Sábado, 20 de Abril de 2019
Última actualización: 01:51 CEST
Artes plásticas

La 'Zona sagrada' de Luis Enrique Milán Boza

De la serie 'Tarde para no creérselo', de Luis Enrique Milán Boza.
De la serie 'Tarde para no creérselo', de Luis Enrique Milán Boza.

En estos días, cuando la próxima Bienal de La Habana acapara la mayoría de los espacios culturales y mediáticos de la capital, encontramos la obra de un cubano atípico, expuesta en la Galería Collage Habana. Se trata de Luis Enrique Milán Boza (Ciego de Ávila, 1990), ganador de la Cuarta edición de Post-it, evento nacional de arte contemporáneo, para creadores menores de 35 años.

Del escultor Milán no había escuchado ni leído nada. Por tanto, desconocía a que iba a enfrentarme. Bajo un sol inflexible, llegué a la galería del Fondo de Bienes Culturales a punto de clausurar la muestra. El espacio se ubica en el céntrico Bulevar de San Rafael.En la puerta de acceso al recinto puede leerse: Zona sagrada.

Al entrar nos recibe una escultura, representación personal y pulcra de Eleggúa, deidad del panteón yoruba, dueño de los caminos y protector de los hogares. La pieza no se queda exclusivamente en lo representacional, sino que va más allá. Es una obra inquietante, que al mismo tiempo destila bella y paz. Milán altera la escala y además entrega al orisha disímiles ojos (cauris). Ahora la deidad lo ve todo y ello nos hace reflexionar sobre la actualidad cubana y nuestra relación con la fe, el mundo sagrado, sus límites, el fanatismo religioso, y cómo la religiones pueden transformar en una herramienta de colonización la emisión de fetiches y objetos comerciales alejados de la emancipación espiritual y material que promueven.

La fe mueve montañas y en la Isla, como en otras partes del mundo, es un negocio substancial, alimentado por mutaciones religiosas, decadencia social y la pobreza. De esto nos habla Luis Enrique Milán Boza en Zona sagrada. El artista mete el dedo en la llaga y para hacerlo de manera más eficaz, elige distintos paradigmas culturales y deliberadamente los hace mutar ante nuestros ojos.

En una de sus piezas recrea la cabeza de Jesús de Nazaret en yeso policromado, trabajada con los modos de la imaginería española. De la iconografía, reconocible a simple vista, emana la aureola que acompaña todas las imágenes sacras de su tipo, como representación de la iluminación. Solo que en este caso los rayos luminosos se descontrolan e invaden toda la cabeza. La luz emitida en exceso por Jesús nos puede segar, entonces nuestra existencia espiritual se ve amenaza por la irradiación distorsionada de la fe o, al contrario, la oscuridad absoluta y la falta de transparencia que habitualmente acompaña a los mediadores. 

"Una señora llegó el otro día y decía, ¡que belleza! Se ve muy luminoso. En cambio, para otras personas la pieza es puro sacrilegio. Cuando la fe se convierte en dogma, se hace enfermiza y puede limitar nuestras vidas, somos manipulados, y los listos de turno se aprovechan de ello en beneficio propio, más que en favor de la comunidad a la que dicen servir", explica Milán. 

Zona sagrada está conformada por esculturas que conforman la serie Tarde para no creérselo, desplegada en la planta inferior de la galería, exceptuando la pieza "Lección perdida".

En el piso superior, el artista exhibe una serie de dibujos, así como Primera imagen, otra instalación, en este caso conformada por fragmentos de los moldes de yeso empleados para realizar las obras que se ven abajo. Los dibujos forman parte del proceso de trabajo que el artista emplea en sus investigaciones para llegar más tarde a la escultura final.

"No son bocetos", nos dice. "Son indagaciones fórmales, con ellos comienza el proceso de trabajo, sobre el papel fluyen las ideas que determinan el camino a seguir para realizar las esculturas". 

De entre las deidades orientales representadas, Buda se convierte en un personaje recurrente en los trabajos de Milán. En la muestra hay tres piezas en las que el artista deja su impronta; lejos de ser representaciones que inviten a sumergirnos en la meditación, nos descolocan por su extrañeza. Buda derretido o desinflado es uno de esos ejemplos: el mito se pliega en sí mismo y nos deja ver una cara poco agraciada, menos sacra y divina. 

Zona Sagrada es una muestra ha tener en cuenta. Para ser la primera entrega de Luis Enrique Milán Boza, aprueba con sobresaliente.