Jueves, 18 de Octubre de 2018
Última actualización: 00:04 CEST
Crítica

Gadafi visto desde el sexo

Muamar al Gadafi con su guardia personal compuesta por mujeres. (DCNEWS)

En el inventario de las atrocidades cometidas por líderes de gobiernos, ya da igual de cuál signo político, debe reservarse un espacio considerable para la actuación de Muamar el Gadafi.

Detrás de toda una envidiable labor de propaganda e imagen de servidor público, se escondió un depredador sexual amparado por todo un país sujeto a sus designios, un entramado de fuerzas sin más control que sus impulsos sexuales y el nivel de drogas en la sangre.

Todo ello sale a relucir en el libro Las cautivas. El harén oculto de Gadafi, de la periodista francesa Annick Cojean. El volumen recoge un variado testimonio de víctimas sexuales del Gadafi que se conoce gracias a la dilatada labor de la autora, quien, dentro de Libia y desde la función de corresponsal de guerra, se propone ganarse la confianza de las voces femeninas, fundamentales en la llamada revolución que socavó el Gobierno en 2011. Se recoge la tragedia, silenciada desde el poder y la idiosincrasia libia, del que fuera quizá el segmento de población más lacerado directamente por el autócrata africano.

Lograr esa empatía es uno de los mayores logros de la autora y la gradación de esa artesanía social es parte considerable del libro. Gracias a ello conocemos otras facetas ocultas del legado del coronel Gadafi, quien gobernó por décadas desangrando el país detrás de una imagen populista y a la vez contestataria hacia los poderes capitalistas de Occidente y Oriente.

Al leer el libro, y ver en las redes los últimos minutos del dictador el 20 de octubre de 2011, su final parece una respuesta vengativa de todos los testimonios referidos: en los instantes finales es atrapado, violado y empalado en una alcantarilla. En su rostro se descubre un pavor gigantesco: mira al grupo que lo somete con los mismos ojos de las cientos de jóvenes que cebaron su pretensión de gobernar desde el sexo. Su captura parece un castigo divino, no importa de cuál dios. Se le descubre el mismo desconcierto que tanto empleó para legitimarse en el poder.

El libro está estructurado en dos partes de 11 y nueve capítulos respectivamente, un prólogo, una cronología, un epílogo. La cronología posee una brevedad que acongoja cuando se termina la lectura de este libro y nos aferramos a los testimonios de vida expuestos aquí.

"En el comienzo de todo, está Soraya": con ese comienzo bíblico se nos presenta el testimonio principal. Soraya, una adolescente raptada, violada, drogada por Muamar el Gadafi. Hacemos un recorrido con la frágil muchacha desde la infancia hasta la hora que su vida cambia cuando es violada por el dignatario. Con ella vamos descubriendo una variedad de escenarios que recorre huyendo del poder.

Es una víctima del mismo apetito del sultán de Las Mil y Una Noches. Ella es el hilo que nos desbroza el camino de atrocidades y ultrajes expuestos. De cierta forma el libro es su historia, y por ello la historia de cientos de niñas que violó durante años, cada día, como un rito, el coronel Gadafi.

El método fundamental empleado para alimentar esa sed era simple: en cada recorrido escogía a sus víctimas. Muchas veces con solo un pase de mano por la cabeza, lo cual constituía una clave para el círculo íntimo. Ese círculo era un anillo integrado por lo más selecto del supuesto aparato de seguridad, compuesto por mujeres como Mabruka, otra protagonista clave de esta historia y una de las encargadas de organizar el mecanismo de depredación.

Además, la misma red se dedicaba a localizar muchachas dentro y fuera de Libia.

Por testimonios expuestos vemos desde dentro el núcleo del funcionamiento del Gobierno que es propio de los de tal estirpe: un agudo culto a la personalidad, el doble discurso como método y millones de divisas manejadas a antojo del dictador sin rendir cuenta a ningún poder. Utilizadas estas últimas para comprar favores, amortizar daños o para financiar viajes o caprichos, además de adquirir los favores sexuales de hijas o esposas de otros gobernantes.

A la par de esas similitudes con procesos dictatoriales ubicados en América, que se confirman en el libro, está la actitud similar del conjunto de actores que salen a relucir en los testimonios. La capacidad del miedo para anularles las formas de rebelión; los métodos de lavado de cerebro desde edad temprana en un sistema de enseñanza cuyas gratuidades se sufragan con la abolición de libertades; las capacidades movilizativas de amplios sectores que, hipnotizados por el discurso oficial único, ahogan los conatos de rebelión. En suma, toda una red de inmovilidad social diseñada desde el poder.

El harén oculto de Gadafi evoca el lado más oscuro de una de las sociedades que por muchos años fue idealizada por las masas, blasón del populismo árabe. La destrucción física de Libia, bajo el mando de Gadafi y después de su derrocamiento, es manifestación de un país que hacía años que estaba quebrado desde dentro. Las voces de mujeres en este libro lo confirman.


Annick Cojean, Las cautivas. El harén oculto de Gadafi (Anagrama, Barcelona, 2018).