Crítica

'Poemas míos escritos por otros': un atentado contra la Verdad

El continuo juego de heterónimos presente en la obra de Dolan Mor sitúa al ser en el espejo de su nada.

La poesía de Dolan Mor supone un atentado contra la Verdad en lo referente a lo que esta implica de construcción del yo ya que es una versión teatralizada de lo que debería ser. El continuo juego de heterónimos presente en toda su obra sitúa al ser en el espejo de su nada, aquella que desnuda su realidad como identidad dominada ("guionizada") por algo que predetermina su subjetividad. Todos estos sujetos-heterónimos tienen algo de negación, de destrucción, tal vez sean un homicidio de ese yo ficticio que es un personaje de la realidad. Las identidades interpuestas (de las que el autor incluye fotos y referencias biográficas) mediante estos autores son un viaje de negación, un suicidio indirecto, la autodestrucción de lo identitario.

Ya se sabe que somos herederos del lenguaje que nos define como sujetos sociales y que establece unas estructuras de mirada de lo real que condicionan nuestros deseos. Nos creemos sujetos libres, dominadores de nuestra individualidad que sentimos como propia en su diferenciación, pero somos también el resultado de múltiples construcciones, influencias, siendo nuestro yo un puzzle de diversos juegos de dominación y poder, algo similar a lo que Foucault entendía como la microfísica del poder. Es decir, estamos predeterminados por las innumerables formas sociales, antropológicas, culturales, que moldean al individuo. Foucault nos propone esta lectura formulada en lo que desarrolló teóricamente como el método arqueológico, fijando una visión de espacios de orden profundo que preexisten a todo sujeto.

En El plagio de Bosternag, el primer poemario de Poemas míos escritos por otros, ya podemos percibir esta denuncia de un yo poemático que entiende que su verdad viene determinada por el lenguaje, ya que este ha ordenado y constituido su mirada sobre la vida:

 

Las palabras que uso

fueron trajes usados por millones de bocas

o de manos escribas; por tanto mi discurso

es la sombra de un plagio que imita la oquedad.

 

La lengua es la mano que mueve la marioneta que somos, sus hilos son variados, uno es la verdad lógica que implica anular otras miradas más libres como la poética, hay otros como la moral, la razón, lo cultural. Cada movimiento de pensamiento efectuado es algo que residía ya en un orden que nos pre-existe como entidades ontológicamente autónomas que ilusoriamente creemos ser.

En alguno de los últimos libros de Poemas míos escritos por otros se viaja hacia otras posibilidades en el lenguaje. Así sucede en La motonieve, que recurre a la máquina como forma de metaforizar el lenguaje, su cosificación, sus límites. Se plantea la posibilidad de que al abandonar la lógica quede solo la pureza del lenguaje, la liberación del yo en las fronteras de la palabra, en ese otro lado de lo no decible, aquello que la logicidad impide contener en el signo: "Música/ de excrementos podría ser/ su humo/  como mi pensamiento/ (desarmado)/ filosofía/ de la construcción/ de-construida".

Esa motonieve es la liberación de otras formas de pensar que quedan fuera de lo establecido con el logos y sus afiliaciones a una forma alienante de entender la verdad:

 

Una vez agotado

el recurso del idioma,

qué solución omite

su bello esquema

(la teoría en la vejez

de la metáfora)

para una instalación

en el texto sin avería

como vehículo sin lógica

de desplazamiento.

 

Hay también una mirada onírica cercana a las teorías de Lacan y Freud, esta nace de la duda del verdadero estatus ontológico del yo como entidad real en la medida de una voluntad libre que no vea conducidos sus deseos. Lacan profundiza en los niveles ocultos de influencia que pueden anidar en toda subjetividad, su trabajo nos dirige a la idea de la existencia de un formalismo oculto a la conciencia que domina las conductas humanas y que efectúa su influencia en ellas sin que el sujeto lo sepa.

Es como si el verdadero yo estuviera silenciado y su ser, el de la conciencia, estuviese poseído por un animal indomable que es la verdad, la lógica, el lenguaje por el que se estructuran estos organigramas ajenos al verdadero ser que habita en el silencio de sí mismo, en el subconsciente.

