21 de Mayo de 2012 - 06:20 pm

Crítica

Alejandro Fonseca entre el tiempo y el espacio

Una antología recoge más de veinte años de poemas suyos.

Una selección de poesía, al igual que una antología personal, presupone el arribo de un momento cumbre en la vida de un poeta. Pero no por la cantidad de lo producido en materia literaria, sino porque al aunar sus poemas el lector será capaz de reconocer los rasgos de una escritura, es decir, un corpus que ya ha podido alcanzar su propia identidad y cuya correspondiente excelsitud le otorga el nombramiento de obra.

De un tiempo deslumbrado, selección de poesía (1986-2009) de Alejandro Fonseca (Holguín, 1954), ejemplifica lo antes mencionado. Nos encontramos ante una poética de considerable consistencia formal, con un patrón estilístico y un tono apenas invariable, los cuales engarzan muy bien con los temas abordados y le imprimen un sello a su voz.

El conflicto sujeto–realidad, presente en casi todos los poemas de este libro, queda resuelto por el despliegue de un lenguaje que trasluce la disección del espacio existencial del poeta, pero que sutilmente solo muestra sus bordes, tal como si fuera una mueca o una insinuación. Este sesgo le permite atravesar el terreno pantanoso de una realidad, en este caso la cubana —llámese Cuba o Miami— sin hacerla manifiesta, y que, sin embargo, puede ser atrapada a través de una rendija, por donde se asoma la mirada poética, para situarnos en otra realidad, claro está, más trascendente: "Solo el tiempo te asedia/ y poco a poco en tu cuerpo aparecen signos, temores,/ y se hace más grande, más terrible como un lugar prohibido, el recuerdo".

Esta selección reúne poemas de sus seis libros que han alcanzado la imprenta, de los cuales cuatro fueron escritos y publicados en Cuba. Al leer sus primeras entregas, dadas a conocer en varias publicaciones a principio de la década de los 80, constatamos los trazos de una poética que mira la realidad desde una óptica individualista y crítica, por lo que se  aparta del triunfalismo y el tono laudatorio que no escaseó en la poesía cubana durante las décadas del 60 y 70. No obstante, en los poemas de Fonseca la realidad no aspira a ser mero retrato, sino que se amalgama con el tropo poético para dejarse ver de una forma difusa. En su poema "De los sueños", leemos: "En la madrugada confluyen laberintos/ se siente como si detrás de la puerta alguien eterno escuchara mi silencio./ Mañana será un país de incertidumbre/ que con torpeza escogieron los ancestros".

La obra poética de Alejandro Fonseca constituye toda una indagación sobre la condición humana, aun cuando está enmarcada en esas dos provincias del universo que son Holguín y Miami. Apelando al lugar común: la naturaleza humana es la misma en cualquier lugar del mundo. Si la impronta de Eliseo Diego está presente en este libro, la misma se reduce al tratamiento de ciertos temas como el paisaje, las costumbres y la familia. A diferencia del poeta origenista,  Fonseca  no puede conciliarse con su medio. Desde  muy temprano lo asalta la duda, que lo induce a decir: "Creí ser el huésped seguro del paisaje…/ Y me rodean de lobos que ensayan un mismo discurso". Su voz está signada por esa mácula que asola al "sitio donde mejor se está", y se refugia en esas calles, montañas y litorales de su infancia, que aún lo deslumbran.

En los poemas pertenecientes a sus dos últimos libros Ínsula del cosmos y La náusea en el espejo, en los que se inscribe la experiencia del exilio o la diáspora, en la ciudad de Miami, Fonseca conduce al lector hasta las lindes de su limbo existencial. Desde ese punto extremo nos revela sus visiones más confidenciales sobre su ámbito y los seres que lo habitan. El desarraigo y la memoria se convierten en el tema axial de estos poemas. El poeta se debate entre el desasosiego de un presente que le resulta ajeno y el pasado que lleva a cuestas como Sísifo con la roca, pero al que, inevitablemente, permanece atado: "Tuve la llave de un paisaje y sus natalicios/ Los espejos captan el espionaje de mi rostro/ Pero soy el que siempre regresa tanteando con furor el borde de una isla".

El dilema que acecha a Fonseca está simbolizado por dos palabras: archivo y espejo. Es decir, pasado y presente, anverso y reverso de una moneda que, como elementos de contraposición, se repelen y convergen a la vez, trazando un mapa independiente donde se ubica la geografía existencial del poeta. En efecto, Fonseca toma distancia y opta por el papel de ente pasivo de su medio, posición privilegiada que le permite ser un observador de lente agudo, para así darnos un testimonio desprovisto de toda tendencia épica, cuyo único compromiso son los dictados de su voz.

Como toda selección poética, ésta es un muestrario de la evolución de su hacedor; para bien suyo, in crescendo, a diferencia de otros poetas que se han malogrado con el tiempo. A medida que nos adentramos en las páginas de este libro, encontramos versos más depurados, despojados de innecesarias adjetivaciones; el ritmo se torna más pulsante y el léxico resulta más acerado al intensificarse el conflicto entre el poeta y su medio.

