21 de Mayo de 2012 - 06:20 pm

Poesía

Acerca de las cajas

'...puedo meter la tarde en una caja/ y abrirla dentro de treinta y cuatro años,/ como si terminase su condena en la cárcel...'

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                  Pero, ¡ay!, esto es, nada menos, que convertir todo

                                                                  mi pasado en piezas pequeñas que se  

                                                                  puedan meter dentro de una cajita.

                                                                                                                       Lorenzo García Vega

 

Pero si no hago otra cosa que vivir

aquí: aprendo a distinguir las cúpulas,

memorizo la historia del arte occidental y además

hago magia: puedo meter la tarde en una caja

y abrirla dentro de treinta y cuatro años,

como si terminase su condena en la cárcel. Por qué

 

esta costumbre de coleccionar tardes, por qué esta filatelia

cursi hacia lo que se escurre sin remedio. Me aseguran

que voy a vivir muchas aún mejores: intensas, soleadas,

                     (se suele hablar muy bien del sol:

                     guardaré entonces el sol en una caja)

distintas por completo de una cuenta atrás. ¿Me puedo ir olvidando

de las agendas negras?

                     (practicamente todo

                     acaba en una caja: las fotos,

                     los recibos del gas, los analgésicos,

                     los vientos de cualquier intensidad).

 

Lo que perdimos, es misión de las cajas gestionarlo:

queda a salvo lo bueno; se confina

lo que provocó el daño, y que doblen las piernas

quienes llegaron antes para que todos entren

(quizá estemos hablando

de personas). ¿Este bolso es de marca

o lo compraste en el mercadillo?

La caja que contiene los bolsos de diseño

y la que guarda los de imitación

son de verdad exactas. Qué hacemos

si el modelo impostor es igual al auténtico,

si acabamos robando circonitas

en lugar de diamantes.

 

                      (Qué susto si las cajas se abren a la vez,

                      si el muñeco de muelle nos salta hacia los ojos,

                      si se desata el viento, si nos traicionan

                      hasta las medicinas

                      caducadas.)

 

 


Mercedes Cebrián nació en Madrid en 1971. Ha publicado el libro de poemas Mercado común (Caballo de Troya, Barcelona, 2006), el libro de crónicas 13 viajes in vitro (Blur Ediciones, Madrid, 2008) y la novela La nueva taxidermia (Mondadori, Barcelona, 2011). Ha traducido al español a Georges Perec, Alan Sillitoe y Allain de Botton. Este poema, segundo de una serie, pertenece a la plaquette Sala de máquinas.
Otros poemas suyos: Poemas de la desconfianza (dos), Colegio odontológico, Población flotante y Futuro del páramo.

Comentarios

Imagen de Armando  Suárez Cobián

bello. Gracias.

Imagen de Raúl Ortega Alfonso

Excelente poema.

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