Lunes, 26 de Septiembre de 2016
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Crítica

La poesía de Virgilio Piñera: geografía de significados culturales

En el contexto de las celebraciones por el centenario del natalicio de Virgilio Piñera (1912-1979) sale a la luz esta investigación que avanza en una indagación sobre la poesía de este autor fundamental.

La publicación de Jambrina se suma a los esfuerzos que desde los inicios del presente siglo han profundizado en la obra de un autor que desaparecería de las librerías cubanas durante tres lustros (1971-1986). Si la década del 90 representa un parteaguas, por tratarse de un periodo de recuperación entusiasta de esta figura que desgraciadamente se comprendió poco en vida, no será hasta su nonagésimo natalicio que aparecen importantes investigaciones, por primera vez encauzadas a sistematizar y comprender esta notable obra. Destacan al respecto las de Enrique Saínz, Antón Arrufat, Alberto Abreu Arcia, Alberto Garrandés, Carlos Espinosa Rodríguez y Thomas F. Anderson, además del libro colectivo editado por Rita Molinero.

El investigador de la Universidad de Viterbo en Wisconsin analiza una zona poco promovida por el autor de El conflicto (1941), la poesía, quien después de Las furias (1941), La isla en peso (1943) y Poesía y prosa (1944) se despide públicamente de este género. El punto de partida es la problematización de los supuestos epistemológicos que han guiado las interpretaciones canónicas sobre la obra de Piñera, especialmente la de Cintio Vitier en los años 40, quien se escandalizaría por el atrevimiento de representar una isla "vacía" e "irredenta".

El propósito de Jambrina es ponderar esta obra poética como "uno de los comentarios más radicales y exhaustivos del espacio nacional", interesándose en las relaciones entre poeta, obra y nación. Y es que Jambrina fundamentalmente repara en que la crítica "no ha podido sistematizar coherentemente los significados culturales que el corpus piñeriano contiene tanto para su país de origen, como para Latinoamérica en tanto espacio geo-cultural". De ahí que cuestione los efectos negativos de la apreciación de Vitier en lecturas posteriores. Un libro de obligada referencia como el de Enrique Saínz, La poesía de Virgilio Piñera: ensayo de aproximación (2000), o la crítica de Jorge Luis Arcos en su prólogo a Los poetas de Orígenes (2002), reinciden en el carácter destructor de la poética piñeriana. "A pesar de la eficacia trascendental que ha demostrado tener el trabajo piñeriano —dice el investigador en su introducción—, todavía hoy algunas de las voces institucionales de la crítica insisten en reducir los textos del autor a sus aspectos negativos, sin preguntar por las posibles razones epistemológicas de los mismos y mucho menos por el significado cultural de este tipo de poética". Tales apreciaciones han impedido comprender más cabalmente la obra de un autor que para Jambrina más bien resulta ajeno al nihilismo y pesimismo que por lo general se le adjudica. El libro, entonces, invita a que los lectores regresen al autor de El conflicto (1942) sin prejuicios y lugares comunes, atendiendo más bien a lo que quiso decirnos sobre su tiempo y circunstancia.

El primer capítulo atiende una zona poco estudiada hasta la fecha: Piñera crítico de poesía entre 1941 y 1955, periodo de emergencia intelectual del autor de Cuentos fríos (1956) en el que discute sobre el papel de la literatura frente a la construcción de lo nacional, muy en la tónica de las preocupaciones de su generación. Leyendo así la conferencia "Gertrudis Gómez de Avellaneda, revisión de su poesía" (1941) y los ensayos "Erística de Valéry" (1942) y "Ballagas en persona" (1955), Jambrina despliega una metodología analítica que abarca contenidos socioculturales y especificidades históricas.

Para nuestro autor, dice el investigador, el poeta habita un espacio que puede ser modificado mediante el trabajo con el lenguaje, pero al que además se le puede extraer resonancias nuevas. Piñera confronta "el facilismo técnico y los elogios de los contemporáneos que en definitiva, en su opinión, fueron los elementos que no le permitieron a la Avellaneda superar algunos de sus mejores poemas". Piñera reconoce "en la figura del poeta los poderes de toda creación artística", y considera además, el acto de escritura como un territorio autónomo, habitado de palabras "en busca de un sentido que escapa a todo razonamiento práctico o instrumental".  

Jambrina hace especial hincapié en lo insólito del ensayo que Piñera dedica a su amigo y poeta Emilio Ballagas, por tratarse de un acercamiento que "describe al detalle la genealogía del sentimiento de ambigüedad y angustia con la que vivió el autor a lo largo de su vida", es decir, los conflictos de la experiencia, en este caso de una sexualidad contrariada que se expresa en la obra.