Por eso afirmará Jean Reboul: "El ser es sin duda el inconsciente que se revela, oculto, a través del lenguaje, al mismo tiempo su rebaño y su pastor, que solo comprende un reducido número de combinaciones posibles entre sus elementos. Y el lenguaje está siempre ya allí, como un firmamento de formas trascendentes, y no tiene que entrar en el hombre, es el hombre quien debe situarse en él" (Jacques Lacan, Las formaciones del inconsciente).

Freud trabajó los niveles profundos del otro yo, el del subconsciente, que se encuentra aprisionado por la conciencia dominada por la lógica y sus dictámenes racionales y morales. El verdadero yo que es libre está atrapado en la cárcel de la razón, en la prisión de la lógica de la cual el lenguaje forma parte de su edificación de verdades, por este motivo la libertad reside en los sueños, que son la verdadera gramática del deseo no condicionada por las leyes racionales del lenguaje y por la moral.

En Bajo los tilos, otro poemario de esta antología, el poeta Alexander Klivat, en un libro apócrifo (un juego de negación identitario y de renuncia a lo discursivo) hace referencias a Freud, ya que el texto arranca diciendo: "Y si Freud te dice…". Posteriormente leemos: "pues solo eres un sueño/ que viaja sin moverse/ el texto desgajado/ inconsciente de un trazo/ de lo onírico dice/ que no hay mundo ni árbol/ o que tú ya no existes/ todo es renunciación/ la memoria que miente/ la selva del lenguaje".

Otro libro también apócrifo dentro de Poemas míos escritos por otros es La dispersión Nóisrespid al, que presenta un interesante juego paródico de la traducción ya que el texto en español se presenta también en la versión "original" que en realidad es una inversión de las letras, lo que implica una escritura al revés que si se efectúa de esta manera nos lleva al texto que tenemos previamente en castellano.

Para ser preciso, es más que una traducción una "contra-traducción", ya que implica la negación de esta y la de toda lengua como constructora de una ontología de lo real. Este lenguaje invertido es un juego sutil que nos lleva a la perspectiva de que la realidad debería ser leída de forma inversa, de forma opuesta a lo que establece el logos y su mirada racional.

Todo el libro supone una lucha contra la palabra y sus limitaciones lógicas sobre lo real, se renuncia al lenguaje ya que no puede dar lugar a otras voces, verdades, realidades, aquellas que quedan fuera de lo racional, que son la mirada poética que fue desterrada por la racionalidad. Hay que acercarse a la verdad de lo poético con una mirada cercana a lo que María Zambrano entendió como "la razón poética", es decir, aquel pensamiento que no fuera solo el de la razón, sino que incluyera también la mirada libre y otra de lo poético.

Entre todos los poemas de este interesante juego de lucha contra el lenguaje destaco el siguiente con su respectiva "contra-traducción": "Sangra la voz/ (el texto)/ sin pétalos/ ni aromas/ allá entre el roquedal/ después/ de la ventana/ así muere el jardín/ sin sembrar/ el poema". Siendo las traducciones o inversiones de lenguaje las siguientes: "zov al argnas/ (oxet le)/ solatép nis/ samora in/ laudeuqor le ernte álla/ séupsed/ anatnev al ed/ nídraj le ereum ísa/ rarbmes nis/ ameop le".  

Sin duda, la obra de Dolan Mor, recogida en estos dos volúmenes, es un desafío hacia el yo libre, proponiendo que se convierta en exiliado de la palabra, que abandone el territorio de la Verdad y del logos, que se dirija a la libertad del silencio, del contra-lenguaje, del contra-pensamiento, que viaje desde la disidencia de lo establecido hacia algo que lo libere en lo poético, en la palabra no escrita, no decible, en las identidades subversivas que hacen visible el juego de alienación que subyace en todo yo, esclavo de la moral, de la lógica, del lenguaje.

El yo debe autoinmolarse en el silencio, morir en su negación para así dar lugar a otras miradas, aquellas que intuyera María Zambrano en su "razón poética".

 


Dolan Mor, Poemas míos escritos por otros (Aduana Vieja, Valencia, 2012).