Sábado, 3 de Diciembre de 2016
13:47 CET.
Poesía

Apitchatpong Weerasethakul

 

Muchachos cayendo, suaves y borrachos...
Que sus sonrisas en CinemaScope
cubran la tela de témpera y sentimiento.
Que el cine sea Bangkok a gogó,
pero ambientado en una comuna gay, con
sombreritos de paja y dientes perfectos.
Y a cada mirada, ¡un golpe de xilófono!
Sentados sobre cajas de frutas. Un drama
dentro de un hospital público, donde
la hermana de una empleada, o su fantasma,
carga una sonda. La doctora camboyana
explica en idioma jemer la aspirina.
En la ventana, un mono de pupilas rojas
dice que él es el Homo Photographicus,
que el cine lo volvió un fantasma,
que ahora malvive en la oscuridad del
parque primordial, entre lunetas,
el Waldweben, en la antigua floresta
de las salas donde se proyecta un hilo de luz
en la corriente fría como el agua
de un lago de plata, en la superficie,
donde se baña desnuda la reina de Malaca
rejuvenecida por el misterio de la cámara,
esa carpa plateada, la celadora de las joyas
que refulgen en el fondo, del Roxy,
del Rex, del Paramount, preñada
de espuma y risas y bromas pesadas,
reducida ahora a mera asalariada
del Tío Boonmee agonizante en su
granja de almendros, donde el Buda
copula con la digitalizada princesa Suriyothai.

 


Néstor Díaz de Villegas nació en Cumanayagua, en 1956. Sus últimos libros de poemas publicados son Che en Miami (Aduana Vieja, Valencia, 2012) y Palavras à tribo/Palabras a la tribu (Lumme Editor, Sao Paulo, 2014), al cual pertenece este poema.

Otros poemas suyos: El hombre que vendió el tiempo, Tohu va bohu, Naturaleza muerta con caldera de hierro y A media asta.