Posteriormente el estudio se detiene en La isla en peso (1943) —poema ampliamente atendido en su momento de publicación— y "La gran puta" —publicado póstumamente en 1999, aunque escrito en 1960 pero desaparecido por el autor, así como desconocido por sus allegados, posiblemente por "la exacerbación homofóbica oficial entre los años 60 y 70". El refrescante examen que Jambrina hace de La isla en peso  indaga en eso que llama el "impulso cívico" de su poesía como modo de trascendencia. "El texto avanza de una percepción estrictamente privada de los contenidos de la realidad a una preocupación más pública o global de estos": se traslada del "Yo" al "Nosotros" en términos de pertenencia a una comunidad.

El investigador subraya la identificación del poeta "con aquellos sujetos nacionales poco o cuando más insuficientemente representados hasta ese momento". Señala después que la colectividad anunciada dos décadas atrás en La isla en peso cobra en "La gran puta" una corporalidad concreta; cuerpo constituido fundamentalmente por una gama de sujetos marginados socialmente: homsoexuales, prostitutas, indigentes y vándalos.

El tercer capítulo pone especial atención en el diálogo que tomó lugar en la década de los 40 entre Vitier y Piñera. Mientras que Vitier, apunta el investigador, se alarma ante un Piñera que repele incorporarse al núcleo estético de aquel y lo mantiene "bajo la mirada inquisitorial de los mayores"; el atacado se interesa por una expresión que demuestre el conflicto entre lo ontológico y el medio, entre la experiencia y lo definido en términos tradicionales. Atendiendo a lo que Piñera llamó en una carta a Lezama, su teoría de las destrucciones, Jambrina repara en la prioridad del autor por "los actos ambiguos, indecisos a los que el sujeto hablante se enfrenta diariamente". Debajo de ese vacío destructor designado por Vitier, subyace en realidad, dice el estudioso, "un impulso redentor" que se deslinda del modo preciosista de expresión, y explora más bien, los quiebres ideológicos tradicionales. 

La última parte del libro indaga en la producción comprendida entre 1959 y 1979, poesía que brinda un testimonio de los cambios políticos y culturales de este paradigmático periodo revolucionario. La faceta "civil" es la que interesa al académico, entendida esta como la intervención y el diálogo de Piñera con los asuntos de la sociedad. Dicho impulso cívico "se evidencia allí donde el sujeto hablante choca con la historia", dice Jambrina. Si al triunfo revolucionario el poeta manifiesta un ansioso entusiasmo, "después de esta fecha, sus poemas experimentan un desengaño existencial que vuelven al hablante sobre sí mismo, lo enquistan en su propio mundo".

El lector de Virgilio Piñera: Poesía, Nación y Diferencias se sorprenderá ante la sucinta bibliografía citada, lo que no demerita el trabajo sino al contrario, demuestra el esfuerzo por volver a un Piñera sin la predisposición de los lugares comunes, atendiendo más bien, al incomprendido llamado del autor.

El llamado de Jesús Jambrina es el de contemplar las resonancias culturales y los impulsos vitales de la obra, mismos que siguen manifestándose ya bien entrado el siglo XXI. Piñera supo, como su admirado Baudelaire, que su obra sería comprendida a cabalidad póstumamente. Por múltiples circunstancias, fundamentalmente históricas, las generaciones del presente se encuentran quizá, en mayores condiciones de interpretar la complejidad de significados que despliega para su época, tanto como para la presente, la imprescindible obra de Virgilio Piñera Llera.

 


Jesús Jambrina, Virgilio Piñera: Poesía, nación y diferencias (Verbum, Madrid, 2012).

Comentarios [ 19 ]

Imagen de Anónimo

Perreta, envidia... cada vez los móviles con que lo explica todo usted son de mayor chusmería, Anónimo 2:36. ¿Sin argumentos, yo? Si todavía estoy esperando a que usted aclare cómo Martí o Casal han sido menos escrutados en su vida personal que su adorado Ballagas.

Y, bueno, si en 1937 Piñera sintió el peso de ese poema de Ballagas, en 1959, cuando escribió sobre eso, ya sabía que Ballagas era una antigualla comparado con él y sabía que "Elegía sin nombre" era una copia floja de Cernuda.

En cuanto al merecido reconocimiento de Piñera, no sabe usted de lo que habla. La inclusión de obra suya en una antología hecha por Borges y la publicación de cuentos suyos en revista dirigida por Borges o el estreno de "Aire frío" o los recitales de poemas en El Gato Tuerto fueron reconocimiento de su obra en vida. 

