Domingo, 17 de Diciembre de 2017
05:39 CET.
Crítica

Nuestro José Martí: finalmente desencadenado

Casi todo acercamiento a la figura de José Julián Martí Pérez —permitiéndonos ya la libertad de nombrarlo del modo más escaso— se ha "manejado", por encima de todo, como propiedad privada de la política cultural cubana. Salvo en aquellas personalidades (o cátedras) que, anterior a 1959, habían iniciado su cartografía —tanto de su vida privada como de su obra política y literaria—, la impronta del Apóstol se podía resumir en cuatro líneas bastante domésticas: la profecía de su propia muerte ("de cara al sol"); el proyecto inconcluso de La Edad de Oro; su autoría intelectual en el asalto al cuartel Moncada —a cien años de su nacimiento—, y la apropiación de su anhelo, "yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre", para inscribir la lógica poética de la Constitución cubana.

José Martí: la invención de Cuba, ensayo mayúsculo de Rafael Rojas que sin dudas merece más que una reseña, asume la herejía de diseccionar al símbolo cultural y político de más peso en el relato historiográfico de la Revolución. Pero la hondura de este ensayo se aferra a la provocación inédita de establecer, sin artificios, las coordenadas que permiten entrever el trasiego de Martí en la invención de Cuba como nación.

Aquella enseñanza zen que nos advierte que "ninguna palabra está vacía de significado", podría considerarse el presupuesto vertebral que Rojas emplea para develar los entresijos de una existencia —la existencia martiana en toda su órbita— que fue capaz de experimentar, incluso, el vacío que provoca atisbar los abismos y aprehender la certeza de que no habrá salvación alguna en el regreso. Cada epístola, cada verso, cada discurso, cada nota, cada señuelo, cada contradicción, es "tercamente" pesquisada. Pero solo ante esa indagación, esa persistencia, ese horadar, es que cobra sentido la doble trascendencia: libro y autor. Porque Rafael Rojas lo supo; supo desde siempre que cometería un texto capital y que ese riesgo le conllevaría a establecer —¿como retribución?— un diálogo único con aquel José Martí al que todos, en definitiva, siempre temieron visitar.

Esta premisa se advierte ya en el primer capítulo —"Fugas de la modernidad"—, donde se revistan los contextos y "potestades" del Modernismo. Allí se perfilan las reacciones y lecturas de Martí; su responsabilidad histórica ante la imposibilidad de evadir los influjos de estos postulados, y que prefiguran los primeros indicios del "trajín martiano" en la invención del "sujeto cultural" cubano. Confirma el autor que:

Si la escritura poética de Martí no se moviliza contra la modernidad, al menos se articula en sus márgenes […]. Las fugas de la modernidad que experimenta su escritura son tropismos hacia la zona insólita de su génesis nacional […]. Es por eso que la frustración de su República, más que el origen de toda política cubana, representa el destino de toda poética martiana. La imposibilidad de la República está ligada a su raíz mística, secreta, inefable. Aquella nación soñada era una confluencia de imágenes que lograron escapar de la modernidad. Pero su edificación política exigía una reconciliación con los dispositivos modernos […] Martí se negó a ese reencuentro con el orden moderno y decidió morir, como Séneca, aferrado a la utopía de una dulce razón […]

Los paralelos que Rafael Rojas se empeña en trazar en virtud de contextualizar —y en ocasiones, corregir— la obra y pensamiento de José Julián, no solo en los mapas del Modernismo sino además en los quehaceres de inventar (¿también?) una América antiimperialista, pueden resultar demasiado exhaustivos. Para quienes no se adaptan a lecturas de largas distancias, este ensayo podría ser más caro a lo histórico que a lo ensayístico; pero sin dudas se equivocaría todo criterio en tal sentido.

Necesario resultaba desencadenar a Martí Pérez de un clarísimo anonimato —provocado por las "apropiaciones y lecturas indebidas" instauradas con la revolución de 1959— que llegaría incluso a coartar su eficacia para evadir los compromisos de su época: esa terquedad —inherente a todo poeta que se precie de sí— de rebelarse contra ella para inventar sus propios destinos y, en el caso martiano, como se ocupa este ensayo, los de Cuba.

