Miércoles, 26 de Junio de 2019
Última actualización: 18:08 CEST
Patrimonio

El Gobierno quiere recuperar el 'templo de la música popular cubana'

Entrada por la Avenida 51 a los Jardines de La Tropical. (LA JIRIBILLA)

Los célebres Jardines de La Tropical deberían recobrar su esplendor en julio de 2019, como parte de la celebración de los 500 años de La Habana, dijo Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional cubana.

La construcción histórica que propició a los inmigrantes, criollos y nativos de Cuba encontrarse con el baile popular durante más de un siglo, sobrevive hoy en condiciones penosas.

Los Jardines de La Tropical es un complejo bailable con una extensión de 297.154 metros cuadrados, conformado por salones que datan de 1904. Bautizados en sus orígenes como Ensueño, La Cúpula, Templo Indio y Mamoncillo, estaban ubicados en un entorno singular de manantiales y bosques, venidos a menos una vez que el régimen socialista cubano eliminó los cabarets y combatió la bohemia nocturna habanera.

Su diseño constructivo estuvo a cargo del maestro de obras catalán Ramón Magriñá, quien lo caracterizó con un estilo modernista casi único entre las obras del barrio de Puentes Grandes en la barriada de Marianao.

Además, el lugar tuvo una capilla consagrada a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, sitio donde se celebraron las primeras bodas entre blancos y negros y mestizos, según asegura el musicólogo cubano Rafael Lam en un texto publicado en el sitio oficial La Jiribilla.

En ese sitio se celebraron romerías, matinés y bailables organizados por las sociedades españolas, aunque otros grupos lo alquilaban en días de la semana para bailes populares.

Según el maestro danzonero Antonio Arcaño, "esos salones pertenecían a cerveceros que aprovechaban todos los salones para promover su cerveza Tropical. Era algo muy acogedor, como debía ser el servicio al cliente. La entrada a los salones era de un peso (equivalente a un dólar), el costo de la bebida era de diez centavos la botella de cerveza y 3.20 el del barril completo, al que se le incluía uno más pequeño de regalo".

"También se vendían empanadas para degustar la cerveza fría. Algo muy peculiar, el bailador cubano era muy elegante, aunque estos salones al aire libre servían para que la gente fuera más espontánea, sin frac, ni vestidos lujosos", agregó Arcaño.

Según el célebre músico cubano, "en los bailes de gala se utilizaban los trajes de dril cien, hacendado, guayaberas de hilo, zapatos de dos tonos de glasé, sombrero de jipi japa, vestidos de piqué, olán de lino..."

En su primera etapa, para los inmigrantes de herencia hispánica se ofrecían pasodobles, charlestón, onestep, fox-trot, aunque luego se tocaron los danzones de Antonio María Romeu, Arcaño y sus Maravillas, Belisario López, Cheo Belén Puig, entre otros.

Por los Jardines de La Tropical pasaron las mejores orquestas cubanas: Fajardo y sus Estrellas, Neno González, La Aragón, Sensación, Sublime, Melodías del 40, La Ideal, La Sonora Matancera, El Casino, Gloria Matancera, y muchos más.

Según Lam, esas funciones eran la diversión popular por excelencia del país, y se anunciaban por la radio y la prensa, o mediante pancartas, volantes y altoparlantes que recorrían los barrios populares. A los bailes el pueblo les sacaba frases célebres: "Roquilli no quiere llanto", "A Belén le toca ahora", "El Cerro tiene la llave", "Camina Juan pesca'o", "Repite y pon camarones", "A Cayo Hueso le tocó", "Maracaibo oriental" y "Bombonchá".

El poeta Nicolás Guillén los describió como "más violentos, más bachateros, más rítmicos y más populares", y el músico Juan Formell decía que "el que no triunfaba en La Tropical no podía llegar a la cima".