Yo celebro que este libro se haya publicado y celebraría también que se reeditara la biografía de Ballagas de la que me habla. A usted, en cambio, le molesta que haya aparecido un libro más sobre Piñera. Perretas y envidias, son las suyas, Manuel Ballagas.

Imagen de Anónimo

Huy, qué perretas le dan a usted cuando se queda sin argumentos. ¿No se fija que cuando yo le respondo con hechos, datos, citas usted cunde en ira y empieza a lanzar insultos de todo tipo? Me recuerda a la ira santa de Virgilio Piñera, que además de santa era ciega: expulsaba del templo a los sacerdotes junto con los mercaderes. Quiéralo o no, el nombre de Emilio Ballagas está ligado al de Piñera. El mismo se lo buscó. Este artículo que se publica aquí, por ejemplo, habla de Ballagas. Lamento haberme referido así a su adorado tormento, que para compensar lo mucho que le marginaban se dedicó a atacar a diestra y siniestra, y sólo después de muerto tuvo merecido reconocimiento. ¡Cuánto le debe haber dolido darle a leer un poema a Ballagas y que éste le haya respondido poniéndolo uno como Elegía sin nombre de modelo! Son las cosas que Piñera no perdonaba nunca.

Imagen de Anónimo

Anónimo 4:34, no conozco esa biografía y le agradezco el dato, pero no estoy interesado en la vida de Ballagas, como usted. He leído toda la poesía de Ballagas y algo de su correspondencia publicada, y ahí termina mi curiosidad con ese autor. Quien me interesa y de quien he leído todo lo que he encontrado es Virgilio Piñera. 

Pero veo que usted sigue creyendo que Ballagas ha sido el más escrutado en su vida personal, incluso que Martí. Y veo que usted ignora que la mayor envidia de los escritores es por la obra que hacen, no por la vida que llevan.

Su preocupación por el chisme biográfico (si Piñera pudo ser amigo o no de Ballagas, etc) no le deja entender realmente lo que es la vida literaria. Tal como dice un anónimo anterior, no me cabe duda de que es usted el despechado hijo del poeta Ballagas. Le deseo que no sufra más por ello y que se aplaque su obsesión contra Virgilio Piñera, porque de quien trata esta reseña y el libro reseñado no es de Emilio Ballagas, quien, lamentablemente para usted, ya no despierta tanto interés.

Mejor haga algo por su padre, intente que reediten en una buena editorial esa biografía publicada hace medio siglo.

Imagen de Anónimo

Como siempre que se habla del ensayo de Virgilio Piñera sobre Emilio Ballagas, da asco la avalancha de anónimos que desarrolla el hijo de este último, el manqué Manuel Ballagas, acerca de la superioridad de su padre como escritor. 

Imagen de Anónimo

Bueno, por lo visto usted no conoce la biografía escrita por Argyll Pryor Rice, profesora de Yale, "Ballagas, poeta o poesía", y publicada en México a fines de los años 60. Es lectura obligada para quienes estudian la obra de Emilio Ballagas. Usted, en realidad, sabe poco de lo que habla. Ha leído poco, creo. Y a juzgar por la perra vida que le tocó vivir a Virgilio Piñera, y por cómo murió, aterrorizado y marginado, yéndose en churretas, dudo mucho que nadie -muerto o vivo- le envidie otra cosa que su teatro, que fue lo único excelente que escribió.

Imagen de Anónimo

Anónimo 3:57, si va a empeñarse en discutir tonterías como si se hablara de deporte: quién es el campeón, quién es el que más, y todas esas bobadas, por lo menos haga que las bobadas no parezcan de ignorante puro. Sigue empeñado en que la vida personal de Ballagas ha sido la más escrutada entre los escritores cubanos. Solamente el episodio de la niña de Guatemala, el divorcio de la Zayas Bazán y la paternidad de María Mantilla han dado más páginas que todo lo que se ha escrito sobre Ballagas. Solamente la cuestión de la homosexualidad de Casal ha sido más escrutada que la homosexualidad de Ballagas. Y ya le digo, Ballagas ni siquiera cuenta con una biografía. Nadie la ha publicado. Martí, varias. Casal, una. Borrero, dos. Piñera, una escrita por un norteamericano. Supongo que sean usted y sus amigos los que tanto han escrutado la vida personal de Ballagas. De lo contrario, ¿por qué es tan único el ensayo de Piñera?

En cuanto a la envidia, quien puede estar muriéndose de envidia ahora es Ballagas, viendo la buena suerte póstuma de Piñera y la pobre suya. Eso es lo que importa cuando hablamos de buenos escritores: el juicio de la posteridad. 

Siga usted enredado en sus bretecitos, y empréndala ahora con la envidia de Piñera, que es así como único parece usted acercarse a la literatura. 

