Sábado, 21 de Julio de 2018
Última actualización: 11:25 CEST
Ensayo

Viva La Bodeguita

Estatua de Ernest Hemingway, El Floridita, La Habana. (PULQUESFINOSLAVIRTUD.BLOGSPOT)

 

Hay, leí, en El Floridita una estatua de Hemingway recostado a la barra, y eso quita espacio a los que quieran sentarse allí en día ocupado. La estatua atrae a turistas: o falta el que no cupo por la estatua o se aprietan un poco y cause rash que no se nota en el momento sino semanas luego y no podamos ya asociarlo. En esto no se piensa, los escultores menos: tuve que ir y antes de entrar noté que, justo sobre donde quedaría mi cabeza, sí era el ventilador original, no post estatua levantando dudas, pero no entré y seguí calle abajo, claro dejando no ser aquella mi razón: no soy aquel supuesto que faltó por estar el espacio la estatua ocupando, aunque sí metafórico: sigo directo a ver al escultor, voy con tanto desvelo que ni escucho cuando el guía me muestra del Caballero de París y Lennon*, la gestión de ponerlas, ambas por mismo comité, en acta consignado de desagravio el intento hacia ellos; yo, estudioso incansable del sentimiento de culpa, no quise entrevistarme con tales funcionarios: iba tan apurado buscando al escultor que cuenta no me di acabó de cruzarme la respuesta y aun ni pregunta formulaba por no haber al guía mucha atención prestado, fáciles conclusiones allí mismo obtenidas: ¿por qué quería Cuba disculparse con Hemingway?

Apenas llego el escultor rompe a llorar; sí notó que los ventiladores eran originales, aunque eso no conmovió hacia él mi duro trato: no solo olvidó el rash, que hasta él mismo tenía (desde antes de la estatua, mas yo creo en los tiempos entre sí influenciándose), sino que obvió la original pregunta. Esto hizo Cuba a Hemingway: lo amarró a un trago. Los dueños de El Floridita, La Bodeguita, empezaron a darle tragos con su nombre hasta que cada parte quedó cubierta: su tiempo dividido entre estos bares. En varios siglos seguro olvidarán a Hemingway, al Floridita, pero a La Bodeguita, que no solo no hizo la estatua, sino que, de haberla hecho, por cuestiones de espacio de inmediato que cerrar habría tenido, a esa la recordarán siempre. Pero no era esta la original pregunta.

Regresé con escultor a ver la estatua, esta vez sí entré al bar, lo que hice persignándome, dadas las complejas circunstancias, y estaba a punto de declarar la original pregunta (es difícil ahora convencer de lo contrario, dadas también las circunstancias). La circunstancia lucía enfatizada y, aprovechando inspiración divina, estudié al dueño del bar, antepasado directo del dueño cuando Hemingway, por si manifestaban percepciones similares sobre el lugar donde aquel se sentaba, pregunta original (¡finalmente!) por la que no entré al bar la vez primera y que me hizo, en fin, viajar a Cuba después de tantos años, al leer que la estatua fue colocada en "su rincón preferido". No se sentaba en el rincón, no siempre, concluí, pero la estatua en el medio robaba mucho espacio y, ay, hasta El Floridita habría tenido que cerrar, me dijo el nuevo dueño con lágrimas, por mí expuesto, pero me fui: no quise hacerle daño, tantos mitos parecidos se crean cada día y no pretendo cambiar nada, soy solo un académico con una curiosidad. Reclinado en mi oficina en Princeton pienso en una estatua gigante de Hemingway robándose El Floridita, en sus dueños cerrando y en mí nunca leyendo la noticia, pienso en La Bodeguita floreciendo por siempre, añoro el tiempo en que aún no había leido a Hemingway por todo esto que hoy me causa: ya estoy viejo.

 

 

*Particular experiencia la Avenida de los Presidentes. Recuerdo una de Allende con mano desvinculada del resto del cuerpo, otras arrancadas de las que quedaban los pies, recordatorio de un pasado quebrado y Miami esperanza al final de la calle.


Dr. Antonio Bergamín (Barcelona, 1929). Profesor Emérito de Literaturas Comparadas en Princeton University. Ha publicado más de una docena de libros, entre ellos sus conocidos: Escribiendo con fiebre: arte y enfermedad, Lo contemporáneo produce monstruos, y De Blake a Redon, arte como pérdida de realidad. Su libro Tesis rechazadas tendrá próximamente una reedición por la editorial Fondo de Cultura Económica. Su ensayo sobre el curioso escritor cubano Grotesco apareció en La Habana Elegante.