Miércoles, 14 de Noviembre de 2018
Última actualización: 22:20 CET
Cine

Ernesto, el boliviano-japonés que quiso ser como el Che

Fotograma de 'Ernesto', de Junji Sakamoto. (THE JAPAN TIMES)

Se exhibe por estos días el filme Ernesto en las principales salas cinematográficas de La Habana, una coproducción de RTV Comercial de Cuba y la productora nipona de Junji Sakamoto, director del filme.

La historia aborda dos tramas paralelas, la de Ernesto "Che" Guevara durante su visita a Japón, recién triunfada la revolución de 1959, donde rinde culto a las víctimas de Hiroshima; y la de los estudiantes bolivianos que llegan a Cuba como becarios para estudiar Medicina a inicios de los años 60, entre ellos el boliviano Freddy Maymura (Joe Odagiri), descendiente de inmigrantes japoneses asentados en Bolivia. Es el periodo de la efervescencia y de los ánimos encandilados por el proyecto utópico de la emancipación social y las perspectivas de forjar el espíritu del "hombre nuevo".

Hasta la inevitable conexión de ambas historias, aparecen en el filme los principales acontecimientos históricos de la etapa: los sabotajes en suelo cubano, la invasión a Playa Girón, la Crisis de Octubre y, finalmente, la etapa de preparación previa a la inserción de Freddy y el grupo de cubanos que participarán en la guerrilla del Che en Bolivia.

Todo ello contado con mucho didactismo, con demasiada retórica patriótica, en un filme donde la creatividad artística escasea por los cuatro costados.

Los diálogos son maniqueos, de mucho verbo con acento moralizador, como si el espectador estuviera frente a una clase de Historia. La cinta se permite una mezcla de personajes históricos con personajes de ficción que está necesitada de mayor calado en la caracterización psicológica, en los matices.

Puede resultar conmovedor a algunos espectadores el altruismo del boliviano-japonés, su intransigencia revolucionaria a tono con los tiempos que le tocó vivir, su desprendimiento en apoyo a los tiempos convulsos de Cuba durante la Crisis de los Misiles, pero no hay cómo evitar estremecerse ante tanta planicie en sus parlamentos. Y, para colmo, el guion introduce la voz en off de fragmentos de un posible diario de Maymura.

Pedestre y caricaturesca es la caracterización que hace Roberto Espinosa de Fidel Castro. Bastante magro de peso, solo sabe gesticular en exceso. Pero el colmo de los colmos son unas escenas que recrean pasajes de la infancia de Freddy, en las que la dirección apostó por un niño negro que, además, no muestra dificultades en la entonación del español, como si ocurre con el personaje interpretado por el actor japonés.

Las actuaciones no están, en su mayoría, bien logradas, aunque sorprende el modo en que Juan Miguel Valero encarna al "Che" Guevara. Daniel Romero, Luis Manuel Álvarez, Armando Miguel consiguen salir airosos, junto a las caracterizaciones de Enrique Bueno y Giselle Lominchar en sus papeles de estudiantes bolivianos. Sin embargo, no deja uno de preguntarse si no hubo alguien mejor para escribir esos diálogos.

La dirección de arte deja pasar varios detalles anacrónicos, y aparecen planos con edificaciones modernizadas que intentan hacerse pasar como parte de los años 60.

Cuando, en una de las escenas cumbres de la película, el protagonista asume el nombre de guerrilla Ernesto por iniciativa del propio Guevara, queda claro lo que falta esencialmente a esta película: la comprensión de que el cine es mucho más que un medio para ilustrar una clase de Historia.