Lunes, 16 de Julio de 2018
Última actualización: 02:47 CEST
Artes plásticas

'La gran espiral' a 50 años del Salón de Mayo en La Habana

Mural 'Cuba colectiva'. (DDC)

El edificio de arte cubano del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) exhibe nuevamente al público el mural Cuba colectiva, pintura realizada en 1967 por exaltados pintores, estudiantes de arte, escritores, intelectuales y personas ocasionales de orígenes diversos, a modo de happening, en los previos a la inauguración de la célebre XXIII edición del Salón de Mayo parisino en La Habana, acontecimiento cultural de gran trascendencia para la Isla. Con el título La gran espiral, la curadora Delia Ma. López Campistrous y un nutrido grupo de especialistas del Museo conmemoran el 50 aniversario del suceso.

La emblemática pintura, realizada en óleo y técnica mixta sobre lienzo, cubre una superficie aproximada de 54 m2. Se comenzó a pintar en la noche del 17 de julio sobre una armazón de madera emplazada a la entrada del Pabellón Cuba, junto a La Rampa. Allí, sorprendidos viandantes podían encontrar artistas foráneos y cubanos trabajando a todo tren, entre rones, sudores y pasiones desatadas. Será Wifredo Lam quien bautice la obra resultante, trascendiendo la misma con el título de Cuba colectiva.

Según se cuenta, hubo al inicio cierto desconcierto entre los artistas. La enorme tela resultaba imponente y no había una idea clara de por dónde empezar, o más bien de cómo organizar los espacios para que todos los creadores pudieran dejar su huella. La solución al escollo momentáneo provino de la mano del pintor español Eduardo Arroyo, quien propuso la idea de delinear una espiral. De esta forma se descartaba cualquier atisbo de trato preferencial.

"El problema era que nadie sabía cómo dibujarla, y fue entonces cuando Sosa Gorrita —uno de los estudiantes que estaba allí para asistir a los artistas— encontró una solución muy simple: colocar un clavito en el centro de la tela y con un cordel ir dando las vueltas que correspondían. Así se hizo", recoge Llilian Llanes Godoy en su libro Salón de Mayo de París en La Habana, julio de 1967.

Más tarde se fragmentó la espiral en 100 partes y se echó a suerte numérica la porción otorgada a cada artista. Solo dos secciones serían otorgadas por acuerdo unánime de los participantes, la sección central y número 1 del mural se destina a Wifredo Lam, y la número 26 se reserva a Fidel Castro. La fiesta de las artes plásticas ocurrió en la segunda quincena de julio, la numeración del fragmento destinado al líder de la Revolución no era casual, llevaba la carga simbólica e histórica del número. A pesar de la invitación extendida por los artistas, el dirigente no hizo acto de presencia, quedando el espacio en blanco.

Entre la nómina de artistas cubanos participantes en la realización del mural destacaron Loló Soldevilla, René de la Nuez, Jesús de Armas, René Portocarrero, Salvador Corratgé, José Masiques, Santiago Armada (Chago), Mariano Rodríguez, Amelia Peláez, Antonia Eiríz, Fayad Jamís, Raúl Martínez, Carmelo González y Agustín Cárdenas. Entre los extranjeros invitados sobresalieron Jorge Camacho, Eduardo Arroyo,Jean Messagier, Leonardo Delfino, Piotr Kowalski e Irene Domínguez, entre otros.

Para la muestra La gran espiral, el Museo Nacional de Bellas Artes, institución encargada de atesorar y resguardar el mural, exhibe audiovisuales, documentación, fotografías, el cartel diseñado por Lam y otras obras producidas para el Salón o en la Isla, donadas por los artistas para integrar la colección del futuro Museo de Arte Moderno, proyecto impulsado por el desaparecido Concejo Nacional de Cultura (CNC), que como otros tantos jamás vio la luz. Las obras pasaron entonces a los fondos de Bellas Artes y otras instituciones de cuyas bóvedas se desempolvaron para la exhibición. De Wifredo Lam (Las Villas, 1902 − París, Francia, 1982) se exhibe El tercer mundo, obra de gran formato, pintada sobre tela, que destaca por sus veladuras al óleo, precisas líneas en carbón natural, enigmática belleza y particular figuración.

De Antonia Eiríz (La Habana, 1929 − Estados Unidos, 1995) se muestra la tela de grandes dimensiones Cristo saliendo del Juanelo, de 1966, elaborada en óleo y quemaduras sobre loneta cocida, con la cual participó la artista en el XXIII Salón de Mayo, en el Museo de Arte Moderno de París en 1967. La pieza, contundente en su figuración y de colores sobrios, sigue impactando por su fuerza y misterio autobiográfico.

