17 de Mayo de 2012 - 12:17 pm

Feria internacional del libro

Un día de libros al otro lado de la bahía

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Puestos de comida, precios astronómicos: ¿Cómo hacen los habaneros para poder pagar los precios de los libros?

Reinier, joven informático de aspecto desaliñado, es de los que asiste a la 21 Feria Internacional del Libro a buscar textos imposibles de conseguir durante el año entero en las librerías habaneras.

"Rastreo por todos los stands de las casas editoriales extranjeras. Busco libros sobre informática u otros temas técnicos que solo puedo encontrar en el marco de las ferias del libro", acota mientras hace una cola de casi cien metros para entrar a un pabellón mexicano.

El viernes 10 de febrero, pese ser jornada laboral, miles de personas entraban y salían cargadas de bolsas de nailon repletas de libros en los diferentes stands habilitados en la Fortaleza San Carlos de La Cabaña, al otro lado de la bahía capitalina.

Las autoridades de la ciudad tienen bien engrasado los servicios gastronómicos y de transporte. Justo frente al Capitolio, media docena de ómnibus son desviados del servicio habitual —empeorándolo aún más— para trasladar a los visitantes hacia la sede del evento.

En un viaje de quince minutos te llevan hasta la entrada de la Cabaña. En los amplios parqueos del recinto, un mar de carpas de vivos colores han sido montadas como cafeterías de servicio rápido.

En moneda nacional se oferta un arroz frito con bastante buena cara, a 15 pesos la ración. Pollo asado y frito a 20 pesos el cuarto. Y pan con jamón y lechón a 5 y 10 pesos.

También cervezas y cubatas. Refrescos, golosinas y helados en cáscaras de coco. Dentro y fuera de la Feria se expenden alimentos en moneda dura.

En La Cabaña la afluencia de gente es vertiginosa. Las personas entran a paso rápido a las antiguas galeras y manosean libros y revistas.

Los precios de los libros por divisas no son cosa de juego en un país donde el salario promedio es de 20 dólares mensuales. Las revistas y libros más baratos cuestan 50 centavos en pesos convertibles o cuc, 12 pesos cubanos al cambio actual.

Acorde el salario devengado en la isla, los libros en moneda nacional no son baratos. Suelen costar entre 5 y 50 pesos, el papel y la impresión dejan bastante que desear.

Ya en moneda dura se pueden encontrar libros de calidad. Pero prepare su monedero. Hay diccionarios que cuestan más de 30 cuc.

Si su plan es comprarle libros a sus hijos, no es difícil regresar a casa con los bolsillos vacíos. La variedad de libros infantiles es amplia; escritores universales, cuadernos didácticos, para colorear. Pero los más asequibles cuestan 1 cuc.

Una señora mayor armó un escándalo cuando al pasar por la caja le dijeron que el minúsculo libro de adivinanzas costaba 3 cuc, un tercio de su pensión como obrera textil.

A pesar de esto, los niños son quienes mejor parados salen en esta fiesta anual del libro. Muchos padres y abuelos se las arreglan para comprarles textos con buenos diseños y excelente impresión.

"Es verdad que uno debe pagar una fortuna, pero te recompensa cuando ves la alegría en el rostro de tu hijo", dice Orlando, de 34 años, quien asistió a la feria con sus dos hijos.

Turistas de paso, como el madrileño Fernando, se preguntan de dónde sacan los cubanos dinero para comprar paquetes de libros que equivalen al salario de tres meses de un trabajador.

"Los libros son muy caros en cualquier lugar del mundo, pero quienes los compran, lo pagan con su salario", señala el español. En Cuba la lógica no suele funcionar.

Libros, cervezas o aires acondicionados se venden como pan caliente en el país, a pesar de sus precios.

Varios son los factores que permiten a un segmento cubanos gastar lo que no ganan. Uno, las remesas de los exiliados. Otro, la economía sumergida, mediante la cual a muchos ciudadanos le entra una cantidad de dinero a veces cuantiosa por vías no del todo legales.

De cualquier modo, los exorbitantes precios de los libros no le quitan la calma a tipos como René, 52 años, cuentapropista. Sentado en el patio trasero de La Cabaña, devora un trozo de pollo asado mientras con una cuchara de cartón se lleva a la boca un poco de arroz frito.

"Este país es así. No hay quien lo entienda, ni quien lo arregle. El gobierno con sus precios abusivos, sus impuestos de circulación por las nubes y la población viendo de qué manera se puede robar cuatro pesos", indica.

Al caer la noche el sol amaina y corre una brisa fresca. La gente, desperdigada por el césped y de cara al mar, hojea los libros recién comprados o charla de asuntos importantes o intrascendentes.

Lo hacen en los mismos escenarios donde hace 53 años se escuchaban las descargas de fusilería que acabaron con la vida de miles de opositores a Fidel Castro.

