Sábado, 3 de Diciembre de 2016
01:52 CET.
Poesía

'Otoño' de Roy Campbell

 

Me encanta ver, cuando las hojas parten,
llegar al fin la clara anatomía:
el blanco invierno, parangón del arte
que mata toda forma de vida y sentimiento
menos lo puro, que tendrá su día.

En este instante, ahora, las cadenas
de los gansos se uncen a la luna
y el plátano la luz del sol no frena
y los pinos oscuros, sus púas exhibiendo,
se abren al mediodía y sus agujas.

Como canos atletas, los olivos
blanquean cuando el viento los azota,
y de la viña los ramajes vivos
llenan nuestras tinajas; cada gota
–dorado aceite, roja espuma ardiendo–
detiene el tiempo de los días estivos.

Va a deshacerse la podrida rama
al fuego del hogar, vivificado
y, color de rubí, jadeante llama,
se teñirán de carmesí tus dedos
a contraluz del vaso iluminado.

 

 

Autumn

I love to see, when leaves depart,
The clear anatomy arrive,
Winter, the paragon of art,
That kills all forms of life and feeling
Save what is pure and will survive.

Already now the clanging chains
Of geese are harnessed to the moon:
Stripped are the great sun-clouding planes:
And the dark pines, their own revealing,
Let in the needles of the noon.

Strained by the gale the olives whiten
Like hoary wrestlers bent with toil
And, with the vines, their branches lighten
To brim our vats where summer lingers
In the red froth of sun-gold oil.

Soon on our hearth’s reviving pyre
Their rotted stems will crumble up;
And like a ruby, panting fire,
The grape will redden on your fingers
Through the lit crystal of the cup.

 


Roy Campbell (Durban, Natal,1901-Setúbal, Portugal, 1957). El polémico y prolífico poeta sudafricano, cuya aparición en las letras inglesas saludaron con entusiasmo Arnold Bennett y Edith Sitwell, supo unir en su obra, reflejo de una agresiva y vehemente personalidad, la fiereza del hombre de acción y la maestría del hombre de letras. Fue torero y rejoneador en Provenza. Autobiográfico en Adamastor (1930), satírico en La Georgíada (1931) y combativo en Rifle floreciente (1936), tradujo brillantemente al inglés a San Juan de la Cruz (versión muy celebrada por Borges y probablemente nunca superada), a Baudelaire y a García Lorca. Viajando por España con su familia, le sorprendió el estallido de la Guerra Civil. La violencia perpetrada por algunos soldados republicanos contra iglesias y religiosos le hizo volverse contra ellos y combatirlos ferozmente de obra y de palabra. Esa actitud le ha enajenado hasta hoy muchas simpatías literarias pese a la innegable calidad de su escritura lírica. A su muerte en un accidente de automóvil en Portugal, Richard Aldington le escribió a Lawrence Durrell, citando la elegía de Shelley por el temprano fin de John Keats: "Adonais ha muerto".

Esta traducción y el poema original aparecen en Pronunciamientos (Vaso Roto, México), poemas de varios poetas traducidos del inglés por Vicente Echerri y Manuel J. Santayana.