Domingo, 28 de Mayo de 2017
15:22 CEST.
Crítica

Reír con 'La familia real cubana'

Con la aparición de La familia real cubana, Víctor Manuel Domínguez García se afianza como uno de los mejores y más divertidos cronistas sociales de hoy en nuestro país. Maestro de la intriga, la polisemia y la intencionalidad, se mueve entre Cervantes y Rabelais y su desparpajo es tan serio y certero como el de Don Quijote de la Mancha o Gargantúa y Pantagruel. Desde luego, sus fabulaciones no tienen nada que ver con los escarceos de la vieja Europa medieval, pero Domínguez García nos hace soltar una carcajada, no solamente de humor, sino, hasta cierto punto de dolor, al desnudar en medio de la nada la totalidad indefinida de nuestras miserias o de nuestra realidad cómplice, que nos convierten en zombis del destino.

Ya en "Revolución a la carta" y "Operación Caldosa", donde el formidable de Nefasto busca un pase hacia la estrellas, todo parece ser bromas, choteos, chistes, fabulaciones insidiosas, o ataques a mansalva hacia todas las direcciones. Pero si penetramos en la intríngulis del asunto, podremos percatarnos inmediatamente de hacia dónde van los atinados juicios de este nuevo Fray Candil cubano.

En las 339 páginas divididas en cuatro partes: crónicas, entrevistas, epistolario y cultura, se respira el dulce olor a la guayaba, de la guayaba cubana en su más esplendida madurez. La familia real cubana cuenta, con lujo de detalles, y de forma amena y jocosa, todo lo que sucede en la sociedad cubana de estos tiempos. Aquí no se salva nadie, no importa su condición económica, política o social; su autor se ríe de todos y a su vez, nos hace reír a todos,  echándose y echándonos en cara nuestras miserias. Y digo miserias, porque lo que hace Víctor Manuel Domínguez es desnudar a plena luz del día, las feas debilidades y flaquezas humanas en las que estamos atrapados, intentando aparentar lo que no somos, ofreciendo lo que no damos, o mintiendo descaradamente por tal de mantenernos en el poder o en cualquier posición que nos parezca cómoda.

Nefasto, el valiente relator de estas escenas, no es un delator, es un informador, alguien que sabe cómo y dónde están las cosas, de ahí que, cada suceso que ocurre en el país, es fotografiado por él con el lente de su poderosa imaginación.

A Nefasto hay que agradecerle que los sitios más recónditos de la Isla, allí donde no hay luz eléctrica y aún no ha llegado el teléfono y la televisión, a esos puntos a los que nadie va más que en informes, como Guamuta, Cógeme-ahí-a-ese-cabrón, Remangua, Candonga, Niguabo, El Mate, Yarayabo y Chivirico, ya estén en boca de medio mundo. Las cartas de Nefasto son quizás uno de los más deliciosos epistolarios que se pueden leer en estos tiempos, cuando internet ha pasado a capitanear, con sus mensajes, el tema de la comunicación interpersonal.

Me imagino ver al mismísimo Gabriel García Márquez desternillándose de la risa si hubiera leído la parodia que Nefasto le hace a su Macondo, al presentarnos a "Isabel esperando que llueva en Chivirico". En nada de esto hay ofensas, sino defensa de lo nuestro, de esas cosas que nos duelen y en las que, los que tienen la responsabilidad para con los de allí, cuando se les critica, salen como un avispero a masacrarte, porque según ellos, estás atacando a la revolución.

Víctor Manuel Domínguez es un cronista, no un burlador. Sus crónicas, por más ácidas que parezcan, no buscan ni tienen otra finalidad, más allá que la de hacernos reír, y si es posible, invitarnos a reflexionar, o alertarnos de algunas infamias que cometemos, hijas de nuestra ignorancia y falta de tino al proceder y pronunciarnos.

Quizás, si Pánfilo, el comediante, leyera las crónicas de Nefasto las asumiría como suyas y dejaría de "Vivir del cuento"; porque en la vida real nadie vive eso, y el que se lo proponga, por muy Pánfilo que sea perece en el intento.

Recuerdo los libros humorísticos de Enrique Núñez Rodríguez o de Héctor Zumbado, pero aquellos, si se quiere, eran algo más simplones. En cambio, Víctor desnuda la sociedad cubana actual, hace un ejercicio de sociología en el que todos y cada uno de los actores y sectores de la sociedad son abordados, a veces con mesura, otras  desmesuradamente, de acuerdo al episodio que se esté viviendo en ese instante.

Leer y reír, pensar y analizar La familia real cubana, es vivir, desde una especie de divertimento, la tragedia o el desatino en el que están sumergidos los pobladores de nuestro amado archipiélago.

Más de 300 páginas de humor, color, sabor y crítica, porque en algunos casos siempre es bueno que alguien nos despierte para espantar las pesadillas.


Víctor Manuel Domínguez García, La familia real cubana (Neo Club Ediciones, Miami, 2016).

Comentarios [ 6 ]

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Este Sr de nombre impronunciable q dice ser critico y analista político no escribe más q porqueria en su blog y su único empeño es el de denigrar de Yoani Sánchez, parece q le pica no llegarle ni a los tobillos de esta o le pagan muy bien su tarea asignada... Vergüenza de persona este Sr...

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Sí, sí, mucho cuidado con el tal Ogsmande. Echen un vistazo a su blog y se darán cuenta enseguida "de que pata cojea". En el mejor de los casos, se puede pensar que es un oportunista. En el peor de los casos... ya ustedes saben.

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Cuidado con este autor,  Ogsmande Lescayllers, que se defiende a los castristas a capa y espada y gusta de llamar "presidente" a Raul Castro, y "legislador" a Esteban Lazo 

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A reir con este fulano , a bailar con Buena Fe, a aprender con Taladrid, son los nuevos tiempos, el desparpajo, y si te queda energia , a chancletear con Mariela Castro y su comprarsa " amiguitos de la UMAP" rampa arriba y rampa abajo.

el peo anonimo

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¿Este señor Ogsmande Lescayllers es el mismo que en su blog tiene publicados varios artículos alabando al gobierno cubano, y denigrando y llamando basura a figuras como Yoani Sánchez? Si es así, sorprende mucho que un medio como Diario de Cuba le de voz a este señor, por más que se invoque la libertad de expresión.