Viernes, 30 de Septiembre de 2016
01:27 CEST.
Narrativa

A Lawton ni soñando

 

Anoche soñé que viraba a Lawton. He soñado con mi barrio otras veces desde que estoy en los Estados Unidos. Pero ayer soñé que viraba a Lawton. Es diferente. Como asomarse al pasado que fue la vida y descubrir de pronto que nada fue del todo real. O demasiado real. Igual de inimaginable.

 

Es sabido que en los Estados Unidos no hay paisaje. Todo aquí es imagen para nosotros, los cubanos. Flujo y reflujo de espejismos, superficies que se sobrelapan, escenarios en fila india para acomodar la memoria a una nueva vida que se supone sea mucho mejor.

 

Viré al barrio en una especie de góndola de motor. Yo la timoneaba. Sentía esa tensión en mis manos, el equilibrio frágil que casi nos hace zozobrar, esquivando los otros barcos y, por momentos, las rocas salidas como de los rápidos entre montañas que no eran cubanas. Montañas en la carretera marítima que conduce hacia un pico blanco de Alaska.

 

Ya sé que es maravilloso el otoño en este país. Que el follaje en los árboles es oro y fuego, como una ola que desciende sobre los mapas digitales. Pero yo no los sé nombrar. Veo las hojas que me caen en la cabeza y se me hacen tan mudas. Parezco un monigote, un mongo. No puedo pronunciar lo que está pasando a tope de velocidad a mi alrededor. En todo caso digo: ardilla. Y las ardillas se escapan espantadas ante el tono más bien tonto de mi voz.

 

También sé que protagonizar sin pertenecer a los Estados Unidos es un privilegio. Nos asomamos a nuestras casas cambiantes de alquiler en alquiler. Reciclamos dinero plástico y así nos comunicamos con el laberinto de contratos que es la vida en este país. Vivimos privadamente en público. Permanecemos, mientras pasamos, posamos, siendo ahora parte del paisaje nosotros mismos, los cubanos. A la vuelta de un año y medio sin Cuba, eso es para mí la estadounidensidad. Un estar para siempre, pero como en una estancia excepcional. Tampoco pido que me entiendan. Basta con que te entiendas a ti.

 

Cuando doblé la barca por la bodega del Chino (una de cuyas aceras está en Fonts, mientras la acera del frente es ya Rafael de Cárdenas), me di cuenta de que mi casa quedaba a muy pocos metros de allí. Mi casita del 125 Fonts Street, con sus tablas de azul que de niño eran de un verde ambiciosamente natural, como nunca lo he visto imitado en ninguna parte. Un verde de verdad.

 

La puerta estaba cerrada (en la vida real siempre está abierta) y la ventana de la calle permanecía abierta de par en par (nunca estuvo así, porque el comején nos obligó a clausurarla desde mil novecientos setenta y algo). Había demasiada luz en mi sueño. Y ese detalle fue suficiente para darme cuenta de que todo era una trampa.

 

Si la casa hubiera estado igual de mortecina que cuando la dejé, al amanecer del martes 5 de marzo de 2013, me hubiera entristecido mucho saber que todo seguía congelado justo en el instante en que me sustraje de allí (una manera amable de haberme muerto). Como la casa irradiaba luz a borbotones, me entristeció darme cuenta de que yo ya nunca volvería a vivir allí, que en efecto estoy muerto de una manera peor: vivo, con memoria, soñando, capaz de compartirlo contigo aunque no tengamos nada en común.

 

Me desperté con deseos de llamar a Lawton. De al menos despedirme de los vecinos. De decirles que fueron tan buenos como su maldad se los permitió. Y que no hay vida para nadie en el mundo después de ellos. Eso les diría puerta por puerta, como quien los perdona de algo terrible que ninguno cometió. Se llama misericordia de mi parte. Y, por supuesto, un poco también de arrogancia.

 

No fue un sueño angustioso. Fue una llamada de atención. Allá languidece aún mi madre, a quien el castrismo ya le permite viajar, pero ahora son los Estados Unidos quien le niegan la visa de visita, para penalizarme por no haber regresado a tiempo a la Isla, a inmolarme en el jueguito de los héroes de un póker perverso donde el bluff se llama liberación.

 

No hubo, no hay, ni tampoco habrá liberación para el antiguo pueblo cubano, por suerte hoy cada vez más disperso y balcanizado. Los cubanos estamos ya a punto de convertirnos en un Puerto Rico espontáneo. Allá atrás solo queda la muerte a manos del Estado. Quien llegue a la democracia en Cuba es porque hizo un pacto con el poder. El resto es retórica retorcida y pasatiempos patrióticos para no aburrirlos demasiado a ustedes en sus exilios, y para que cada quien le dé su debida importancia sentimental a sus propios sueños de barrio.

 

Quisiera no volver a ver Lawton, ni soñando. Los Estados Unidos se me harían intolerables ante esa imagen íntima, intimidante, entrañable y de repente tan extraña. Pura representación. Un Lawton a punto ya de que quedarse sin paisaje. No, por favor. No es necesario. Puedo ser un excelente ciudadano norteamericano. No me hagan pagar ahora el impuesto (sea o no temporal) de pasar por ese patíbulo que es pretender que alguna vez, en alguna otra parte, hemos tenido una vida en nuestro país.