Imagen de Anónimo

Vamos por partes: cuestiono un ensayo cuyo piedra angular, su único sustento, es una amistad que, al fin y al cabo, resulta más que dudosa. ¿Y usted llama a eso una tontería? Y segundo: claro que la vida personal de Emilio Ballagas ha sido objeto de más escrutinio que la de cualquier otro escritor cubano. Es como si las apetencias sexuales de Ballagas opacaran todo otro comentario sobre él o su obra. Nada semejante ha pasado con otro escritor cubano, eso usted lo sabe. Yo me atrevería a aventurar una hipótesis malvada: Ballagas ganó en 1951 el Premio Nacional de Poesía y en 1953 otro premio especial de poesía con motivo del centenario del natalicio de José Martí. Virgilio Piñera era un talento marginado, a quien se negaba todo reconocimiento. Creo que no ganó un premio hasta que los comunistas se lo dieron. ¿No cree usted que pudo haber un poco de envidia en todo esto? ¿No fue Piñera quien le dio un pésame a Gastón Baquero por haberse ganado el Premio Justo de Lara, como si él no hubiera querido ganarlo? Los corrillos literarios, como les llama aquí otro comentarista, han estado siempre llenos de esas malignidades y ataquitos. Lamentablemente, los cubanos somos más amigos del chanchullo que de la verdad y de los criterios sólidos. Por eso hemos caído tan bajo.

Imagen de Anónimo

Anónimo 3:25, cada comentario suyo lo demuestra más tonto y más ignorante. Siga así, que llegará a la chochez. ¡Así que Ballagas ha sido el escritor cubano cuya vida personal ha sido más escrutada! Eso será en sus sueños de fan del poeta, porque no creo que exista una biografía de él publicada, ni libros como los que Carlos Espinosa dedicó a Lezama Lima o a Piñera donde hablan quienes lo conocieron. Ni una biografía en otro idioma de él, como existe de Piñera. Y usted parece que no cuenta en la literatura cubana a Martí o a Casal o a Juana Borrero o a la Avellaneda, con más páginas que los escrutan a cada uno que el bastante olvidado Ballagas. 

Pero bueno, quien dedica tanto tiempo a la tontería de si Piñera fue o no su amigo, como usted, tiene que creer que todo el mundo anda escrutando a Ballagas. Y, por supuesto, usted no ha entendido ni papa del ensayo de Piñera. Se quedó en si fueron o no amigos, y en el sentido de la ofensa. Pasó usted luego a pensar en el posible pleito si hubiera sido en EU, y ahí quedó todo. ¡Valiente lector!

Imagen de Anónimo

Yo también puedo haberme sentado a almorzar con Nicolás Guillén en 1970. Conversamos y Guillén me regaló un tabaco. Eso no me hizo amigo de él desde esa fecha, mucho menos amigo del alma. El hecho es que Piñera ofrece como única fuente de sus afirmaciones "una larga amistad sin reservas de ninguna clase" con Ballagas de la cual no queda como huella ni una simple carta... ni siquiera una foto. Sólo un cuento de Piñera en que Ballagas critica un poema suyo y le ofrece uno propio como modelo. ¿Se imaginan? Y esa alusión al sacerdote Ignacio Biaín: "Queda, dicen, una correspondencia mantenida con su confesor, el padre franciscano reverendo Biain, que me parece sería interesante publicar para ayudar al conocimiento de su personalidad". Pues bien, se publicó la correspondencia de marras, y para nada sustentó la causa de Piñera. Puede que haya dicho la verdad, quién sabe, pero lo cierto es que salvo sus interpretaciones de la poesía de Ballagas, Piñera no puede invocar nada más para justificarse. Y para eso, Ballagas dice: "Porque el amor no es cosa triste". y Piñera replica: "Ballagas dice que el amor es cosa triste". ¿Así quién no? Lo cierto es que no creo que haya escritor en la literatura cubana cuya vida personal haya sido objeto de tanto escrutinio como la de Ballagas. Como si importara más lo que alguien hace en la cama que lo que hace sobre el papel. Qué raro es todo. 

Imagen de Anónimo

Los que tenemos unos años y alcanzamos a escudriñar a Piñera en los corrillos habanaeros sabemos que jamás escondió su sexualidad y quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo en personahan contado que así como era respetuoso y sabía ser elegante cuando lo requería la situación, así tmbién se explayaba en la intimidad de su casa o en casa de sus amigos. A mi me gustó el libro que se comenta aquí y celebro que por fin alguien le haya dedicado un estudio a la obra poética completa de Piñera y que la vea como un conjunto y no como poemas o libros aislados. Felicito al autor.