Sábado, 16 de Diciembre de 2017
14:14 CET.
Poesía

Entonces se abría el cielo

 

Entonces se abría el cielo en líneas verticales pájaros y números rodaban por el firmamento ardía la distancia del día galopando duro en los cristales lo amarillo las semillas las raíces la tierra de pronto salpicada por la lluvia detrás del trueno en los techos de las casas crece la sombría alucinación de lo distante arriba el manto negro titila sed de plata detrás de las ventanas animales cariñosos duermen debajo del reflejo de una luna opaca jardín anestesiado de flores como espadas como costas o cuchillos cuando la tarde cae redonda el horizonte es una línea que descose su raíz el mar se precipita sobre todas estas cosas el cielo arrebatado en hondas superficies el aullido de los perros apretado en las esquinas de la noche es una boca de lobo es un cristal que se nos rompe es un éxodo violento de barcos que naufragan debajo de tus pies hay sed en las aceras alguien dice algo en voz muy baja yo le tuerzo el cuello al cielo para ver si te apareces se callan las cosas los platos y los vasos la habitual cortesía de mis utensilios la casa me ama con una devoción sobrecogedora me he sentado a llorar un poco delante del televisor tan triste tan como castigado cuando está apagado la nostalgia se ha domesticado bien esta mañana me he sentado en todas las butacas para ver la nieve caer no hace falta la destreza de tus manos ni el ruido de los carros no hace falta la mirada endurecida de un testigo un claro de espiral viene a buscarme yo me alzo en honda rebelión manipulo cada sombra cada desliz de sombra que se posa en los balcones dormidos tu dolor de luces y de triángulos tejido violento vértice curva muerde agujas se devasta cada vuelco se sostiene en pequeños interludios la tarde se serena un poco el vuelo de mi falda oculta la clarividencia de este mediodía afuera llueve con los ojos cerrados pero llueve te preguntan no contestas pero la lluvia ya es un hecho irrevocable dices ciertas cosas miras con una delicadeza que es alarma tanta es la espera y tan grande es mi deseo los días siguen deslizándose abatidos y culpables las interrogantes hojas yo salí un momento a la eternidad salí sin saberlo me puse delante de una lluvia suave mi cuerpo doblado sobre la baranda mi cara como de piedra envuelta de pronto en una niebla fría sentí que todos éramos la noche soñé que anochecíamos juntos serenos y felices yo salí un momento la noche era ya solo un recuerdo posado en tu cabeza mariposa o broche de oro he recorrido tantas veces tu frente con mis dedos envueltos en esa dulce timidez para buscarte he tenido que sembrarte tantas veces en papel porque es verdad que hay amores que duelen en la piel pero es que hay otros, oye, que duelen mucho más: ...

 


Margarita Pintado nació en Bayamón, Puerto Rico, en 1981. Ha publicado el libro de poemas Ficción de venado (La Secta de los Perros, San Juan, 2012). Este poema pertenece al libro inédito Frágil y perpleja.

Otros poemas suyos: Tiempo de bosque, Vístete que..., Bodegón de fin de mundo y Tú, bosque pálido...

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