Miércoles, 23 de Agosto de 2017
02:02 CEST.
Crítica

El reto como frontera

Me comenta un (gran) amigo que retar es un enfrentamiento provocado por el deseo de superación de quien lo propone. Un juego estimulante. Pero establecer el propio deseo como centro de una batalla que aún está por ganarse es demasiado simple para mi gusto.

Propongamos un ángulo diferente, un desafío donde entren en juego más de dos elementos al mismo tiempo, donde no haya tiempo que perder, con el único propósito de asegurarnos mejorar el futuro para siempre, modificando de alguna manera el pasado. Una vuelta de tuerca magistral.

El reto como frontera, como el paso a una realidad que se intuye más allá de todo lo conocido.

"¿Cómo puedes proponerme algo así?", es el lamento reiterativo de Laura, la narradora y protagonista de esta novela, consciente de cruzar una frontera que no tiene vuelta atrás.

El mundo soñado, que es a su vez el mundo vívido creado con Rodrigo, regresa para aportar luz: "Es evidente que aquellos seres están copulando, pero al tiempo que penetran y dejan penetrar, al tiempo que chupan y dejan chupar, al tiempo que poseen y dejan poseer, se devoran. [...] ¿Se devoran? ¿O es que se encuentran hasta lo imposible? ¿O es que exploran la máxima pertenencia?".

Pertenecerse, hacer desaparecer cualquier límite que pueda obstaculizar esta unión, beber de la misma fuente original, ofrendar lo más querido en un último acto de amor. Mucho más que un reto.

Es la propia Laura quien desea dar cuenta de sus experiencias retrocediendo al comienzo de su despertar adolescente, como punto de referencia que le permitirá avanzar en el grado de compromiso con su libertad. Libertad entendida como liberación de sus propios deseos, libertad sexual como libertad de vida.

Y se muestra con esa seguridad exclusiva de quien habla con el conocimiento del terreno que pisa: "Ya sentados, obviando todo preámbulo, se sacó la polla. [...] La exhibió un momento, como esperando que lanzara una dentellada, que me abofeteara por puta. Por estar allí. La niña pija puta".

Aunque El reto es considerado por su autor como la segunda parte de Diosa (Tusquets, Barcelona, 2006), forma una unidad independiente. Vuelve a aparecer Maestro Yuko, como guía y apoyo irremplazable, maestro japonés que introdujo a Laura en el arte del bondage, figura que adquiere ahora una dimensión diferente, formando parte de una de las escenas más sorprendentes de la novela. Y si Rodrigo fue en la anterior novela su compañero alentador e incondicional, en esta ocasión será parte interesada en la propuesta.

Todo lo que representa Rodrigo será el motor que mueva a Laura a tomar la decisión de seguir adelante: "Está conmigo, todo sucede dentro de nuestro amor".

Sin embargo, a pesar del carácter espontáneo de Laura, de su condición de mujer libre regida por el principio del placer, existe una innegable entrega, una gran valentía, una envidiable devoción al amor por Rodrigo que añade un nuevo significado en el transcurso de la novela. Si Rodrigo vuelve a aparecer tal vez de nuevo en la sombra, habrá que recordar que su objetivo prioritario siempre fue la búsqueda de la auténtica Laura, en un círculo cerrado donde ambos se encuentran consigo mismo y con el otro, en esa conmoción de la que hablaba Anaïs Nin en su Diario: "Se vive cobijado, en un mundo delicado, y uno cree que vive [...]. Los síntomas de la hibernación se pueden detectar fácilmente. El primero es la inquietud. El segundo es la ausencia de placer. Eso es todo. Monotonía, aburrimiento, muerte. Hay millones de personas que viven (o que mueren) así, sin saberlo. [...] Hasta que llega una brusca conmoción: una persona, un libro, una canción y los despierta y los salva de la muerte".


Juan Abreu, El reto (Jot Down Books, Barcelona, 2013).

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