En este falso invierno cubano, La Cabaña se ha convertido en un buen sitio para leer en familia o romancear en pareja.

De fondo, las luces de la ciudad comienzan a iluminar el panorama. Una vista única de La Habana desde el otro lado de la bahía que hace pensar en un remanso de paz. A pesar de todo.

Comentarios

Imagen de Anónimo

Vivo fuera de Cuba en una isla también caribeña, yen las Ferias del Libro se llenan mas los establecimientos de ventas de comida que los estanquillos de lobros, pues no hay ningún hábito de lectura. Los librtos son carísimos, los infantiles y juveniles muchas veces hasta mas caros, y la comida igualemente cra. Sin embargo als personas comran mas comida que libros. Aquí el salario mínimo también es bastante bajo, sin embargo pocas familias salen con tantos libros comprados. "pequeña diferencia" Lo interessante del artículo es que independientemente de todo las familias cubanos se las arreglan para comprar libros para todos los miembros de su famlia, sobre todo de susu hijos. No se han dado cuenta? Para mi esta es la lectura mas importante del artículo. Ademas, quien no tiene para comer, no compra libros, o valoro tanto o igual los libtros que la comida.

Imagen de Asere G

Hace años en esas ferias, yo compraba un libro y me robaba cinco, que metía dentro del abrigo (hacía más frío entonces), bien distribuidos para que no se notaran. Había bastante relajo en el cobro, y además, era la única manera de tener algunos libros que eran demasiado caros para mi salario de cubano normal. Los libros son caros en cualquier parte del mundo, pero es un hecho que donde vivo ahora no tengo necesidad de robármelos, ni de estar contando los kilos a ver si me alcanza, viéndolos en ferias del libro con mucho más ranking que la de La Habana.

Imagen de Anónimo

Un bochorno que un país se permita cobrarle a su ciudadano de a pie un libro en una moneda que no forma parte de su salario. Me entristece, con la cantidad de libros que tengo en mi poder y que con mucho gusto donaría a los que les gusta leer. Pero eso les pasa por aplaudir esos eventos, no asistan a la feria, no compren, que se hundan en deudas los organziadores y ya verán. pero nada,s eguro que compran con la ayuda de los torpes familiares del exilio o del dinero robado de cualquier manera en la isla.

Imagen de Anónimo

A Iván y a muchos más que escriben sobre la Cabaña nunca se refieren, que paralelamente al presidio político de la Cabaña, existía una prisión militar, no conocí el rigor del presidio político, pero si el rigor del presidio militar, que además del rigor carcelario, existían todos los vicios y la bajas pasiones que caracterizan a las prisiones en cualquier parte del mundo. Soy testigos, desde  galera 28 de la prisión militar, que se ubicaba al frente del paredón de fusilamiento, que nosotros los presos militares conocíamos como “el palito” de los fusilamientos, del grito viva Cristo Rey, de los disparos del pelotón y del tiro de gracia, los casos a que me refiero no fueron en el 59 fueron en la década 60. Por eso lo que dice el español, Anónimo - 18-02-2012 - 5:43 pm, “el ajusticiamiento de los dirigentes nazis y nipones, fue un acto de justicia retributiva”, no es el caso, porque al caso que me refiero fueron de estudiantes universitarios, militares del ejército rebelde que conspiraron contra el naciente castrismo, porque se sintieron traicionado y muchos más que no pertenecieron a la dictadura de Batista que se rebelaron contra la implantación del comunismo en Cuba, muy seguro que este español justificaría, a estas altura, a la corona española por el fusilamiento de los estudiantes de medicina, en el siglo 19, diciendo que “fue un acto de justicia retributiva”, COMENTARIO de Esopo.

 

Imagen de Anónimo

A Iván y a muchos más que escriben sobre la Cabaña nunca se refieren, que paralelamente al presidio político de la Cabaña, existía una prisión militar, no conocí el rigor del presidio político, pero si el rigor del presidio militar, que además del rigor carcelario, existían todos los vicios y la bajas pasiones que caracterizan a las prisiones en cualquier parte del mundo. Soy testigos, desde  galera 28 de la prisión militar, que se ubicaba al frente del paredón de fusilamiento, que nosotros los presos militares conocíamos como “el palito” de los fusilamientos, del grito viva Cristo Rey, de los disparos del pelotón y del tiro de gracia, los casos a que me refiero no fueron en el 59 fueron en la década 60. Por eso lo que dice el español, Anónimo - 18-02-2012 - 5:43 pm, “el ajusticiamiento de los dirigentes nazis y nipones, fue un acto de justicia retributiva”, no es el caso, porque al caso que me refiero fueron de estudiantes universitarios, militares del ejército rebelde que conspiraron contra el naciente castrismo, porque se sintieron traicionado y muchos más que no pertenecieron a la dictadura de Batista que se rebelaron contra la implantación del comunismo en Cuba, muy seguro que este español justificaría, a estas altura, a la corona española por el fusilamiento de los estudiantes de medicina, en el siglo 19, diciendo que “fue un acto de justicia retributiva”, COMENTARIO de Esopo.

