Miércoles, 17 de Enero de 2018
21:14 CET.
Artes plásticas

Moisés Finalé, 'la mano que pinta'

Con el sobrenombre de "la mano que pinta", distinguían sus coetáneos a Moisés Finalé (Cárdenas, Cuba, 1957) cuando aún estudiaba en el Instituto Superior de Arte. Finalé compartía clase entonces con otros que proponían reflexiones diametralmente opuestas al acto de pintar.

El apelativo tenía un carácter excluyente, pero no exclusivo. Pretendía restar valor a los trabajos de incipientes creadores que, como él, se regocijaban pintando. Arrancaban los 80, nacía el grupo Volumen Uno y manidas frases como "la pintura a muerto" o "la muerte de la pintura" irrumpían en el ambiente. Las cúpulas de la institución educativa hervían, radicalizadas bajo preceptos cuestionables.

Tres décadas después y con el título El peso de su cuerpo, Moisés Fínale inauguró el pasado 19 de mayo una muestra personal en el Centro Hispanoamericano de Cultura, institución cultural de la Oficina del Historiador de la Ciudad, abierta hasta el 23 de junio.

Al visitar esta última entrega, constatamos que la mano sigue pintando —¡y cómo pinta!— para disfrute de muchos y tormento de incondicionales seguidores de aquellos aires ya viciados que aún en nuestros días anuncian la hecatombe de los pintores. La curaduría de la muestra, a cuatro manos, ha estado a cargo de Yamilé Tabío y Rafael Acosta de Arriba.

Sin intenciones cronológicas, los curadores han seleccionado más de 30 obras de entre 2011 y 2017, mayormente elaboradas sobre tela, con técnicas mixtas, en las cuales el inagotable bestiario femenino del artista muestra sus dominios. Sin embargo, es aquí donde el barroquismo presente en la iconografía de Finalé se aglomera y atenta contra la propia muestra, pues enturbia el espacio a raíz del excesivo número obras expuestas. Una selección más depurada habría dado mayor espacio al espectador.

No obstante, y por suerte, los espectadores disfrutan de piezas de pequeño y gran formato, descubriendo en ellas a un pintor de talento, oficio y maestría innegable.

Moisés Finalé reelabora diversos materiales a su antojo, nutriéndose de cuanto recurso expresivo esté a su alcance. Sus obras manifiestan lo mejor del Modernismo europeo. También, en máscaras, cuentas, lentejuelas, relieves y esculturas, revelan la presencia de África. Además, en el erotismo y la sexualidad de los protagonistas, dejan entrever sinuosas representaciones de una especie de Kamasutra insular. Como el propio artista afirma en el catálogo: "El cuerpo femenino es lo más perfecto dentro de la forma humana. He aquí donde me siento cerca de la mujer… Me libera y me eleva a mí también".

La presencia femenina se halla en el centro mismo de la poética visual de Moisés Finalé. Sus representaciones dibujan una geografía personal, haciendo del artista una voz única en el panorama de las artes cubanas. La exposición El peso de su cuerpo es solo un escenario posible en el que las mujeres se aman abiertamente, solapadas tras herméticos rituales públicos, paradojas que el artista descifra a cabalidad.

El mundo imaginario de Finalé y la realidad circundante detonan al ser expuestos en pinturas y telas. La onda expansiva atrapa al pintor día a día en su estudio, donde a solas con sus mujeres jóvenes se entrega a la creación, a los vicios y las bendiciones.

Siguiendo sus trabajos sabemos cuándo emprendió el camino. Desconocemos sus nuevos derroteros, pero desde luego, la pintura goza de buena salud. Las obras de Finalé lo manifiestan con naturalidad y sin aspavientos.

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