidón,
la naftalina.
La casa la hubiéramos abandonado en cualquier momento.
Se abriría la nevera,
se arrimarían las sillas,
trataríamos de recordar los almuerzos,
pero no hay vino y la memoria
permanece acorazada en el vaso de agua.
Magali Alabau nació en Cienfuegos en 1945. Sus últimos libros de poemas publicados son Hemos llegado a Ilión (Betania, Madrid, 1991), Hermana/Sister (edición bilingüe con traducción de Anne Twitty, Betania, Madrid, 1992) y Liebe (La Torre de Papel, Miami, 1993). Acaba de aparecer su libro de poemas Dos mujeres (Betania y Centro Cultural Cubano de Nueva York, Madrid, 2011).
Otros poemas suyos: La soga del ahorcado, La reina de la selva, Volver e Irme.



Comentarios
Un bello homenaje a esa memoria que permanece acorazada en el vaso de agua. Gracias a DDC por publicar este excelente poema de Magali Alabau.
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