Será por ello que Rafael, con la disciplina y paciencia que implica confrontar los emplazamientos que trae consigo toda poesía, reutiliza, para fundamentarse, los criterios de Antonio José Ponte en El abrigo del aire:

La inmensa obra de José Martí, en su doble registro de poesía y política, está dominada por la palabra. Martí es una suerte de conglomerado textual que se forma con la escritura y la oratoria. La palabra escrita es el signo de su poética, mientras que la palabra hablada es el instrumento de su política. Eso que llamamos obra martiana no es más que discurso. Martí es una discursividad animada, un parlamento vivo. La trama de su vida permanece oculta bajo sus papeles. Su persona se muestra borrada por su palabra ¿Qué sabemos de la historia de su cuerpo? El grillete, el anillo, la cruz de caracoles, el caballo blanco son señales de una existencia que provienen de los mitos del texto […]

José Martí: la invención de Cuba, más que libro, más que ensayo, más que texto cumbre dentro de la obra de su autor, es la devolución de una signatura que jamás debió ser extraviada, bajo concepto alguno. Nos devuelve al hombre y a la focalización que en verdad lo distingue e incluso lo sobrepasa; para que entendamos, de una vez por todas, el sentido de su secreto:

 La propia escritura martiana se involucra en los orígenes de una mitología nacional, al desatar la creencia en el texto fundador oculto, en el libro perdido de la nación […]. Esta voluntad hermética, esta pasión por el secreto, condiciona las lecturas de Martí. Y él mismo parece haber valorado la efectividad poética del secreto, de cierta escritura esotérica, durante la invención de Cuba.

En los razonamientos que regenta Rafael Rojas, a partir del epistolario y de las confesiones de Martí a Manuel Mercado sobre su proyecto de escribir "una historia de la Guerra de los Diez Años", es posible dilucidar cuál era la revelación última del "héroe nacional". Esa lógica de vida que en él fue tragedia, pero nunca capitulación:

Su proyecto era el de una auténtica epopeya, que eternizaría en la memoria nacional a los padres fundadores, los héroes, las escenas, las batallas, los martirios. Martí imaginaba una suerte de Ilíada cubana que sirviera como referencia textual para la mitología patriótica de la nación […]. Va creando los mitos, los héroes, pero también las efemérides patrióticas, el ceremonial cívico y hasta los símbolos nacionales y los emblemas políticos de su República.

Como se señalaba al principio, José Martí: la invención de Cuba merece, sin duda alguna, más que una reseña coaccionada por el espacio. Exige por sí mismo este ensayo un escarceo menos superficial: un estudio cabal; su inclusión perpetua en las referencias cartográficas de las generaciones actuales y del devenir. De lo contrario, sería como volvernos a extraviar en la simpleza interpretativa y el balbuceo de los Versos sencillos, de Abdala, o en la sospechosa inspiración de su pensamiento para derrocar dictaduras y suscribir constituciones.


Rafael Rojas, José Martí: la invención de Cuba (Hypermedia, Madrid, 2015).

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Comentarios [ 4 ]

Imagen de Anónimo

El libro tiene en realidad más de 15 años porque muchos de esos ensayos fueron escritos a mediados de los 90, como dijo Rojas en una entrevista en DDC. Sin embargo, hay algunos ensayos ahí que siguen siendo originales como el de los "libros imposibles", el del secretismo o el de la "república escrita". Recuerden también que en La Habana siempre se lee con retraso. Ustedes también leyeron así cuando vivían allí. 

Imagen de Anónimo

Por supuesto que Rojas se basa en Angel Rama y Julio Ramos, pero para los primeros ensayos del libro. Luego hay temas en La invención de Cuba, como el de los libros imposibles o el del republicanismo, que no trataron ni Rama ni Ramos.

Imagen de Anónimo

Alguien realmente piensa que un libro que se publico hace 15 anios puede decirnos algo nuevo hoy? Asi estan en Cuba. Leyendo la prehistoria.

Imagen de Anónimo

Este texto no dice nada. ?Que dice Roja que no dijo Angel Rama, y Julio Ramos? Este senior, en la Habana, no sabe lo que dice y DDC le da bombo y platillo aRojas que es su socito.