Domingo, 25 de Septiembre de 2016
10:51 CEST.
Crítica

Villena y su planeta de pecadores

Quería ser auténtico y libre, diseñar  sus caminos y serventías, las estaciones y las noches en las que  decidir si se portaba como un canalla o como un ángel. Por eso, con  la agonía de sufrir la creación de cada línea que escribe desde que era un niño, Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951) ha inventado  un mundo de belleza,  rebeldía, emociones intensas y espejismos. Es en ese universo donde quiere vivir, entre otras cosas, porque ahí no envejece y aunque la realidad, que a veces cruza las fronteras, le haga trampas para derrotarlo, el poeta, una autoridad en la tentación del fracaso, se pone unos espejuelos y canta.

Sí, canta o recita sus poemas y los de sus maestros de poesía como Rubén Darío, los hermanos Machado, José Asunción y Julián del Casal, que él ha traído desde la  gloria lejana y paralitica para transformarlos en amigos de bares y parrandas. Son parte de la cuadrilla de alzados y delirantes que no han querido nunca ser felices, sino asombrosos y lo acompañan desde la movida madrileña hasta esta otra permanente juventud en la que la voz de Sublime Solarium, su primer libro,  publicado en 1971, cambia la forma y sostiene su hondura.

Esa tierra particular de Villena tiene unas aduanas muy estrictas que domina la vocación  preciosista del poeta y su noción impúdica y escandalosa de lo que puede ser bello para los hombres. Su oficio de fundador incluye la función de seleccionar a quienes viven en ese patio o quienes lo visitan y lo obliga también a diseñar cada uno de los episodios que pasarán por su escenario para que la materia y los desastres de la existencia cotidiana se vuelvan parte de la ilusión.

El libro Cuerpos, teorías, deseos, que acaba de publicar la editorial Verbum, en la colección que dirige el poeta boliviano Pedro Shimose, es un viaje a esa república privada. Leerlo es realizar un recorrido por la obra de un poeta  que, aunque es el creador de un planeta misterioso y cercano, se aprecia como una isla en la poesía española, un resplandor original que tiene su esencia en la sensibilidad de Villena y en su talento para  contar la vida con tanta emoción como sabiduría.

Es una antología que incluye estancias demoradas en quince libros fundamentales del autor de Huir del invierno y Proyecto para excavar una villa romana en el páramo, y las piezas que aparecen en sus páginas, siempre bajo la mal disimulada lupa de Villena,  las escogió el poeta y crítico peruano Martín Rodríguez-Gaona, un hombre que conoce el terreno y lo estudia porque tiene interés, pasaporte y autorización.

La selección que ha hecho responde a sus preferencias como lector y a su agudeza de especialista. Y en esa conciliación hay una generosa apertura para que los antiguos seguidores de la poesía de Villena la evoquen en su plenitud y la revivan y para que los que  llegan a sus versos por primera vez encuentren una propuesta fascinante, desoladora o extraña, pero con todas esas alternativas desbordadas de buena poesía.

Desde que comprendió su primer atardecer, mucho antes de que en la adolescencia el modernismo le provocara  el perturbador impulso  de escribirle un soneto a una mujer, Luis Antonio de Villena es un poeta. Un maestro de la rima con guitarra eléctrica, en la factura de los versos incomprensibles y musicales que le gustaban a Lezama Lima y un descubridor tenaz de la poesía silvestre y enmascarada que sobrevive en las conversaciones de la calle, las tabernas y los tugurios.

Se trata de alguien  que sabe los secretos de las formas y, como es culto y escribir para él es un movimiento que sigue el ritmo y las exigencias de la respiración, Villena  hace novelas, cuentos, biografías, ensayos, criticas y columnas periodísticas para que la poesía  confunda  y subyugue toda la literatura.

Es importante leer este libro  y vivir la aventura de una travesía que el poeta  ha dedicado a su querido amigo Gastón Baquero porque se puede tener la ensoñación de que entramos acompañados por el cubano a la obra de Villena, a su mundo sorprendente y peligroso y que podemos andar por Madrid hasta el amanecer con su pandilla de disidentes, paganos y pecadores. 

 


Luis Antonio de Villena, Cuerpos, teorías, deseos (Verbum, Madrid, 2014).

Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

El reseñista se desboca en los elogios. Un poco de mesura, que Luis Antonio de Villena no es Cernuda...

Imagen de Anónimo

Agradeciendo el presentar a este poeta, para mi, desconocido con una extensiva bibliografía;  hay para rato.

La Marquesa