Domingo, 21 de Octubre de 2018
Última actualización: 00:11 CEST
Poesía

Manicomio lesbiano (Apuntes)

(TKM)

                                 

                                                 Nada puede pasarnos porque no podemos chocar con nosotros mismos.

                                                                                                                                                    Unica Zürn

                                              Estoy acabada, rota, más allá de cualquier posibilidad de reparación.

                                                                                                                                                Simone Weil

                                                                                                                De lo que es el Yo, yo no sé nada.

                                                                                                                                               Antonin Artaud

 

                                         

Sala Alivonia                                                                                                                    

1

Mi amante es la arboleda María Josefa Artaud, en sus ramas cuelgo mis ojos, medito en sus muslos de doctora mientras vuela mi pensamiento en este manicomio que es el mundo.

 2

Loca de mirar los espejos y pobre de mi propia soledad, no quepo entre las flores de mi dormitorio (Schönberg).

 3

El color azul de una nube me recuerda el poder pasajero de la materia y también el cadáver que florece en la sintaxis de un poema de Trakl.

4

Escribo en el lago blanco del cielo, pero aquí arriba no hay televisión ni tampoco debajo de las uñas del cristal de mi mesa de robles.

5

Me queda grande la blusa y enorme la crueldad de la ventanas por las que a veces se asoma mi muerte.

6

A lo lejos oigo pasar un caballo por encima de los árboles. Es mi corazón que se desprendió de mis costillas.

7

Mi inocencia de amapola en verano ha muerto. Se escapó una noche de mi hilo de sangre.

 8

Ahora soy libre de mi lámpara y de mi locura de niña. Libre de mi mano y de mi boca. Libre también del gato y de la mariposa de agua que habita en mi sexo.

 9

Más lejos que un cielo de piedras veo pasar mi belleza.

10

Dormida entre las sábanas, en mis pastillas de Valium, escribo.

 

Sala Belusi                                                        

1

Mi nombre huele a veces (cuando enfermo de sombra) a un vaso de ginebra con Pristiq.

2

Soy araña de mí misma, enemiga de unos labios que pronuncian huesos.

3

Cuando baje del sol que dibujé en el techo de mi habitación, me convertiré en el número de un teléfono móvil para llamar a Dios.

4

Diré que es domingo en las axilas de un animal sin lámina.

5

Se hará mi resplandor bajo la esfera y mi viaje en avión bajo las losas sin olas del océano.

6

Espero que no venga nadie ahora a rozar con la noche mis dos puertas (selladas las dejé con mi saliva). Tejí verbos de plata con mi estambre y ningún ser humano posará su jardín.

7

Tiemblo como un insecto si se acercan las grises enfermeras de la tarde.

8

Prefiero la inyección de la poesía, la cocaína suave del invierno, el suero de la música en mi oído, la soledad abierta del alcohol.

9

En estos instantes soy dos personas que caminan por el techo de mi dormitorio.

10

Ya bajé de mis hombros a una nube.

11

Adverbialmente digo que me dejen escapar en coche del poema.

12

Desaten las manos de mis cuerdas, desanuden mis alas.

13

Ya me canso de la fórmula que escriben mis arrugas en el tiempo.

14

Abajo no es igual, pero tampoco arriba estoy a salvo de la palabra “rosa” ni del hombre que invade con anuncios la pantalla de mi ordenador (Webern).

               

Sala Cenofe

1

Mujeres de oro (digo) mujeres de bronce en el aire del bosque.

2

Las calles me miran enfermas y tiemblan de frío a través del hielo en las ventanas.

3

Las farmacias con letreros de neón invaden el puente de la noche.

4

Las avenidas inundan mi habitación con sus largos cabellos de niebla.

5

Algo parecido a un aroma metálico respiran mis orejas a flor de nieve.

6

Tal vez un cine proyecta mi juego de escribir sin lenguaje un poema en la pared del manicomio.

7

El celuloide, la cámara de verbos, desarma el diccionario encima de la mesa y me pongo a volar entre mis labios.

8

Se oyen los ascensores del lenguaje como bajan de un planeta al instrumento de mi laboratorio.

9

Se escuchan las camillas, los doctores, en un piano de letras reunirse debajo de mis manos.

10

Las palabras (como hormigas) caminan por encima de la hoja e invaden la pantalla de mi ordenador. Al final me atan, con enormes cuerdas, a un violín.

 

Sala Debules

1

Detrás de estos muros vive la palabra "desolación" con sus uñas de humo.

2

Detrás de estos muros vive también mi longitud de fresa.

3

Camino por el césped de mi imaginación y florecen los robles.

4

Me he disparado a veces en la sien contra el muro y me he visto caer como si fuera un puñado de hojas secas.

5

Mis padres, ya muertos, armaron con sus células y con sus genes, los mecanismos azules de mi sangre.

6

Soy todas las mujeres que habitan el planeta, pero también soy un hombre con pantalón de falo.

7

Si miran mi perfil no verán la imagen de una estatua ni tampoco a una diosa. Más bien me reconozco debajo de las piedras, en la luna, en un perro o entre todas las niñas que se volvieron locas de amor por convertirse una noche con sol, en suéter masculino, en guante, en cigarrillo, en orgasmo que gira como un pez bajo el charco de tela en las montañas.

8

Si adivinan mis lágrimas verán que no son perlas, ni siquiera relojes que gotean despacio la arena de mis párpados.

9

El lago que hay detrás de mis pupilas secas es de lodo, y mis labios, al abrirse se cierran, como dos girasoles que sueñan al revés.

10

Mientras sigo dormida, escribo sin cabeza un poema que empieza y termina, como un arquitecto, hablando de los muros.

 

Sala Enamol

1

La sinfonía de la muerte controla mi sangre de loca sin principio ni fin.

2

Una navaja de piedra, como un abanico de seda, recorre despacio el río de mis venas, mientras pienso en los dedos del enfermero Séneca.

3

La melodía de Schönberg me inyecta también una sustancia bajo una constelación de bellotas en forma de asteroides y de tigres blancos que invaden mi cuello.

4

De pronto las galaxias y los metales sin nombres de los soles giran en el océano de mi boca.    

5

Salto de mi universo hacia un bosque de perlas con mi vestido de desnudez y unos zapatos que me miran violetas.

6

Me suelto de una nube que posee la forma de una tumba que han cavado en el aire y caigo en la red, sin artículos, del sustantivo "suicidio".

7

Abajo está el ordenador con los robles, el valle de los signos, el pabellón de las mariposas que dibuja mi cuerpo con su lengua de lepras.

8                                          

Una jauría ladra en mi cabeza y refleja la música de una mujer enferma, como si fuera un perro o una navaja Barlow que durmiera a mis pies.

9

Mientras escribo en el ordenador estoy bailando a solas, o escuchando el gusano y la ceniza del cadáver de María Josefa Artaud dentro de mí.

10

Las cortinas de la muerte me observan y se convierten en el gas de un horno que ahora llama a mi puerta.

 


Dolan Mor nació en Pinar del Río, en 1968. Es autor de la tetralogía Maladie bleue, una colección de libros híbridos y experimentales que se inspira en la obra esencial de Lewis Carroll y en la Fuente Q de los Evangelios. Los títulos que componen Maladie bleuePoemas míos escritos por otros (volúmenes I y II), Después de Spicer (volumen III), Dolan y yo (volumen IV)— han sido publicados por la editorial española Aduana Vieja.   

Otros poemas suyos: El arte de jugar, El amante de Adenauer era matemático y padecía disfemia, Ensayo sesilu y Juan Carlos Flores me habla por teléfono.