21 de Mayo de 2012 - 06:20 pm

poesía

Suicidio I

'Le digo al café o/ a cualquier fantasma que lo sirve/ que de paso me traiga las pastillas./ Dos para despertarme.'

 

 

 

 

 

 

 

 

Nunca existirá el orden

en mi campo de oficio.

Nunca podré transformar este cuarto

en algo iluminado y nítido.

Estos pisos me han visto

esperanzada,

han seguido mi historia,

se han dejado tocar por

mis caricias.

Sin embargo, ahora,

están en plena guerra.

Me hacen jugarretas y conspiran.

Dejan nacer las ilusiones

y al rato un tiro de escopeta,

una granada,

Ahí defecó la perra.

Ahí vomitó el gato enfermo.

La escoba resiente mi furia.

Huele mal, un tanto repugnante.

La lavo,

la aseo, la acicalo

y me topo con ese lavadero

repleto de latas de pescado,

latas de hígado,

pedazos de papel mojado corrugado

con ese criterio de las marcas en ventas.

Miro al frente:

cientos de texturas

mugrientas

a punto de insultarme.

El piso está embarrado

de salsas saboteadas.

El refrigerador es un tesoro

de paquetes que no abro.

Zanahorias verdosas,

protuberantes ojos

de papas aburridas

que miran de soslayo.

Alguna  mosca yace

dentro del congelador

muerta de frio.

 

Le digo al café o

a cualquier fantasma que lo sirve

que de paso me traiga las pastillas.

Dos para despertarme.

No confío en este yo de casa,

este yo de limpiezas diarias,

de esfuerzos sin cadencias,

omnívoro.

Tomo pausas,

me adapto a las nuevas circunstancias,

sostengo mis libros sobre el pecho,

mientras limpio los miro,

la ilusión de leerlos,

desencanto diario

de unas pocas páginas cansadas.

Estoy en Elabuga

comienzo por el final, despego.

Estudio todos los ángulos

varios puntos de vista
y me entra esta vivencia

de que he estado en esa habitación

con la gran poeta Marina Tsvetáieva.

Prepara la soga y el anzuelo

como si estuviera remendando

calzones a su hijo.

Está ya del otro lado.

Ha escrito el último capítulo

y se encuentra

con el papel en blanco.

Una tarea más.

Quizás no sea hoy,

quizás su taza aun no se ha llenado.

La veo en la desnudez de los destinatarios,

en el silencio rondando su estatura

pensando qué banquillo usar

para patear el aire

y quedar como ropa ultrajada

añeja,  descolorida.

 

 

Noviembre de 2011

 


Magali Alabau nació en Cienfuegos en 1945. Su último libro publicado es Dos mujeres (Betania y Centro Cultural Cubano de Nueva York, Madrid, 2011).

Otros poemas suyos: Vamos a recorrer los cuartos en que anduvimos..., La soga del ahorcado, La reina de la selva y Volver.

Comentarios

Imagen de Dovalpage

¡Excelente poemas, como todos los de La Maga! Los poemas bien escritos, por más que traten temas de la vida triste, te levantan el ánimo.  

Imagen de Anónimo

Excelente poema. Felicidades a su autora y gracias a DDC por publicar tan buenos textos.

Imagen de Anónimo

Un gran poema de lo cotidiano universalizado, una gran poeta.

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