21 de Mayo de 2012 - 06:20 pm

La semana en una imagen

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La semana en una imagen cumple hoy un año. De modo que, tal cual fue pactado con Diario de Cuba, esta sección concluye su ciclo. Ha sido estimulante, cada viernes, abordar aquí la riqueza o incertidumbre de la, así llamada, Era de la imagen. Explorar la conexión entre la cultura visual y la palabra escrita, o afrontar el conflicto no siempre resuelto entre ambas esferas.

Algunos consideran que en este asunto no hay nada nuevo bajo el sol; de ahí que recomienden tratar a nuestra época como cualquier otra de la historia a la hora de acometer su relación con la tecnología o las imágenes. Esta tendencia suele refugiarse en el ejemplo de la invención de la imprenta, y sugiere que estamos ante un desafío similar al lanzado por Gutenberg en el siglo XV. Es decir, "todo esto ya ha sucedido", si bien con artilugios diferentes.

Esta percepción tiene un problema y no es tecnológico, sino de sentido. Porque si bien la invención de Gutemberg perfeccionó, y fijó, el monopolio de la palabra como vehículo casi absoluto para explicar el mundo, el desplazamiento que tiene lugar en la actualidad nos sitúa ante una transformación que es, de muchas maneras, inédita en la historia de la cultura. Hoy la trasmisión de conocimiento transcurre, cada vez más, por los canales de la imagen visual. En consecuencia, como ha indicado Peter Sloterdijk, somos testigos de una interrupción en esa carta enviada por unos seres humanos a otros durante 2.500 años y que no es otra cosa que la filosofía. Para bien y para mal, los instrumentos "literarios, epistolares y humanísticos" ya no son suficientes —en algún caso ni siquiera centrales— a la hora de construir nuestras cosmovisiones.

El archivo se ha transparentando, las puertas del laboratorio se han dinamitado, los medios de comunicación se han multiplicado, las fronteras entre lo privado y lo público se han derribado. ¿Qué decir de lo que hasta hace poco compartíamos como sociedad y como arte, como literatura o política?

Si, como confirmó Cabrera Infante, la crítica de cine era "un oficio del siglo XX", entonces la crítica de las imágenes parece ser un oficio del siglo XXI. Solo que aquí es imprescindible una distinción. Ese crítico de cine del siglo pasado era, todavía, un "especialista" y su dedicación, a fin de cuentas, no dejaba de ser una elección. El "imagólogo" del presente somos todos y nuestro cometido responde, en última instancia, a una necesidad.

En el siglo XX, había todavía una escala proporcional entre el creador de imágenes y el que discernía sobre ellas. Ahora es tal la producción de imágenes visuales (las cámaras incorporadas a nuestras vidas han convertido lo que antes era una profesión en una especie de extensión "corporal"), que su crítica deviene en algo, por así decirlo, fisiológico. Cada día, a cada hora, estamos obligados a digerir y evacuar esa avalancha; una función que, por otra parte, ha dejado de ser un asunto exclusivo de los sabios de la tribu.

Pensar en voz alta sobre todo esto es lo que le ha dado sentido a esta columna de los viernes. Pero todo acaba y un año es suficiente. Espero que no sea más que una tregua, así que me gustaría despedirme a lo MacArthur con un "¡Volveré!". Ha sido un placer.

 


En la imagen: Mirar Ver Percibir de Antoni Muntadas, 2009.

Comentarios

Imagen de Violincelo

Fue un lujo esta columna, más aún en medio del degradado tema cubano. COmo dice alguien antes, no pierda el camino virtual hasta este Diario.

Imagen de Anónimo

Espero que no se vaya, y que regrese con una columna.

Imagen de Anónimo

El placer ha sido de nosotros, los lectores. No pierda el camino hasta Diario de Cuba, maestro.

Gracias.

Imagen de Un lector

Placer mutuo.

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