Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
20:30 CEST.
Poesía

Tres poemas de Wolfgang Hermann

 

La muerte erige un muro para que sobre él nos balanceemos.

Intenta saltar el muro de la muerte.

Las voces de la noche, incorpóreas,
son mariposas nocturnas, más leves que el entramado
del aire.

 

Der Tod errichtet eine Mauer, damit wir auf ihr balancieren.

Versuche über die Mauer des Todes zu springen.

Die Stimmen der Nacht sind ohne Körper. Sie
sind Schmetterlinge der Nacht, leichter als das Geflecht
der Luft.

 

Habito una ciudad de calles invisibles.
Me nutro del blanco en las mejillas de una mujer inalcanzable.
Alguien me envía saludos desde el extremo opuesto de la urbe,
y yo floto a la deriva en el mar de los insentimientos.
Saber quisiera el nombre de mi ciudad invisible.

 

Ich bewohne eine Stadt mit unsichtbaren Straßen.
Ich ernähre mich vom Weiß der Wange einer un-
erreichbaren Frau.
Jemand schickt mir Grüße vom anderen Ende der Stadt,
ich treibe auf dem Meer der Nicht-Gefühle.
Ich möchte den Namen meiner unsichtbaren Stadt erfahren.

 

Estaciones

Las estaciones son sitios para repostar la sangre. A ellas acude quien pierde sus fuerzas. Un ir y venir como el de un panal. Solo que allí no se produce nada, nada. Sentimientos, solamente, siempre los mismos. En los rincones se yerguen los acróbatas del sentir; y allí están, solos, con sentimientos que hace tiempo han olvidado.

 

Bahnhöfe

Bahnhöfe sind Tankstellen des Blutes. Wen die Kraft verlässt, der geht zu den Bahnhöfen. Es ist ein Hin und Her wie im Bienenstock. Aber es wird nichts, absolut nichts hergestellt. Nur Gefühle, immer dieselben. An den Ecken stehen die Gefühlsakrobaten. Sie stehen da, einsam, und haben Gefühle, die sie längst vergessen haben.

 


Wolfgang Hermann (Austria, 1961). Poeta y narrador austríaco, es autor asimismo de obras de teatro y de piezas radiofónicas. En 1998 aparecieron por primera vez poemas suyos en español, en el número especial que la revista habanera Unión dedicó en 1998 a la literatura austríaca contemporánea, coordinado por Francisco Díaz Solar, Olga Sánchez Guevara, Jorge Yglesias y José Aníbal Campos.