Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
22:57 CET.
Poesía

Naturaleza muerta con caldera de hierro

 

Esas cosas que a tontas reuniste
se irán desperdigando: la cocina
llegó a su punto crítico de estopas, de cerámicas
pintadas con manos maromeras,
florecillas, orugas, primor de metileno.
La perfección que muere en la cocina.

En el hogar la vida es más sabrosa. Pero,
¡cuán amargo el pezón de la diosa
de la caña de azúcar!
Así se irá borrando (cuando acabe
la dorada República) aquel contrato
que amparaba las cañas
cogidas por los tallos en manojos legales,
amarrados a ellas (legalmente, a la vida).

Una vez suelto, o cortado a machete,
ese nudo gordiano que anudaron los sabios,
se irá corriendo todo hacia un pequeño exilio,
como corren los astros en pos del perihelio.

Las tazas dan al traste, el sol de la cocina
se apaga entre las brasas mojadas en la harina
que desbordó la copa,
la caldera de hierro.

 


Néstor Díaz de Villegas nació en Cumanayagua, en 1956. Sus últimos libros de poemas publicados son Che en Miami (Aduana Vieja, Valencia, 2012) y Palavras à tribo/Palabras a la tribu (Lumme Editor, Sao Paulo, 2014). Este poema pertenece a su libro Cuna del pintor desconocido (Aduana Vieja, Valencia, 2011).

Otros poemas suyos: A media asta, Yo inventé el Disco, Epístola a los sodomitas y La muerte de Mercurio.

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