17 de Mayo de 2012 - 12:17 pm

Historia

Vuelta a la buena vecindad

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Washington, anexionismo, Cuba, revolucionarios… El último libro del historiador italiano Vanni Pettinà refuta el relato hegemónico de las relaciones entre Cuba y EE UU.

En los últimos años se ha reproducido un subgénero de ensayo histórico, ubicado en el centro o las proximidades de la historia oficial cubana, que insiste en que la política de Estados Unidos hacia Cuba ha respondido desde inicios del siglo XIX a las mismas premisas. Dotando a las naciones de una estructura psíquica inmutable, esa ensayística intenta persuadirnos de que Washington ha buscado siempre la anexión de la isla a su territorio, mientras que los revolucionarios cubanos —los "verdaderos" cubanos de los dos últimos siglos— han resistido esa voluntad y han logrado coronar históricamente esa lucha con el Estado socialista de 1961.

El último libro del historiador italiano Vanni Pettinà, Cuba y Estados Unidos, 1933-1959. Del compromiso nacionalista al conflicto (Madrid, Libros de la Catarata, 2011), quien estudió en la Universidad de Florencia, con Antonio Annino, y luego en la Universidad Complutense y el Instituto Ortega y Gasset de Madrid, es una refutación de ese relato hegemónico. Una hegemonía discursiva, por cierto, que se siente lo mismo en la academia historiográfica de la isla que en las principales universidades norteamericanas, europeas y latinoamericanas. Diríamos que los lugares comunes a que se enfrenta Pettinà son de los más arraigados en el mundo universitario occidental. Esa pelea contra los demonios agrega virtudes a su investigación y a su escritura.

Pettinà cuenta las relaciones entre Estados Unidos y Cuba en el periodo posterior a la derogación de la Enmienda Platt y anterior a la radicalización comunista de la Revolución Cubana. Desde la perspectiva norteamericana se trata del lapso que arranca con el gobierno de Franklin D. Roosevelt y culmina con la agudización de la Guerra Fría en los años finales de Dwight Eisenhower. Desde la perspectiva insular son los años de la Revolución de 1933, de la refundación de la República en 1940, de los doce años de frágil vida democrática y, finalmente, de la dictadura de Fulgencio Batista.

Pettinà sostiene que la diversidad ideológica y política de la esfera pública cubana de entonces alcanzó importantes interlocuciones en la diplomacia norteamericana. En aquellas décadas no sólo se relacionaron con Washington los gobiernos sino también las oposiciones, las instituciones de la sociedad civil, las iglesias y los intelectuales, los empresarios y los sindicatos, los comunistas, los auténticos, los ortodoxos, los batistianos y hasta los miembros del 26 de Julio y el Directorio Revolucionario. Este libro es, hasta ahora, la más consistente impugnación del cliché historiográfico que asegura que "Estados Unidos se opuso a la Revolución Cubana desde antes de que ésta triunfara".

Aquí se cuenta en detalle el deterioro de las relaciones entre Washington y el régimen de Batista durante todo el año 1958 y las tangibles aproximaciones entre un sector importante del Departamento de Estado y los revolucionarios cubanos. Tanto en su repaso de la Revolución del 33 como en su reconstrucción de la etapa insurreccional de la Revolución del 59, Pettinà encuentra, sobre todo en los National Archives de Washington, evidencias suficientes para descartar el relato providencial que presenta a esas revoluciones dentro de una continuidad quebrada, en relación con las guerras de independencia decimonónicas, y, por tanto, a la pequeña nación caribeña y al gran imperio vecino como sujetos teleológicamente codificados para actuar de una misma manera a lo largo del tiempo.

En dos pasajes de su Introducción, Pettinà cuestiona frontalmente el mito de la "inevitabilidad" del conflicto entre Estados Unidos y Cuba, todavía predominante en la historiografía oficial cubana. Sus fuentes son las mismas que en las últimas décadas han consultado los historiadores oficialistas y no pocos estudiosos occidentales, de mentalidad rígidamente binaria, pero sus conclusiones son discordantes. Tan sólo esta matización interpretativa sería suficiente para dar la bienvenida a este libro, que viene a pluralizar el debate historiográfico cubano. Dice Pettinà:

"Este libro intenta demostrar que, lejos de ser un bloque monolítico en apoyo del proyecto hegemónico norteamericano, la diplomacia estadounidense se opuso a Castro dividiéndose, sin embargo, en el momento de decidir qué estrategia adoptar. La última parte de este libro rescata, así, la contraposición entre un reducto de funcionarios pertenecientes al Departamento de Estado, claramente influidos por un enfoque roosveltiano, y la embajada norteamericana en La Habana que encarnaba una actitud más agresiva hacia el nacionalismo revolucionario cubano…" (p. 18).

