Miércoles, 23 de Agosto de 2017
02:02 CEST.
Narrativa

La cacería permanente

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Cuando vinieron a buscar a los de pelo largo, puede escapar a tiempo y me fui lejos.

Pero entonces fueron allá a buscar a los negros y no me quedó más remedio que lanzarme por una alta ventana. Aunque me rompí una pierna, tuve suerte durante un tiempo.

Entonces fue cuando vinieron a buscar a los vagos y, como venían con tanta furia, me escondí, cojeando, por si acaso, y como nadie me vio sobreviví otra vez.

Pocos meses después vinieron en busca de los confundidos y, cojeando, con toda la prisa de que fui capaz, me oculté entre gente que no me delataría.

Y fue entonces cuando comenzó la búsqueda de los idiotas sin salvación y, en mi apresurada fuga, me arrojé al vacío desde otra alta ventana y me rompí la otra pierna.

Durante mucho tiempo, escondido, esperé a que sanaran mis piernas, pero me resultaba imposible dar más que dos o tres pasos sin sujetarme de algo o de alguien. Vivir se había convertido en una hazaña que yo no estaba dispuesto a continuar eternamente.

Por fortuna para mí, una madrugada vinieron en busca de los cojos y no tuve siquiera que levantarme de la cama. Lo peor fue que, desbordado por el terror, me sumergí en laberínticas explicaciones de todas mis fugas anteriores.

Pero ninguno de mis captores perdió un minuto para escucharme.

 


Ernesto Santana nació en Puerto Padre, en 1958. Ha publicado varios libros de cuentos y las novelas Ave y nada (Premio Alejo Carpentier, Letras Cubanas, La Habana, 2002) y  El carnaval y los muertos (Premio Franz Kafka, Agite/Fra, Praga, 2010).

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