poesía
Intermezzo (De 'Contratiempo de Jrest')
Edgardo Dobry
|Barcelona
| 03-02-2012 - 5:20 pm.'Entra en la verdulería del pueblo/ e imagina/ cada fruta en su árbol —entra—,/ cada árbol en su huerta,/ imagina la savia volviéndose/ jugo justo...'
Y así la flor vencida por su perfume propio.
Deja sobre el alféizar deja
un vaso de agua hasta que empiece
a crear vida (te gusta
la palabra alféizar, ¿verdad?
reboza de árabe almíbar,
lástima que cuelgue de algo
triste como una ventana):
se aja así lo visto en la cabeza,
atardecer de amaranto mortecino,
burbuja grave en un bidón inverso
—no llores, niña, el sol agonizante,
mañana mientras duermas
estará saliendo a tu espalda
a secar con su trapo la oscuridad
de los rincones—, la banda de la fiesta popular,
los colores del campo antes del trueno
y los tumultos después,
alondra de la siesta, ruiseñor
del deseo de dormir,
zorzal y benteveo,
al crepúsculo se queda sin petróleo
la antorcha de Febo y humea por la mecha:
en esa lija se pule, aflige,
el himno o la elegía, cuál,
¡los dos!, ¡a la vencida flor!
(signos de admiración son postes
de tender la ausencia
de celebración, de lamento,
de lamento de la ausencia
de una cualquiera celebración).
Entra en la verdulería del pueblo
e imagina
cada fruta en su árbol —entra—,
cada árbol en su huerta,
imagina la savia volviéndose
jugo justo cuando el jugo se va
haciendo negra sangre, espesa,
lenta sangre. No una rotación,
un malentendido interminante
que se riza, el sonido llega
que la imagen antes: no lo descifra
el filósofo alemán
con su bonete de dormir
—qué ciudad tan mónada, habría
dicho, qué algarabía
de bocinas— ni el senador
que sisa el triple de su sueldo
ni —marioneta angulada en su catéter—
el cirujano que olvidó
un post-it en tu píloro ("¡cosir això!")
ni el maestro que hemistiquios
en toda asimetría superpone,
come su pasta de anapesto
y con papel carbónico hace el lecho.
Ah la flor vencida, la fruta
lironda, el tráfico y la serpentina
roja de los faros
en la noche oscura del viaducto,
ese retrato a contraluz retocado
sin tocar —amasada fortuna o
saqueo de fortín—
te pide y te despide,
opaco perfil sin rasgos,
dados de marfil, figuras
de pórfido, fichas de madreperla
frágiles como grafito,
clase de geometría axial:
la ansiedad es vertical,
la pereza horizontal,
la fobia radial,
la espiral melancolía glacé,
el llanto en la madera del taladro,
sirena aserrada o de aserrín…
Edgardo Dobry nació en Rosario, Argentina, en 1962. Sus libros de poemas más recientes son El lago de los botes (Lumen, Barcelona, 2005), Cosas (Lumen, Barcelona, 2008) y la antología Pizza Margarita (Mangos de Hacha, Ciudad de México, 2011). Ha traducido a Giorgio Agamben, Roberto Calasso y Sandro Penna. Este poema pertenece a un libro inédito.
Otros poemas suyos: De 'Cosas', En el cielo, Retentiva y Los perros de la Luna.



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bello.
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