Por último, son destacables las obras de Guillaume Corneilles (Bélgica, 1922 − Francia, 2010), de quien se expone una tela de mediano formato trabajada al óleo sobre tela, titulada Preparativos para una fiesta solar. De Mariano Rodríguez (La Habana, 1912 − 1990), Frutas y realidad. Con el rayo por todo, óleo sobre tela de Umberto Peña (La Habana, 1937). Bahía de Cochinos, óleo sobre tela de Guðmundur Guðmundsson Erró (Islandia, 1932), controvertida obra que causó revuelos en el Salón por representar al líder cubano rodeado de cerdos, en clara alusión a los acontecimientos de abril de1961 en Playa Girón. Tras el paso del tiempo la pieza se torna más enigmática, ambigua y esclarecedora. De Raúl Martínez (Ciego de Ávila, 1927 − La Habana, 1995) se muestran cuatro obras, Martí en Rojo, óleo sobre tela, destaca sobre sus hermanas. Al igual que la obra de Antonia Eiríz, fue presentada en el Salón de Mayo, en París. Todos los cuadros mencionados fueron realizados en 1967.

Entonces, más de cien creadores dejaron sus huellas en la enorme tela. El encuentro, sin precedentes en la Isla, significó un espaldarazo de la vanguardia artística europea a la joven Revolución. Los cubanos acudieron en masa al Pabellón Cuba, la cobertura mediática estuvo a la altura del importante acontecimiento. La Isla ardía en aquellos primeros años de revolución. Para muchos el sueño se hacía realidad, y para otros comenzaba la pesadilla.

El mural expuesto en Bellas Artes desde el viernes 13 de octubre y hasta finales de diciembre continúa vibrando, denota la energía de quienes un día, unidos, intentaron cambiar las cosas en una noche de verano.

La gran espiral

9 comentarios

Imagen de Anónimo

En 1966 ya había ocurrido la retirada de "Paradiso" de las librerías cubanas y se iniciaba el ostracismo contra Lezama Lima y ya eso había puesto a muchos intelectuales extranjeros en contra de la Revolución. Ya eran conocidos entre muchos intelectuales del mundo los campos de concentración de las UMAPs y habían protestado por ello ante el gobierno cubano "contados" solamente de ellos, y de hecho, como resultado de eso, numerosos intelectuales cubanos habían pedido asilo político en el extranjero o no volvieron a Cuba o se suicidaron de camino, por ejemplo Severo Sarduy se quedó en Francia (fue con una beca) y el suicidio de Ángel Acosta León (pintor) en el barco que lo traía de vuelta a Cuba, se dice que veía venir o imaginó lo qué le esperaba. Con bailarines del ballet cubano habían ocurrido hechos parecidos y con otros escritores o directores de cine se repetía la historia. Cabrera Infante había dejado la embajada en Bruselas y ya se había prohibido hacía un lustro la obra de su hermano, además de haberse impuesto con las armas (una pistola, como se sabe) y en 1961 "Las palabras a los intelectuales" (que suprimía la libertad de expresión y creación en Cuba, como no lo hizo ni Batista). Reinaldo Arenas no había recibido el premio que merecía por "Celestino antes del alba" a instancias de Carpentier -ya comunista, por obra y gracia de su ruina como empresario- que se opuso a ello, y no sólo por el aliento areniano en la obra, sino por el mensaje ideológico de la novela (localizamos los símbolos). La Lupe había dejado de actuar en televisión (a instancias de Fidel Castro) y se tuvo que marchar. Ya Virgilio Piñera había lanzado su diamante Delfi (Fidel) al inodoro en su novela contrarrevolucionaria y eso le costaría la vida y la libertad, de hecho, los poemas que escribía los quemaba después de leerlos. Se había marchado Lydia Cabrera, que imaginó la pesadilla en 1959 y a ella le siguieron otros, además de pintores abstractos y surrealistas, sin descontar a miembros de la vanguardia, como Cundo Bermúdez que ya preparaba sus maletas y hasta el Lozano comunista, sin descontar a Sicre... Era un hecho conocido, borroso tal vez, para Camacho, cercano a Lam -ya se sabe que comunista en Francia-, pero era un secreto a voces lo que ocurría en Cuba y muchos se negaban y niegan a aceptarlo "por conveniencia". No es que se quiera traspolar la Historia, cambiar el contexto y mil cosas más... Ya la dictadura comunista era una pesadilla desde 1961 (y el mundo lo sabía porque la revista Life lo divulgó en imágenes desde los juicios sumarísimos de 1959) y había dejado de ser el sueño iluso de 1959. Hubert Matos estaba en prisión y Camilo Cienfuegos nunca apareció, precisamente por el rumbo autoritario y comunista que tomaba la Revolución.

