Viernes, 14 de Diciembre de 2018
Última actualización: 14:12 CET
Opinión

Reconstruir la memoria de Cuba ahora

Ernesto Leal, de la serie 'Guided Tour', 2000, en Espacio Aglutinador. (ARTE-SUR.ORG)

Sé que la memoria edita por naturaleza. Borra y deforma, edulcora y ajusta. En los individuos, el olvido es necesario para superar traumas y enfrentar nuevas batallas, nuevos sufrimientos. En las sociedades, la memoria colectiva puede ser (o parecer) ingrata. Los nuevos acontecimientos relegan a los viejos, y en la rotación de las generaciones, los actores de turno creen tener una verdad superior a las precedentes.

Es el juego natural del mundo: cada turno en su momento será abatido por el tiempo y los giros de la historia. Lo que sí no forma parte natural del juego es manipular esa historia desde el poder, de modo que varias generaciones sean privadas de componentes de su propia identidad vivencial, cultural, política.

Como viví el exilio de forma mental, por pertenecer a una familia desmembrada que soñaba con reintegrarse "allá", siempre sentí avidez por lo que nos "editaban" oficialmente. Me interesaba desde una protesta civil y la reacción de las autoridades (entonces imposibles de registrar y circular como se hace hoy día) hasta un movimiento contracultural censurado o lo que había sido de los artistas que emigraban, súbitamente extirpados del panorama mediático.

¿Cómo enterarse de eso en una isla sitiada por fuera y por dentro? El primer número que cayó en mis manos de la revista Encuentro de la Cultura Cubana me causó un violento shock. Leí sin parar, sin dormir, con embates de emociones contrapuestas: ¡conocer que había cubanos emigrados que no habían renunciado a esta isla, su patria! Artistas, intelectuales, activistas políticos, sociólogos, economistas… Sentir que había sido privada de esa realidad y de esa esperanza.

Descubrir que el tajo del Gobierno, por profundo, no había sido letal. Que ningún gobierno ni sistema puede controlar indefinidamente la información, y mucho menos puede extinguir la pluralidad natural del pensamiento, la memoria emocional, ni el arraigo por las raíces familiares, culturales, geográficas. Que la vida es siempre superior a la muerte.

Hoy, entre las fisuras al cerco, cuento con el boletín de DIARIO DE CUBA (por no poder acceder directamente al sitio). Y una entrevista reciente a Maldito Menéndez, miembro del movimiento plástico Arte Calle, surgido en la Habana a mediados de los 80, me inspira este artículo.

Quisiera agradecer la iniciativa del autor de la entrevista, porque es parte de los falsos vacíos que urge completar en nuestra vapuleada historia. Y decir que estoy de acuerdo en todo lo que dice el entrevistado, excepto un detalle de la última respuesta. Cito:

"Las influencias culturales en Cuba funcionan por tradición oral, como en las sociedades primitivas. Las instituciones culturales censuran las obras y a los autores que consideran ofensivos o peligrosos para la dictadura. Los nombres, fotos y cualquier otra información sobre las creaciones y vida de los artistas prohibidos son borrados de la historia nacional, para que no puedan influir en la población; que vive en la inopia desde 1959. Sin embargo, en el mundillo cultural de la Isla sí se conocen los nombres y obras de los artistas malditos y se comentan sus obras en susurros. La influencia del arte contestatario de los 80 puede ser grande en el círculo intelectual cubano, pero no es visible a causa del miedo de sus integrantes a perder sus privilegios. Hasta que no caiga el castrismo y se pueda documentar y publicar la verdadera historia del arte cubano, no podremos calcular toda su impronta".

He visto que esos nombres y obras evocadas "en susurros" han pugnado siempre por develarse, pero mucho más desde que empezó a filtrarse el avance tecnológico. Puesto que la prensa, la radio, la televisión y todas las instituciones son estatales, y por tanto responden a los intereses del Gobierno, fue necesario crear primero una Cuba libre virtual.

