Sábado, 16 de Diciembre de 2017
20:47 CET.
Poesía

Jeff

 

And sometimes I wonder
Just for a while
Will you remember me.

 Tim Buckley, "Once I was".

 

Yo también estuve en Wolf River. Era la noche y tocábamos guitarras y bebíamos, o no bebíamos, tan solo aspirábamos polvos blancos de buena calidad y soñábamos sueños intranquilos que eran tranquilos, también de buena calidad. Noche satisfecha, completa en sí misma, la recuerdo. Bajo los fresnos verdes, al borde del río, cerca de Memphis, o eso creo. Cantábamos soñando, que es el mejor modo de cantar y aún mejor de imaginar nuestros sueños tranquilos. Y luego el rubio celebró la vida con su belleza y con su voz. Algo que hacía siempre, sin proponérselo, un atributo, uno más, el Hallelujah, aquella plegaria. Toda la tristeza quedó en el cajón de la guitarra. Nosotros, los mortales, exultantes, felices, tuvimos otra revelación, como siempre que él cantaba. No pudimos reprimir el deseo, el silencio del Wolf River, con sus aguas turbias y no tan calmas, y la noche respiraba sus aires de mayo, a punto de ser junio. Después, el rubio dijo Voy al río. Lo anunció con su belleza y con su voz, casi cantando aunque no cantara. Y yo lo seguí, porque después de todo, ¿qué otra cosa podía hacer?, ¿cómo dejar que se alejara?, ¿cómo soportar que no estuviera donde estábamos? Lo vi entrar al agua. Keith recordó luego que lo vio entrar vestido. Yo, en cambio, sé que iba desnudo. Lo vi entrar desnudo al río borroso, en lo que constituyó otro modo de plegaria. Tuve que seguirlo, nadar a su lado. A pesar de que estábamos en primavera, estaban heladas, como era de esperar, las aguas confusas del Wolf River. Y nadamos y reímos y cantamos. Hay siempre incertidumbre a la hora de cantar en las aguas de un río turbio. En ese caso, el sueño se prolongaba más allá de sus propios límites. Ya no estábamos cerca de Memphis, de ninguna ciudad, y sabíamos del terco sobrevuelo de un águila pescadora. Descansábamos sobre las aguas detenidas del río que es el mismo río, que será siempre el mismo río, el Wolf River, donde dicen que nos perdimos, cuando en verdad él cantó Hallelujah como nunca, y allí nos quedamos serenos y encontrados y fijos para siempre. Y después, soportar que vengan los siempresabios a decirme, que repitan con sus voces de aguafiestas, Ah, tú qué sabes, pobre diablo, no inventes historias ni te hagas ilusiones: ni estuviste allí ni es posible la dicha.

 


Abilio Estévez nació en La Habana en 1964. Sus últimos libros publicados son las novelas El año del calipso (Tusquets, Barcelona, 2012) y Archipiélagos (Tusquets, Barcelona, 2015), y el volumen de ensayos Tan delicioso peligro. (Consideraciones sobre literatura y tiempos difíciles) (Folium, San Juan, Puerto Rico, 2016). Su libro de poemas Manual de tentaciones recibió el Premio Luis Cernuda, en Sevilla, en 1986.

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