Martes, 12 de Diciembre de 2017
22:28 CET.
Crítica

Textear a Humberto López Morales

La comprensiva ironía del lingüista cubano Humberto López Morales alza la vista ante textear. Sabe que por ahora no se acepta en el Mataburros de la RAE que conoce, forma, discute. Encuentra, sin embargo, a un cuasi homófono en Chile y Argentina: testear, que procede de test y significa someter algo a control o prueba. Textear y testear sus Estudios sobre el español en América esta noche de Miami es otro juego crítico, noche órfica, placer de las palabras, de su razón de existir.

Para los que nos adentramos en los estudios lingüísticos en la Universidad de La Habana, entre clases de Latín de Vicentina Antuña, el profesor del Círculo Lingüístico de Praga Oldřich Tichỷ y enjundiosos volúmenes de Rafael Lapesa, Ramón Menéndez Pidal, Tomás Navarro Tomás y Heinrich Lausberg, presentar un nuevo libro del académico López Morales tiene también el aquello —parece  un demostrativo medio nostálgico y rabioso— de no haber disfrutado de sus clases, como tampoco en esos años de otro grande de la filología cubana: José Juan Arrom, professor emeritus of Spanish and Portuguese de la Universidad de Yale.

No es noche, sin embargo, para urdir entre diásporas y exilios. Íntimo amigo de los prefijos, Humberto gusta de la paradoja entre disenso y consenso. La primera virtud a resaltar en esta heterogénea compilación es cómo invita a percibir las paradojas a través de una lectura crítica. Nada, para nada autoritaria. Por ejemplo, cuando trata el controvertido tema del español en los Estados Unidos, donde puede caer en una visión demasiado optimista, ya que en segunda o tercera generación suele perderse el español. Por lo que las estadísticas sobre hispanohablantes, entre ellos la comunidad chicana, parecen poco fieles a un fenómeno ya ocurrido con otras emigraciones, como la italiana, ante la lógica obligatoriedad del inglés.

Y aquí tal vez llegue a cuento una cualidad que Octavio Paz exaltara en un texto cuyo título parece cubano: "El peregrino en su patria", recogido en Historia y política de México. El poeta y ensayista que tanto luchara a favor de la libertad de pensamiento y de expresión, afirmaba allí: "La crítica es el aprendizaje de la imaginación en su segunda vuelta, la imaginación curada de fantasía y decidida a afrontar la realidad del mundo. La crítica nos dice que debemos aprender a disolver los ídolos: aprender a disolverlos dentro de nosotros mismos"  (Obras completas, volumen VIII, FCE, México, 1993, p.324).

Porque la máxima atracción que se experimenta al leer estos ensayos, como ocurre con sus libros anteriores, está en el disfrute de su obsesión  crítica. Las dos secciones —publicados e inéditos— en que segmenta la entrega, dan muestra fehaciente de que estamos ante un intelectual de pensamiento liberal, ajeno a cualquier frontera filosófica o política, a cualquier credo que pueda discriminar —recalcitrante y apolillada— una zona léxica emergente, una construcción sintáctica ríspida, una pronunciación local o una frase estandarizada que de pronto se viste con un inusitado ropaje.

Humberto López Morales ha aprendido a disolver ídolos. Peregrino desde que salió de Cuba, su obra le hace honor a Octavio Paz en el sentido de que sabe "afrontar la realidad del mundo" sin orejeras, sobre una hermenéutica que podría relacionarse con el vienés Ludwig Wittgenstein en su etapa pragmática, donde parte, no de premisas lógicas, sino de una indagación lingüística que busca el habla, estudia los seres humanos como portadores y creadores de lenguaje, se pregunta —nos preguntamos— para qué sirve hablar.

Tal prioridad a lo empírico, además, sabe incorporar los aportes teóricos que contribuyen a cualificar la autoridad mundial del autor en su especialidad, dentro de la lingüística de habla hispana, esté donde esté. Para los no especialistas, pero enamorados de los "hablares" —como cualquier lector activo—, posee un determinante mérito incorporado: nos involucra en sus excursiones, nos cuela de polizones en su barco. No muy furtivamente nos convierte en marineros para que podamos otear sus horizontes verbales.

Por ello quizás sea aconsejable —para lectores como yo— centrar la lectura de los ensayos en aquellos más especulativos. Apenas detenerse en los que se refieren a personalidades y revistas para autodidactas eruditos y académicos del sector. De modo tal que pueda partirse de una conocida premisa, inherente a cualquier compilación carente de espíritu gregario: buscar por los títulos y una somera lectura vertical los temas más cercanos: tal vez más generales, tal vez más intrigantes, tal vez más polémicos…

Se hallan en ambas secciones. En la primera, que comprende textos publicados en diversos sitios entre 1996 y 2011, experimenté particular interés en los siguientes: "La hispanización lingüística en Hispanoamérica", "A propósito de 'La Academia y los americanismos de La tía Julia y el escribidor', de Ana Isabel Navarro Carrasco", "Tendencias del léxico hispanoamericano actual", "La actuación de las Academias en la historia del idioma", "Un nuevo corpus para el estudio del español: la disponibilidad léxica" y el magistral "Presente y futuro del español".