Imagen de lenteja

los que compran en con la fula de nosotros y despues nos mandan un librito de regalo de la Feria.  Mientras que sea de Nitza Villapol pero no me mandaron Mientras Agonizo de William Faulkner. Pa' su escopeta.  Quizas creen que William Faulkner era de las Islas Malvinas.

Imagen de le zumba

que conviertan el lugar en un monumentos a los que fueron fusilados por el Reich cubano.  Eso de tapar con libros el sordido escenario es una infamia mas de los vegestorios que siguen a los vegetalescomatososverborrosos de Fidel y Raul Castro.

Imagen de Anonymous

Para el progre y mal español, analfabeto de la situación cubana, muy nuestra: ¿dónde tiene usted sus entendederas? ¿No leyó que a los habaneros los llevan en autobuses preparados para tal fin, mientras se hace sufrir, aún más, a los ciudadanos de a pie, que viven los horrores del transporte que no experimenta usted en Madrid? ¿No leyó que allí ofrecen comida? Pues esa carnada que para usted, con su barriga llena y su corazoncito,  siniestro y lleno, no representa nada, es la causante de que miles de habaneros vayan a la Feria de la Comida. Le aconsejo que meta sus narices en otra parte, que ya nosotros, aunque los últimos del siglo XIX, somos independientes de la metrópoli. Y por favor, no venga a escupir sobre la memoria de nuestros héroes.

Imagen de Anónimo

 

Como Fernando, también yo soy español y he tenido la suerte de conocer la impresionante feria del libro de la Habana. Sin embargo, yo me he preguntado otras cosas sobre este increíble fenómeno de masas. En Cuba son caros los libros de importación que hay que pagar en C.U.C.s, al igual que los electrodomésticos o la ropa, pero son muy baratos los de producción nacional. Pensemos que un libro infantil medio no baja de 8-10 euros en España y que hay muchas familias con ingresos inferiores a 40 euros/día, por lo que, en una comparativa con el dólar diario de ingresos de un cubano medio (27 pesos) y 5 pesos por libro, llegaremos a la conclusión de que, si es caro el libro en Cuba, también lo es en España en términos relativos y, sobre todo, en términos absolutos.

     Lo que a mí más me llamó la atención cuando visité la Cabaña fue la masiva asistencia de los habaneros a pesar de la distancia del centro de la ciudad y los problemas del transporte. Algo parecido es imposible de ver en España y me imagino que en otras muchas naciones, fruto de una revolución que, como primera medida, decidió la alfabetización de los excluidos por la tiranía nacional y transnacional para que pudieran aprender por si mismos y protagonizar la nueva realidad. Por otra parte, la calidad de los textos dirigidos al público infantil y juvenil ( sobre todo los grandes clásicos) es superior a la media de las ferias en el mundo capitalista, donde editoriales pertenecientes a grandes corporaciones mediáticas anteponen el entretenimiento y el curriculum oculto de los lectores como obedientes y aborregados ciudadanos a una sólida formación. Si en otros tiempos la Cabaña sirvió para el ajusticiamiento de los peores sicarios de la tiranía (a la mayoría se les indultó), considero que, como ocurriera con el ajusticiamiento de los dirigentes nazis y nipones, fue un acto de justicia retributiva ante una sociedad que había sufrido tanto y necesario para construir una nueva realidad que respetara los derechos humanos de todos los cubanos.

 

Imagen de Anonymous

Quizás el rebuzno, o la coz, del Anónimo de las 8:31 am, no sean más que una proyección, un sentimiento de culpabilidad, o una defensa de sí mismo, no lo dudo, por haber sentado allí, sobre la sangre fresca aún, a su Narciso.  Quizás, itero, el rojo del atardecer de su día, sentadito en la Cabaña habanera, sus glúteos aplatanados por unas horas, antes de regresar a su tienda allende los mares, mientras leía sus metáforas semíticas, no fuera más que el reflejo en el tiempo de aquel plasma derramado todavía sobre nuestro espacio, en esa memoria histórica a la que no hemos dado sepultura. Es imposible comparar la Place de la Concorde, donde se decapitó a Luis XVI y a María Antonieta de Austria, hoy centro de París, entre los dos arcos más famosos de la ciudad, con los adoquines y las piedras de aquel querido espacio donde grita nuestra linfa insepulta . Nuestros muertos  si bien eran aristócratas de heroísmo, no vivían en palacio. Las aguas que los recorrían no eran azules.  La Cabaña, en tanto no la hayamos bendecido, enaltecido, santificado, permanecerá como el sitio “donde hace 53 años se escuchaban las descargas de fusilería que acabaron con la vida de miles de opositores a Fidel Castro.” Muy bien por Iván García. Muy valiente su artículo. Y necesario. Gracias.

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