Martes, 17 de Enero de 2017
11:19 CET.
Poesía

'Invitación a la Srta. Marianne Moore' de Elizabeth Bishop

 

Desde Brooklyn, sobre el puente de Brooklyn, esta hermosa mañana,
    por favor, ven volando.
En una nube de blancos e inflamables vapores,
    por favor, ven volando,
al rápido redoble de millares de tambores azules diminutos
que descienden desde el cielo empedrado
sobre la relumbrante tribuna de las aguas del puerto,
    por favor, ven volando.

Sopla el viento en silbatos, gallardetes y humo. Los barcos
saludan cordialmente con múltiples banderas
que se alzan y descienden como pájaros por sobre todo el puerto.
Decídete: dos ríos llevan con gracia
incontables medusillas translúcidas
en adornos de cristal tallado que arrastran con cadenas de plata.
El vuelo es seguro, el clima está perfectamente controlado.
Las olas se deslizan como versos esta hermosa mañana.
    Por favor, ven volando.

Ven con la fina puntera de los zapatos negros
que dejan un destello de zafiro,
con una capa negra llena de alas de mariposas y agudezas,
con sabe Dios cuántos ángeles montados
en la ancha ala negra de tu sombrero,
    por favor, ven volando.

Portando un inaudible ábaco musical,
un ceño ligeramente crítico y galones azules,
    por favor, ven volando.
Sucesos y rascacielos se reflejan en la marea; Manhattan
está toda inundada de principios morales esta hermosa mañana,
    ven, por favor, volando.

Remontando el cielo con innato heroísmo,
sobre los accidentes, sobre las películas malvadas,
los taxis y las sobradas injusticias,
mientras resuenan las bocinas en tus lindas orejas
que simultáneamente escuchan
una música suave e inédita, adecuada para el ciervo almizclero,
    por favor, ven volando.

Para quien los adustos museos funcionarán
como gentiles aves del paraíso,
por quien esperan los amables leones
a la entrada de la Biblioteca Pública,
prestos a levantarse y a seguirte, a través de las puertas,
hasta la salas de lectura,
    por favor, ven volando.

Podemos sentarnos y llorar; podemos ir de compras
o jugar al pasatiempo de estar constantemente equivocadas
con un inestimable juego de palabras,
o podemos heroicamente lamentarnos, pero por favor,
    por favor, ven volando.

Con dinastías de construcciones negativas
que se oscurecen y mueren en tu entorno,
con una gramática que de repente gira y resplandece
como bandadas de lavanderas en el cielo,
    por favor, ven volando.

Ven como un destello en el blanco cielo empedrado,
ven como un cometa en pleno día
con una transparente cola de palabras,
desde Brooklyn, sobre el puente de Brooklyn, esta hermosa mañana,
    por favor, ven volando.

 

 

Invitation To Miss Marianne Moore

 

From Brooklyn, over the Brooklyn Bridge, on this fine morning,
     please come flying.
In a cloud of fiery pale chemicals,
     please come flying,
to the rapid rolling of thousands of small blue drums
descending out of the mackerel sky
over the glittering grandstand of harbor-water,
     please come flying.

Whistles, pennants and smoke are blowing. The ships
are signaling cordially with multitudes of flags
rising and falling like birds all over the harbor.
Enter: two rivers, gracefully bearing
countless little pellucid jellies
in cut-glass epergnes dragging with silver chains.
The flight is safe; the weather is all arranged.
The waves are running in verses this fine morning.
     Please come flying.

Come with the pointed toe of each black shoe
trailing a sapphire highlight,
with a black capeful of butterfly wings and bon-mots,
with heaven knows how many angels all riding
on the broad black brim of your hat,
     please come flying.

Bearing a musical inaudible abacus,
a slight censorious frown, and blue ribbons,
     please come flying.
Facts and skyscrapers glint in the tide; Manhattan
is all awash with morals this fine morning,
     so please come flying.

Mounting the sky with natural heroism,
above the accidents, above the malignant movies,
the taxicabs and injustices at large,
while horns are resounding in your beautiful ears
that simultaneously listen to
a soft uninvented music, fit for the musk deer,
     please come flying.

For whom the grim museums will behave
like courteous male bower-birds,
for whom the agreeable lions lie in wait
on the steps of the Public Library,
eager to rise and follow through the doors
up into the reading rooms,
     please come flying.

We can sit down and weep; we can go shopping,
or play at a game of constantly being wrong
with a priceless set of vocabularies,
or we can bravely deplore, but please
     please come flying.

With dynasties of negative constructions
darkening and dying around you,
with grammar that suddenly turns and shines
like flocks of sandpipers flying,
     please come flying.

Come like a light in the white mackerel sky,
come like a daytime comet
with a long unnebulous train of words,
from Brooklyn, over the Brooklyn Bridge, on this fine morning,
     please come flying.

 


Elizabeth Bishop (Worcester, Massachusetts, 1911-Boston, 1979). Poeta, cuentista y traductora de varios poetas contemporáneos del Brasil, país donde vivió de 1951 a 1966. Su obra poética, cuya importancia en el panorama literario de su país es tanto más notable por su brevedad, contrasta con la de su gran amigo y corresponsal Robert Lowell en el recato de su intimidad y el despliegue de la fantasía por un lado y, por otro, la exactitud en la observación del mundo exterior (acaso inspirada por el ejemplo de Marianne Moore, a quien manifestó su fervor en este poema) y el meticuloso registro de sus percepciones en poemas extensos y escritos con precisión de orfebre verbal, pero sin amaneramientos de estilo. Hay, junto a las virtudes apuntadas, un amor de los viajes y un sentimiento de exilio y nostalgia experimentados en las grandes urbes modernas. Recibió el premio Pulitzer en 1956.

Esta traducción y el poema original aparecen en Pronunciamientos (Vaso Roto, México), poemas de varios poetas traducidos del inglés por Vicente Echerri y Manuel J. Santayana.