Sábado, 16 de Diciembre de 2017
06:11 CET.
Poesía

Los cuervos

 

(La bebedora de ajenjo. Pablo Picasso)

Se inicia en su disfraz de sombras,
como un extraño pájaro oscuro que se hundiera en sí.
Se abisma en el musgo del alcohol. Se pierde.
Se hace un nudo imposible en la palidez. Desamparada.
Yo estoy ahogándome entre sus brazos. Huérfanos los dos
estamos al borde y podemos enloquecer en lo amargo.
Y el ajenjo son los árboles en nosotros
y el cielo,
la luna de agosto como un sueño perdido en la infancia.
Yo también grazno mi desamparo desde el silencio.
Quisimos asir esa criatura en fuga que equivocamos,
que perdíamos irremediablemente,
vidrio y ceniza escapando,
Árbol quemado desde nuestros labios.
Yo me defino en estos harapos. Me oculto.
Música del caramillo recordado
asiéndome así a unas pálidas mujeres del alcohol,
apenas soñadas, apenas entrevistas en el café nocturno.
Definitivamente,
abismados en la escasa luz de la pobreza, vernos partir.
Al final, nunca sabremos
dónde termina el ajenjo y dónde comienza la muerte.
La muerte es una borrachera interminable.

 


José Rolando Rivero nació en Ciego de Ávila, en 1957. Sus libros de poemas publicados más recientes son Áridas palabras (Editorial Ávila, Ciego de Ávila, 2012) y Advocación del siervo (Unión, La Habana, 2012). Este poema pertenece a este último libro.

Otros poemas suyos: Lastre, Die Erwantung (cover) y (Butoh).

 

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