Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
18:59 CET.
Cine

La muerte del estalinismo en Bohemia

Heredero de Jiři Trnka, Charles Bowers, Ladislaw Starewicz, y de todas la escuelas-movimientos de animación centroeuropeos, Jan Švankmajer (Praga, 1938) es, entre los cineastas actuales, el que mejor representa una tradición donde el cine más que como crónica se concibe como "fractura", más como "límite" que como divertimento. Es decir, algo que tiene poco que ver con el negocio de entretener a las masas y, más, con una suerte de gesamtkunstwerk (obra de arte total) de los sentidos, de reflexión exagerada y exacta.

Sus películas, pudieran ser descritas de esta manera: un hombre se come a otro. Un hombre se come a otro y a otro y a otro hasta que vomita a otro. Un hombre se come a sí mismo...

Švankmajer, quien comenzó con cortos como El último truco del Sr. Schwarcewallde y del Sr. Edgar (1964), un filme sobre dos ilusionistas que bajo cierto frenesí competitivo terminan desacoplándose pedazos del cuerpo, hasta Insania (2005), uno de sus últimos largometrajes (suerte de homenaje al Marqués de Sade y a Edgar Allan Poe), es, como decíamos antes, uno de los pocos que ha tomado las diferentes tradiciones de animación que circulan por Europa y agregándole su obsesión por lo escatológico, las marionetas, Arcimboldo, el delirio, el teatro negro, lo zoológico, ha logrado construir una diferencia visual-conceptual, un espacio subversivo, para decirlo con una de las palabras que más se repiten alrededor de su trabajo.

Sus cortometrajes —sin dudas, la zona de su cine más abultada—, pudiera nombrarse de la misma manera que los funambulistas clasifican un parque de diversiones: cine de horror o donde el hombre se devora a sí mismo, cine tanatológico (aquí entraría su maravillosa Kostnice, una visita al osario de Sedlec cerca de Kutna Hora) o de lo muerto, cine social o antropológico (Dimensiones del diálogo, Juegos viriles, Comida...), cine de divertimento o de figuritas (Johann Sebastian Bach: Fantasía G-moll e Historia naturae, inspirada en la locura coleccionista de Rodolfo II), cine de propaganda...

De hecho, si algo ha hecho grande a Švankmajer, aunque a él le cueste reconocerlo, es lo que Krakauer en su extraordinario ensayo sobre Leni Riefenstahl llamaba "el arte de propaganda". Esto es, un cine que va a reconstruir la épica de una ideología para gloria o animadversión del público. En el caso de la alemana para lo primero, como sabemos todos, ya que el Triunfo de la voluntad era además un encargo personal de Hitler, como se deja entrever en los créditos iniciales de la película. En el caso del checo, lo segundo.

¿No es acaso la propaganda, todo lo que se estructura alrededor de ella, una gran invención, tal y como demostró la Riefensthal y tal como llevó a su perfección pesadillesca el autor de La muerte del estalinismo en Bohemia, que es como se llama la película de Švankmajer, y la cual, quizá, junto a Triumfo de la voluntad y algún documental de Santiago Álvarez pueda ser considerado como lo mejor que se ha hecho alguna vez en ese género?

Dice Švankmajer: "A pesar de que esta película brota de la misma senda imaginativa de la que brotan el resto de mis películas, nunca tuve la intención de que fuera algo más que propaganda. Por lo tanto, pienso que se trata de una película que envejecerá más rápidamente que cualquier otra" (Para ver, cierra los ojos, Pepitas de calabaza, Madrid, 2012).

Para suerte nuestra, no. La muerte del estalinismo..., por su estructura circular, su final irónico-clínico, su crítica al nacionalismo, su politicidad, quizá sea, dentro de las diferentes películas de Švankmajer, una de las que siempre dará que hablar. Entre otras cosas, porque la muerte en la película no es exactamente una muerte. Y porque en la vida, la tentación totalitaria parece estar siempre renovándose, tal y como demuestran ahora mismo varios monstruos en varios lugares.

¿Pudiera unirse esta reflexión política de Švankmajer a eso tan presente en el resto de su cine y podemos llamar simplemente lo animal, lo cruel, la humillación, lo muerto?

Supongo que sí y, supongo, que si alguna vez se decide a hacer una suerte de hybris entre el Triunfo de la voluntad y Saló, lo que saldrá de ahí cuando menos será una bomba. Así que mientras tanto agarremos el Lagavulin, sentémonos comodamente y, veamos las más de cuarenta películas del maestro checo. Su cine, como los buenos "maltas", hay que degustarlo despacio, aunque con una pistola en la mano.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.

Comentarios [ 3 ]

Imagen de Anónimo

Crítica, eso va bien. Que copien. 

Imagen de Anónimo

Que bueno leer por aquí algo sobre Svankmajer, gracias.

Imagen de Anónimo

Exclente.