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Siempre he dicho que el amor hacia la Revolución es  inversamente proporcional a la distancia: mientras más cerca, más se le odia y la lejania produce una cierta admiración. No podemos cambiar la historia y por eso creo que es mejor analizarla con cierta objetividad y sin aplicar un análisis contemporéneo a algo que sucedió hace medio siglo. Es cierto que mucho de los excesos que se señalan ya habian ocurrido cuando el Salón de Mayo llega a La Habana, pero dentro de la izquierda europea la propaganda favorable a la Revolución era intensa y muchos de ellos ignoraban la verdad de los hechos. Es precisamente con la llegada de muchos intelectuales a La Habana con el Salon de Mayo que comienza la desmistificación del mito. De hecho, al señor Castro no  le agradaba mucho la presencia de aquellos intelectuales en su patio y por eso nunca se presentó a llenar la casilla 26 del mural. Después del Salon de Mayo, casi de forma inmediata, viene la ruptura. Primero ocurre la vergonzosa comparecencia en televesión para justificar la entrada de los tanques de Pacto de Varsovia en Praga y luego con el caso Padilla, la mayoria de los intelectuales que habian participado en el Salón rompen definitivamente con el gobierno cubano. No podemos olvidar que en gran medida, se cierran los campos de concentración de la UMAP por la protesta de muchos de esos intelectuales. 

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Te lo regalo.

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En honor a la verdad histórica, el Museo de Arte Moderno si exitió. Abrió sus puertas en la antigua funeraria Caballero, pero duro muy poco. Luego vinieron los estudios de animación y ocuparon el edificio de la antigua funeraria.

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Presentimientos, diría Antonia.

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Me gustaría saber si han editado un catálogo y como adquirirlo. Gracias

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El mejor cuadro es el que recuerda a Orwell... Que manera de repetirse la Historia...diría ese otrora comunista.

Imagen de Anónimo

Ya para 1967 habían sido pasados por las armas desde 1959 varios miles de cubanos por pensar diferente y otros miles estaban en las cárceles por eso mismo y con condenas de más de veinte años; más de un millón de cubanos habían dejado Cuba inconformes con la dictadura comunista instaurada en 1959 y otros miles (millones) estaban ansiosos de dejarla; ya se habían abierto los campos de concentración de las UMAPs donde miles de cubanos fueron obligados a trabajar como esclavos por ser diferentes o pensar distinto, además de estar obligados a sumir una ideología que los humillaba y despreciaba a la manera de los nazis de Hitler desde 1933. Miles de cubanos arrastraban su desaleinto y hambre, obligados a hacer trabajo voluntario en sus ratos libres, sin esperanza de que eso mejoraría sus vidas; los centros educativos se convertían en una pesadilla infinita en la que se repetían cosignas en las que nadie creía o se preocupaban por los problemas del mundo ignorando los que afectaban a Cuba y los cubanos, sin descontar el inicio de las depuraciones ideológicas y polítcas en las universidades. Ese mural sencillamente estaba de espaldas a esa realidad, al igual que el susodicho Salón. ¿Invitarán a Raúl Castro ahora a llenar el espacio que no cubrió Fidel Castro en la tela del mural en 1967, si total, Cuba no ha cambiado desde 1959 y esa acción final sobre la tela dará fé de esa cruda realidad, ahora mucho peor...? Qué ganas de hacerse ilusiones mentales y congraciarse los nuevos trabajadores y otros no tan nuevos con un pasado de muerte y vergüenza para Cuba... No había otra cosa mejor que presentar que le proporcionara aliento a los cubanos, en lugar de pesadillas... La maldición del dictador muerto retumba aún desde su tumba sobre Cuba. No acabarán finalmente de enterrarlo con todo lo que representa, incluso en los museos. Ganas de joder a los demás, diría un guajiro de Gattorno.

Imagen de Anónimo

No comprendo por qué el autor cita a Jorge Camacho como "extranjero". Jorge Camacho es tan cubano como Wifredo Lam. Nació en La Habana en 1934 y siempre se consideró cubano, a pesar de habarse radicado en Paris.

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