Y agrega:

"El camino que condujo a la Revolución así como a la hostilidad de la Administración Eisenhower hacia este proceso de cambio no fueron acontecimientos inevitables. Al contrario, ambos fueron resultado de la convergencia de distintas coyunturas críticas que se sobrepusieron a partir del final de los años 40. Las dificultades de gobernar un país con instituciones frágiles y una economía en transición, los nuevos retos y obstáculos generados por la Guerra Fría y su globalización durante los primeros años 50, las características de un aparato diplomático que, precisamente a lo largo de ese periodo, estaba llevando a cabo su transición desde el idealismo pragmático de la etapa roosveltiana al realismo anticomunista de Eisenhower, contribuyeron a determinar el choque de los años 50 y, finalmente, la ruptura de los 60" (Ibid).

A quienes, a principios del siglo XXI, persisten en dividir a los cubanos en "plattistas" y "antiplattistas", con el propósito de justificar la exclusión de una parte de la nación por otra, no gustará este libro. Aquí se demuestra que cuando la Revolución Cubana triunfó, en enero del 59, la posibilidad histórica de un entendimiento entre Cuba y Estados Unidos, sobre la base de un pacto de buena vecindad entre dos democracias fronterizas, que respetaran sus respectivas soberanías, no estaba totalmente cancelada. Dicha posibilidad, que había surgido con el paradigma roosveltiano, la Revolución del 33 y la Constitución del 40, se vio disuelta no solo por la rearticulación de la hegemonía de Estados Unidos en la Guerra Fría sino por la imposición de una lógica confrontacional a la diplomacia cubana, todavía vigente.

Vanni Pettinà no propone reconstruir ese pasado para regresar al mismo. Los dos exergos de su libro, el de Alexander Hertz ("history is not a libretto") y el de Eric Hobsbawm ("revolutions and progressive moments which break with the past, by definition, have their own relevant past") advierten sobre ese equívoco. Pero esta nueva historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba es una persuasiva explicación de los orígenes de un conflicto, surgido hace medio siglo, y cuya solución sigue siendo tozudamente postergada por quienes tienen en sus manos la creación de un clima de convivencia entre dos vecinos inevitables.

Comentarios

Imagen de Juan Rodriguez

havanablog2059@yahoo.com : Esta repugnante su frase "Cuba ha sido designada por Dios a desafiar al imperio mas poderoso del mundo en sus mismas narices". Mire idiota aqui en el norte de los EEUU el 99% de la gente lo unico que pregunta es cuando por fin se va a morir el dictador Fidel Castro y si su hermano Raul es peor o no con el pueblo cubano. Ellos sienten mucha pena con el destino del pueblo cubano que pinta igual al que vive hoy por desgracia el pueblo haitiano. Nadie quiere que EEUU anexe una isla llena de miseria como la isla de Cuba. De la misma forma que no aceptan legalizar a once millones de inmigrantes ilegales que viven escondidos en los EEUU.

Imagen de Anónimo

Para empezar la "doctrina del destino manifiesto" no tiene que ver con Cuba. Esa doctrina la creó el senador John L. Sullivan para justificar la guerra contra México en 1848 y ya a principios del siglo XX fue abandonada por Washington en sus relaciones con México y América Latina. Usted confunde las políticas neocoloniales que en efecto predominaron en el periodo (1933-59) sobre todo en política económica con el proyecto de "apoderarse de Cuba". Lo primero que debería entender, si dejara a un lado los esquemas de la ideología y estudiara más historia de Cuba, es que no siempre las hegemonías de las potencias se manifiestan por medio de la incorporación territorial o de la limitación de la soberanía de naciones subalternas. Estados Unidos sigue siendo una potencia hegemónica pero su política hacia Cuba hoy no busca la incorporación de la misma a su territorio. Con ese nacionalismo religioso poco favor le hacen Ud y los que como Ud piensan a una izquierda moderna en Cuba.