Al igual que a Heberto Padilla, a Fonseca el tiempo (deslumbrado) le negó el peso de su luz, esa aurea aetas que tanto nos pertenece, tal como enuncia al final de su poema "Ciudad con nosotros". Ah, otro poeta que se autoexpulsa del juego (peligroso) de la historia. Desde la orilla que lo vio nacer, presagia: "Y me inquieta la otra orilla desconocida…". Y bajo la certeza y los designios emprende el viaje hacia la otra orilla, acaso para convenir con la sentencia de Cavafis: "No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares. La ciudad te seguirá".

A la manera del antihéroe existencialista, el atisbo hiperconsciente con que este poeta discurre la realidad lo lleva a ver "la náusea en el espejo". De hecho, advierto que éste es un libro no apto para los que buscan asirse a un credo, ni mucho menos a complacencias multitudinarias. Más allá de agendas y posturas políticas, Fonseca, con una visión determinista, llega a la conclusión de que el exilio es una condición de la existencia, ya sea fuera o dentro del territorio natal.

De un tiempo deslumbrado constituye en sí mismo el tiempo sin horas y el espacio sin fronteras: la ínsula que ocupa la atemporalidad del cosmos. De esta forma, Alejandro Fonseca desecha todos los dioses; aunque solo le queda un credo para hacer de su bitácora un acto de confirmación poética: la palabra y su posible patente de belleza.

 

 


Alejandro Fonseca, De un tiempo deslumbrado (Silueta, Miami, 2011).

Comentarios

Imagen de Anónimo

Muy buena reseña de lo que sin duda debe ser un buen libro.

Imagen de Pedro Pablo "el jabao"

"Alejandro Fonseca es una de las mejores voces de la poesía holguinera"

Dejen ya de decirle provinciano al poeta. Alex de destaco en la poesia de su provincia y ha triunfado tambien en este pueblo. Es uno de los mejores poetas de Miami.

Imagen de otro poeta holguinero

Alejandro Fonseca es una de las mejores voces de la poesía holguinera y de su generación, la de los años 70, aunque se le permitiera publicar una década más tarde.

Felicidades por tu libro, que espero me regales.

Imagen de de un habanero

Felicidades a los dos.  Muy buen libro de poemas Alex, y excelente reseña Gálvez.  

Imagen de Anónimo

 "Pero soy el que siempre regresa tanteando con furor el borde de una isla"

 Francesco Schettino?

Imagen de De otro holguinero

Sapos y cocodrilos,

comejenes y alcahuetas:

Dejen a Alex tranquilo,

y a Joaquín, ser poeta.

Imagen de Luis

Muy buena reseña Joaquín, felicidades a Fonseca por su libro. 

Imagen de requisito

Gracias Joaquin por darme a conocer a este autor.  Me gusta lo que has escrito.

Imagen de Marianela Cardoso

Este poeta no tiene suerte con la crítica. Cada vez que tratan de elogiarlo, a uno le queda la impresión que lo han denigrado. Hace poco lo menos que le dijeron fue provinciano. Ahora este “socio” le atribuye “una poética de considerable consistencia formal”, pero de “un tono apenas invariable”, “un lenguaje que trasluce la disección del espacio existencial del poeta, pero que sutilmente solo muestra sus bordes, tal como si fuera una mueca o una insinuación”. Pero eso no es poco, elogia su “poética que mira la realidad desde una óptica individualista”.

Más adelante remarca su supuesto provincianismo cuando afirma que su obra “está enmarcada en esas dos provincias del universo que son Holguín y Miami”. Podría seguir pero mejor les dejo un comprimido de sus “elogios”:

·        “Su voz está signada por esa mácula que asola al "sitio donde mejor se está", y se refugia en esas calles, montañas y litorales de su infancia, que aún lo deslumbran”

·        “conduce al lector hasta las lindes de su limbo existencial”

·        “nos revela sus visiones más confidenciales sobre su ámbito y los seres que lo habitan” (¿lo tilda de chismoso?)

·        “El desarraigo y la memoria se convierten en el tema axial de estos poemas”

·        “El poeta se debate entre el desasosiego de un presente que le resulta ajeno y el pasado que lleva a cuestas como Sísifo con la roca, pero al que, inevitablemente, permanece atado”

·        “toma distancia y opta por el papel de ente pasivo de su medio” (¿pasivo?)

·        “le permite ser un observador de lente agudo” (¿lente agudo? Yo creía que los lentes eran cóncavos o convexos)

·        “versos más depurados, despojados de innecesarias adjetivaciones”

·        “el ritmo se torna más pulsante” (¿que diablos será esto?)

·        “el léxico resulta más acerado” (¿“innecesarias adjetivaciones” decía el critico?)

·        “Ah, otro poeta que se autoexpulsa del juego (peligroso) de la historia” (¡Ahhhh!)

·        “A la manera del antihéroe existencialista”

·        “el atisbo hiperconsciente con que este poeta discurre la realidad lo lleva a ver..." (Este hombre no sabe escribir en español. Nadie “discurre la realidad”. La realidad no discurre por un acto volitivo del poeta, sino independientes de su voluntad.)

·        “éste es un libro no apto para los que buscan asirse a un credo, ni mucho menos a complacencias multitudinarias” (¿Y para que o quienes es apto, cabria preguntar?)

·        “Fonseca, con una visión determinista” (Era lo único que le faltaba decirle)

 

A este “socio”, lo prefiero de enemigo.

Enviar un comentario nuevo

CAPTCHA
Esta pregunta se hace para comprobar que es usted una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
Imagen CAPTCHA
Introduzca los caracteres que aparecen en la imagen.