Actualmente, el Museo de Arte Políticamente Incómodo lidereado por el artista Luis Manuel Otero Alcántara y la historiadora de arte Yanelys Núñez Leyva, o proyectos como Perséfone Teatro de Adonis Milán, Teatro Keirós, de Lynn Cruz, el cine de Miguel Coyula; espacios como la galería El Círculo, de Lía VillaresLuis Trápaga o Espacio Aglutinador de Sandra Ceballos, son ejemplos de que la historia prohibida se está recuperando ahora, dentro del mismo gobierno que la prohibió o fue (o es) cómplice de la censura.

Pero además se podría crear un equipo con gente de adentro, de afuera, y una página web que vaya almacenando hechos, testimonios, fotos, videos, de la verdadera historia del arte cubano. Es un proyecto que no debe seguir esperando por la devastación del tiempo, el trasiego del exilio, los chismes, las inevitables muertes, y las continuas desacralizaciones.

Sería la reconstrucción virtual de una nación, el exorcismo de muchos demonios y el principio de una regeneración mucho más que simbólica. El futuro empieza por el respeto al pasado. Si se quiere llegar a cualquier parte, no se puede negar el trayecto recorrido.

6 comentarios

Imagen de Anónimo

Existe un Instituto de la Memoria Histórica Contra el Totalitarismo (de cubanos en el exilio) de http://cubamemorial.net/, un Museo de la Diáspora Cubana (Miami) y una organización Herencia Cultural Cubana, que documentan aspectos concretos de la Historia de Cuba. Tal vez sería una buena iniciativa coordinar a todas estas instituciones y diferentes personalidades y crear también otra institución que documente de modo distinto, las vivencias de los cubanos en la Isla durante estos 60 años de dictadura. No sólo se documentaria por medio de ese proyecto todo lo concerniente a la generación de artistas plásticos de los 80s, sino la vida de los cubanos en todos los sentidos (de allá y del exilio); y efectivamente, los testimonios orales jugarían un papel muy importante en todo ello y habría que grabarlos y guardarlos. Tendría que crearse en libertad, para guardarlos con seguridad, y su referente podría ser algo parecido a lo que hace el Yad Vashem de Israel; y ya de eso se habló aquí en este espacio. Claro, un proyecto de esta naturaleza requiere recursos, personas seguras que lo asuman y locales.

Imagen de Anónimo

"Plutarco Cuero", el que tiene que documentarse y aprender a leer eres tú. "Encuentro de la Cultura Cubana" es una revista en papel que terminó su publicación en 2009 y de lo que hablas tú es de una publicación digital que es distinta y diferente, bunker del castrismo como dices... La autora se está refiriendo ala revista en papel.

Imagen de Plutarco Cuero

Encuentro de la Incultura Cubana ... se ha convertido en un bunker del castrismo en la Internet ... documentese!

Imagen de Anónimo

Arriba mi cuba bella llora mietras otros gozan

Imagen de Anónimo

Hay cosas que nada ni nadie puede borrar. Todo pueblo tiene una historia documentada (pública) y otra soterrada (privada). En Rusia, cuando cayó el comunismo (como también en el resto de los países del Este de Europa) y desde el inicio de la Perestroika, salió a la luz la historia soterrada de la URSS. En el caso de Cuba se verán muchas cosas -cuando el régimen caiga, porque caerá-, porque quedan vivos testigos, y cuando no queden, siempre habrá y hay personas inteligentes se han tomado tiempo para dejar pruebas y testimonios de lo sucedido, aunque parezca que todo se ha callado y que la mayoría se ha sometido. Las cosas nunca son lo que parecen.

Imagen de Anónimo

Excelente artículo. Trae a colación un tema de urgencia. Y lo hace con claridad y sensibilidad. Me ga gustado mucho. Ojalá y a pesar de las dificultades y las presiones políticas y la represión de la dictadura; los cubanos seamos capaces de reconstruir el pasado y salvar los recuerdos que con tanta insustencia se quieren borrar. 

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