Lunes, 22 de Julio de 2019
Última actualización: 13:32 CEST
Poesía

Epístola por Luis Lorente

Albert Giacometti, 'La mano', 1947. (INEWS)

 

y las oscuras tardes me atraen cual si mi patria fuera la dilatada sombra

                                                                                                                  Martí

incipit vita nova

 

el rapaz con el morral me dijo la meiga galega hace evos en galicia

(me abracé al árbol llorando en aquel sabbat)

¿por qué me avergüenza escribir?

escribir como marcas tatuajes

paletadas eróticas

la intensidad

 

el mendigo fidelio ponce iba a casa de fina a ver su lienzo y decía como una letanía

la posteridad ah la posteridad

(un susurro una brisita fría en la noche obscura del alma)

iba a mirar el rostro ausente tras la boina

pero el rostro es más misterioso que la entraña

(afirmaba la máscara)

era un diálogo inaudito insensato

 

en la adolescencia imaginé (infusa) una teoría delirante de las fisonomías

había perdido el reino

(hansel y gretel)

¿dónde está el ánima?

¿y el hijo nonato?

mientras el otro mundo arañaba los bordes

olas como lenguas ávidas contra los acantilados

 

ah sí fidelio la intensidad

(rápida como un reflejo)

 

le ponía alfileres a los soldaditos de nieve

después los fundía

quería quitar las costras de la realidad

¿qué había en el pasillo oscuro

en casa de mi bisabuela

detrás de esa cortina oscura gruesa pastosa?

lo rugoso ¿es lo real?

 

detrás de la piel ¿estaba el reino?

lacia la piel como un espejo

lámina tela delicada

la intensidad

y arañaba lo lindo lo pulido

al fondo dentro de un caracol buscaba el bulto

el niño abandonado en la barca de los locos

 

hubo noches

sí hubo noches pánicas

(porque no ha muerto Pan)

lorenzo leía en el video que le hizo pedrito portal

como si fuera san juan de la cruz

el frailecillo incandescente

pero después se mortificaba

lo daimónico es lo ambivalente

el príncipe de dinamarca

lorenzo

o el emperador de la antártida

lo hiperbóreo

el oráculo siempre es oscuro

(la naturaleza ama esconderse)

 

detrás de las paletadas blancas

fidelio

lo omitido el reino

¿lo viscoso es lo real?

¿lo blanco es lo real?

 

el rostro en aquel sueño era bello y terrible

la belle dame sans merci

lo putrefacto

aquella noche cuando la uña

la punta del otro mundo

hincó la sabana tensa

qué deleite inenarrable

la belleza siempre fue abrumadora

había que manchar manchar manchar

como el epitafio a la celestina de quevedo

los filamentos de la medusa

lo informe

lo protoplasmático

la víspera ominosa

la inminencia del reino

ante la puerta de la ley

cubierto de nieve en el umbral

pero lo blanco que vio melville...

sí lo blanco fidelio

como en el cocito

la albinidad manchada de beatriz

viró el rostro (¿con desdén?)

la puertas del paraíso

el dante

ese gesto (último) que sorprendió el ciego lúcido

la eternidad fidelio la eternidad

la hora de la alta videncia

(que dijo fina que eludía)

noche de reyes

¿por qué la delicadeza es terrible?

el caballero turulato

dulcinea no parece

el bulto ama esconderse

en qué olvidado y fiero paraíso

fina fidelio dante beatriz

como un lienzo imposible

(arañar rasgar manchar)

las costras de la realidad

 

 

Bariloche, 18, 19, junio 2019

 


Jorge Luis Arcos nació en La Habana, en 1956. Sus últimos libros de poemas publicados son La avidez del halcón (Diputación de Cádiz, 2002), Del animal desconocido (Casa Teatro, Santo Domingo, 2002) y El libro de las conversiones imaginarias (Betania, Madrid, 2014). Este poema pertenece a un libro en preparación.