Miércoles, 22 de Noviembre de 2017
20:48 CET.
Artes plásticas

Concluyó Post-it como si nada

El día de la cultura cubana se premió Post-it 4 Arte Contemporáneo Cubano, la muestra de jóvenes de la plástica que se precia de ser la más extensa de las que acaecen por aquí. La idea de esta exhibición, promovida por el Ministerio de Cultura y el Fondo Cubano de Bienes Culturales, es ofrecer una oportunidad a los menores de 35 años de vender una pieza oficialmente en una galería estatal. Para ello convocan a un concurso donde pueden participar todos aquellos que estén clasificados en el Registro del creador y cuyo premio será la inclusión en la muestra, que a su vez elegirá tres ganadores. Este año, de 139 obras presentadas, fueron elegidas 53 y los precios de las piezas a los que tuvimos acceso oscilaron entre los 1.000 y los 10.000 CUC.

Desde la crítica de arte se le ha reprochado a Post-it su pobreza estética, el hecho de no representar fielmente a la generación que promueve y, en fin, su vacuidad en todos los aspectos.

Estéticamente, salvo excepciones, la muestra es débil, y aunque sí participan los jóvenes más conocidos, no lo hacen con su producción regular sino con piezas que construyen especialmente para la ocasión. Piezas que evitan las complejidades y las formas menos rentables del arte (el performance, el video-art, etc.) y en cambio buscan lo superficial y lo decorativo asentadas en comedidos lienzos, esculturas, y un poco de instalación. Post-it es una feria, este es el hecho. Los jóvenes se aproximan a ella con productos para vender, ese es el resultado. La feria nos enseñaría en todo caso la idea que esta generación tiene del arte comercial.

Más grave que las obligaciones mercantiles, sin embargo, son las presiones políticas, que constituyen la base sobre la que funciona cada institución en Cuba. En Post-it probablemente no hayan sido más enfáticos que de costumbre en el oficio de controlar la expresión, sin embargo la censura (o la autocensura) se siente más, quizás por el ambiente general inocuo que allí impera.

Es curioso, porque en Cuba nunca pasa que actúen al mismo tiempo la coerción del mercado y la política: o bien el Estado sirve de mecenas y ayuda a promover la obra del autor a cambio de un poco de silencio, o bien el artista decide hacer uso de todas sus palabras y entonces tiene que vérselas con el rigor mercantil y su obra. Post-it nos enseña la pesadilla que sería el arte si ocurrieran las dos presiones al mismo tiempo.

Los tres premios de este año fueron "Tarde para no creérselo", una buena composición del avileño Luis E. Milán, "Fe", de Alfredo Coello y Osmani Domínguez —dúo Medialuna— y "Pastoral", de Michel Chailloux.

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