Imagen de EL CONTESTATARIO

REPLICA AL ANONIMO 5:12

Creo que Ud no leyo o interpreto bien mi comentario. Esta bien claro con la expresion que un fideo no hace la sopa, que en ese periodo no hubo ningun intento publico de anexion, pero eso no quiere decir que no haya existido el objetivo constante de EE.UU de apoderarse de Cuba. Ese periodo fue marcado en Cuba con un profundo neocolonialismo donde los presidentes tenian que obedecer la exigencias de Washington. De una forma abiertamente anexionista , como de una forma neocolonialista, como dijo Marti, EE.UU estaba destinado a descargar su fuerza brutal sobre las Antillas. Aun hoy no renuncian a ese principio haciendolo la guerra sucia a la isla indomable. Por ironia de la historia universal, Cuba ha sido designada por Dios a desafiar al imperio mas poderoso del mundo en sus mismas narices, por eso es la obsesion con Cuba, por eso se odia y por eso se le quiere destruir, por la ley maldita imperial del DESTINO MANIFESTO.

havanablog2059@yahoo.com

Imagen de Anónimo

Contestario, ¿podrías decirnos cuándo entre 1933 y 1958, que son los años que se estudian en este libro, Estados Unidos intentó incorporar Cuba a su territorio? Ilústranos, por favor.

Imagen de Anónimo

Rojas, la convivencia entre Cuba y USA además de necesaria es inevitable porque ese estado de amor y odio entre los dos países, a mi modo de ver, no es cuestión de los pueblos y más bien de en primer lugar de ese espina clavada en el corazón de muchos españoles al considerar que nuestra independencia no fue producto de nuestra tres guerras libradas contra España ,sino la intervención armada de USA, que se fue acrecentando en muchos descendiente de emigrantes españoles, lo que se puede corroborar, o mejor dicho intuir, en que la dirección de la que se ha llamado revolución cubana que son descendiente directos de emigrantes españoles. La otra cuestión sin duda fue la enmienda Plat.  Decía que esa convivencia era inevitable porque esas dos naciones a través de la historia se han hecho más dependientes, además de la necesidad del comercio y las relaciones económicas, por la cantidad de cubanos y descendientes de cubanos que se han incorporado por naturalización o por nacimiento a la nación americana. Pienso también que en esa relaciones hay una cuestión que puede favorecer o desfavorecer mucho, que es la incorporación de la cuestión cubana a la política domestica americana a través de los políticos cubanoamericanos, que hace que el congreso americano legisle directamente sobre los problemas de Cuba, lo que exacerba el platismo y el antiplatismo que sin duda crea duda y desconfianza en muchos cubanos y fundamentalmente en la masa pensante de la nación cubana, algunos se preguntan ¿será que en nuestra futura democracia muchas cuestiones interna de nuestra política se discutirán y decidirán en el Congreso Americano por ya un habito de la cuestiones cubanas sean abordadas por los políticos americano? Rojas ustedes los intelectuales y pensadores cubanos deberían de pensar más en estas cuestiones y proponer soluciones a algo que es un meollo en la búsqueda de la democracia y en la futura gobernabilidad de Cuba, COMENTRIO de Esopo.

Imagen de EL CONTESTATARIO

La historia no se puede negar, aunque algunos autores a veces tratan de embarajarla, y este es un caso de eso. Desde la independencia de EE.UU hasta el triunfo revolucionario, EE.UU oficialmente ha expresado en 7 ocasiones su interes de anexarse Cuba, que ahora en 25 años no haya existido esa posibilidad, hace que un fideo no haga la sopa. Ya nuestro genio pensador de todos los tiempos Jose Marti lo habia dicho, que la fuerza naciente del nuevo imperio se volcaria implacablemente sobre Cuba y America Latina, y asi fue, la historia no se puede negar, ni se puede negar el DESTINO MANIFESTO.

Imagen de Anónimo

Hay que leer ese libro porque la verdad es que todo lo que uno escucha sobre el tema en los medios oficiales cubanos se reduce a la maldad del imperio y a la bondad de la Revolución.

Imagen de Juan Rodriguez

Me asquea tanto el nacionalismo como el anexionismo que ha vivido mi pueblo desde que dejamos de ser colonia de la corona española. Ambas corrientes para lo unico que han servido es para que algunos oportunistas que no debieron haber nacido en mi pais hayan conseguido fundar sangrientas dictaduras con el unico objetivo de controlar todos los poderes politicos y/o economicos de mi pais por decadas convirtienonos cada dia en mas haitianos o africanos que viven hoy en dia por desgracia en la eterna miseria extrema por culpa de las dictaduras que existieron en sus paises.

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