 


Orlando Luis Pardo Lazo nació en La Habana en 1971. Ha publicado Boring Home (Premio Franz Kafka, 2009) y editó la antología Cuba in Splinters: Eleven Stories from the New Cuba (OR Books, Nueva York, 2014).

Comentarios [ 16 ]

Imagen de Anónimo

Despues de mas de treinta anos por aca, las pesadillas de estar en Cuba no son tan frecuentes.  Al principio esas pesadillas me aterrorizaban y despues de ellas  no podia reconciliar el sueno. Hubo un tiempo empece a sonar que mi perra Matty se me perdia en Cuba y no la podia encontrar.  Ahora, despues de haber vivido en tres paises no puedo localizar el lugar con que sueno y le hablo en Engles a personas que no saben esa lengua.  Afortunadmente para mi, la pesadilla Cuba ya no es lo que era.  Tampoco Cuba lo es.  

Imagen de Anónimo

Soñando? Bueno, eso fue una pesadilla, las he tenido. Pero es lógico exista quien no entienda,  hay quienes salen de Cuba sin haberse señalado jamás por sus ideas opuestas al gobierno, por supuesto por miedo y / o doble cara, para esos el regreso quizás sea algo agradable, pero para quienes sufrieron malos tratos, humillaciones, persecución y todo tipo de vejámenes, la sola idea de volver es aterradora. El anónimo 1:50am debe ser uno de ellos, su forma sucia de criticar es típica de ese tipo de personas, quizás despues de gritar Viva Fidel en la plaza salió a montarse en una balsa,  o para el aeropuerto en un viaje de trabajo, etc. Todos tenemos derecho a tener nuestras ideas y a expresarlas. Lo que no es digno ni necesario es ofender a otros como hace este susodicho comparando al autor con una adolescente habanera y otras tonteras que ni se entienden bien y como el empezó y no me gustan las injusticias le doy mi parecer. Al autor mis felicitaciones, me encanto este escrito como otros muchos de el. Espero poder leerlo pronto de nuevo y como diríamos en Cuba " al que no le guste que le eche azúcar".

Saludos, 

Maritza.

Imagen de Anónimo

Para el anónimo 1:50 am:

Siento mucho que no le haya gustado, usted debe ser un erudito en la materia, pues juzga con mucha dureza y hasta con un tanto de creerse el del criterio único y perfecto, muy categorico. A mi me ha encantado este escrito, será quizás porque también he tenido este tipo de sueños, no, perdón, en este punto es en lo único que discrepo con el autor, realmente lo mío han sido pesadillas y de las terribles, quizás  por eso lo entiendo bien y me ha parecido extraordinariamente maravillosa la forma en que relata su experiencia, sea real o ficción. Otra cosa que pudiera pasar es que usted haya salido de su país por la puerta tranquilito, sin sufrimientos, persecuciones, etc. Los hay que de gritar Viva Fidel en la plaza salen para la balsa o el aeropuerto huyendo agachados del  país utilizando la doble moral que allí nos enseñaron. Pero este no es el caso del autor ni el mio tampoco, sera por eso que entiendo y me gusta tanto el escrito. De todas formas, esa es su opinión y se acepta, esta es la mía y espero la acepte también.

Maritza.

Imagen de Amadeus

A Cuba ni soñando Orlando. Tantos lugares bellos e interesantes que ver en este mundo para invertir la plata que nos queda en regresar a "Beirut".  Por cierto no sabía que en donde vives hay ardillas rojas, típicamente europeas. Saludos.

Imagen de Anónimo

Igual me ocurre a mi. Si recuerdas el final de "Solaris" comprenderas mejor. 

Imagen de Anónimo

Qué es exactamente este texto? Por momentos su ingenuidad roza lo que podría ser la redacción de una adolescente habanera en una libreta rusa de los años ochenta. Realmente no entieno qué de literario hay en esto. He leído todo lo de este chico, y salvo la perreta pueril no veo ni la literatura ni la poesía aquí: la poesía ni soñarlo. Es tan cursi que da pena, tal es el precio de la ingenuidad. Pero asisto pasmado al lanzamiento una y otra vez de este ser desde Diario de Cuba y desde el mundo académico norteamericano, cosa que por otra parte entiendo, jamás la academia ha tenido que ver con la literatura real. Tal vez funde un género nuevo. La polikishratura, me refiero a maravillas como la "luz a borbotones", etc. En fin, alabado sea, aunque mi inteligencia no llegue a entender por qué. Es obvio que soy el único equivocado sobre él en el Planeta Cuba.

Imagen de Anónimo

Es duro , duro la vida del emigrante , yo me adapte , me acostumbre peroooooooooooooo lo que tengo es una rabiaaaaaaaaaaaaaa inmensaaaaaaaaaaaaaaaaa por esos desmadrados que han destruido a todos los cubanos .

Imagen de Anónimo

La historia de Cuba necesita mucho mas de nuestro legado a travez de voces y plumas como la tuya mi querido Orlando. 

Imagen de Anónimo

Cuando sales de Cuba tienes que esperarlo todo: el gorrión, la negación de la visa a un familiar, y un mundo capitalista, duro, pero mejor que el de allá. Si se trabaja sé es libre. ¿No era lo más importante salir? 

Acostumbrao

Imagen de Anónimo

Excelente. El dolor del emigrante es infinito. Y a veces esta disfrazado de odio eterno hacia el lugar que dejamos atras.