Domingo, 17 de Diciembre de 2017
18:50 CET.
Poesía

Al lado de Lidia, convaleciente

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Hago figuras con la penumbra que se estacionan
en lo más alto del techo;
objetos y animales turbados por el vaho caliente
que esparce el vano viento que penetra por los resquicios
luego de mover ligeramente las hojas de los árboles
que han crecido a la altura de las ventanas.
Refrescan con su aliento los pasillos que huelen a lejía,
y por el que reparten, a cada convaleciente, el pan sin levadura
junto al jarro de leche entrecortada y humeante,
antes de que simulen entregarse al descanso o se despidan
para siempre de sus camas de hierro,
capa de pintura sobre la otra, varias veces
los verdes en diferentes tonalidades.
Se anclan en la penumbra más alta las complejas máquinas
que no sabría echar a andar.
Un globo aerostático se oculta en un cielo tempestuoso
que intenta resguardarse en la coposa fronda de los árboles.
Un enjambre de peces voladores andan por las grutas soterradas
de la oscuridad del techo.
Luego pongo atención
a lo que estará queriéndole responder al sueño
mi esposa que jadea, pausadamente,
con igual ritmo acompasado de sus palabras.
Son pocos los sonidos que la noche deja traspasar,
a través de las raídas ventanas del hospital.
Pocas las estrellas que desde un ángulo propicio puedo observar.
La noche, que llega desde un vacío cuyos límites solo sospecho,
deja caer alguna tenue luz sobre su cuerpo.
Le acaricio la frente. Es hermoso estar al lado suyo
aún cuando está dormida
y no pueda decirle que las figuras que he formado en la penumbra
también le pertenecen, incluso esos aparatos inservibles
que esta larga noche no me ha alcanzado para ponerlos en marcha.


Arístides Vega Chapú nació en Santa Clara, en 1962. Sus últimos libros de poemas publicados son Días a la deriva (Reina del Mar Editores, Cienfuegos, 2003) y la antología personal Que el gesto de mis manos no alcance (Unión, La Habana, 2007). Este poema aparece en la antología Bojeo a la isla infinita (con introducción y selección suya, Betania, Madrid, 2012).

Otros poemas suyos: Cabeza de familia y Amanecer en Santa Clara.

Bojeo a la isla infinita contiene poemas de Sergio García Zamora, Ihosvany Hernández González, Sonia Díaz Corrales, Juan Carlos Recio Martínez, Arístides Vega Chapú y Félix Anesio. Puede descargarse gratuitamente aquí.

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Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

Anónimo 12:08 pm, ¿qué es concodancia?En tu vida has leído poesía a derechas, seguramente. Entrále a Góngora o a cualquier poeta barroco y verás lo que es problema de "concodancia". Porque la poesía puede descoyuntar el idioma, aunque no lo sepan gente como tú. Y la frase es perfectamente aceptable.Y evidentemente, lee también algo de diccionario, porque estacionarse cabe muy bien en la segunda o tercera acepción del término que da la RAE.Si mueres de ese infarto que te anuncias es por cascarrabias e ignorante, mala combinación.

Imagen de Anónimo

Desde el primer verso el poema es un desastre: problema de concodancia!"Hago figuras con la penumbra que se estacionan"Con quién concuerda "estacionan". No puede ser con el singular "penumbra". Entonces es con "figuras".Debe decir entonces:"Hago figuras que se estacionan con la penumbra".Pero bueno, qué empleo tiene ahi el verbo "Estacionarse"?http://lema.rae.es/drae/?val=estacionarseParquearse, como decimoes en Cuba? O...cambiarse de estacion (lo cual seria un neologismo...por carambola...)Cualquier dia de estos los poetas cubanos me matan de un infarto...antipoético !