En la segunda, que compila textos hasta aquí inéditos, me fue provechosa la lectura de los siguientes: "Sobre El español en el Sur de los Estados Unidos", "El nuevo Diccionario de americanismos y el futuro de nuestra lengua" (labor que dirigiera con brillantez y paciencia infinitas), "Presente y futuro del español en California", "La muchacha hará carrera" (testimonio hermoso de su labor como maestro) y el tan polémico, desenfadado ensayo: "Precisiones sobre el llamado espanglish".

No por obvia dejo de abrir la invitación crítica —recuerden las palabras de Octavio Paz— a que cada lector de Estudios sobre el español en América arme sus preferencias como mejor le plazca. Lo indubitable es cómo estos artículos, discursos, entrevistas y conferencias, complementan sus investigaciones mayores en la medida que sin ser guerreros —según el propio autor dice en la "Introducción"— encuentran peleas contra enemigos viejos y nuevos, contra prejuicios de siglos o de cenáculos y trivializaciones de apenas décadas. Ahora, cuando los multiculturalismos y planes de estudio sesgados, dentro de las llamadas ciencias sociales, acortan horizontes porque desde las llanuras no hay muchas perspectivas posibles.

El actual director de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, Gerardo Piña Rosales, titula su prólogo al libro con una caracterización que resume con exactitud la apreciación que aquí he tratado de ensamblar. Afirma certeramente: "La fascinación por la lengua y las palabras: Humberto López Morales".

Solo pueden formar parte de esa fascinación —sin ella no existirían— los disímiles esfuerzos de publicación de la valenciana y cubana Editorial Aduana Vieja, cuyo décimo aniversario celebra hoy  —se da lija su director, Fabio Murrieta— con este libro centrado en el español escasamente policéntrico, que nos da la alegría de comunicarnos casi sin interferencias. Donde una madrileña lectora de Jorge Volpi conversa alegremente con un mexicano lector de María Dueñas. Porque desde Phoenix hasta Piura, desde San Juan hasta Alicante, repetimos el título del que a lo mejor es el libro clave de este cubano, a quien no le hace falta ser miembro de la politizada Academia Cubana de la Lengua: La andadura del español por el mundo (Premio Internacional de Ensayo Isabel Polanco, México, 2010).

Lo que quizás no todos ustedes sepan es que la tesis de doctorado de Humberto López Morales fue un estudio lingüístico de las Églogas de Juan del Encina, en la madrileña Universidad Complutense, bajo la tutoría nada menos que de Rafael Lapesa, autoridad entre autoridades. Aquí las casualidades del azar solo asombran a incrédulos: Juan del Encina fue alumno de Antonio Nebrija, aquel gramático eminente. Juan del Encina, considerado uno de los pilares fundadores del teatro español y el primer traductor relevante de Virgilio al castellano, fue un viajero, un peregrino, un andador en busca de trabajo como músico, cantante, profesor... Su obra maestra, la Égloga de Plácida y Vitoriano, es también un documento decisivo para el estudio del español que entonces comenzaba su polifonía. Humberto López Morales y sus polifónicos estudios lingüísticos se sitúan en esa tradición humanista, sin fronteras, donde cada texto es test, preguntas que peregrinan en busca de respuestas plurales, tan del elogio de la vida campestre como de la Roma de Virgilio, latinas y de cada lengua romance.

¿Andadura no es a la vez peregrinaje? ¿Octavio Paz no es a la vez la sociolingüística fuerte, especulativa, formadora de hipótesis? ¿Textear no debe aspirar a testear? Bien lo sabe y ejerce Humberto López Morales en la patria de su lengua. Así lo disfrutamos sus lectores peregrinos.


Humberto López Morales, Estudios sobre el español en América (Aduana Vieja, Valencia, 2013).

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Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

Textear es una bellísima palabra, no hay que mejorarla ni refinarla. Hay que aceptarla!!  Pobres palabras en el closet!!

Imagen de Anónimo

El peor diccionario de todas las lenguas, lento y torpe como un si matara un burro a pellizcos, poblado por casposos chupatintas que impiden el progreso de nuestro idioma en lugar de propiciarlo. El peor diccionario online también, el de la RAE, con tecnología de hace una década o dos. Todavía estos señores almidonados están discutiendo si la palabra "distopia" es parte del idioma. Tampoco existe "muengo", algo que les pega a estos señores pues parecería que les falta una oreja para oír el habla natural con claridad. Una buena alternativa es el Diccionario del Español Actual, de Manuel Seco. Textear, cliquear y guglear ya existen, ellos nos e han enterado...