Martes, 25 de Julio de 2017
23:40 CEST.
Cine

Loco por el cine

 

Orlando Jiménez Leal:

Eran las dos de la tarde. Eran las dos en punto de la tarde, cuando Plácido González Gómez, the man who knew to much, el hombre que más sabía de cine, murió. Placidito, como lo conocían sus amigos y enemigos, era quizás, junto a Antonio Cernuda, el mejor cineasta del importante movimiento de cine underground que había en Cuba. Cuando me presentaron a Placidito, hace 60 años, él ya era una leyenda. Nieto de un negro esclavo, los amos habían comprado la libertad de su abuelo y lo habían mandado a estudiar a París. Allí se formó para convertirse, más tarde, en Juan Gualberto Gómez, el mejor amigo de Martí y uno de los patriotas más importantes en la lucha por la independencia de Cuba.

Plácido y yo trabajamos para la primera estación de televisión en transmitir en colores fuera de EEUU. Las 24 horas. No había ninguna en el mundo en esa época que hiciera eso.

Apasionado, obsesionado y loco por el cine, Placidito no dejaba de respirar cine, de hablar en cine, de pensar en cine. A veces confundía su vida con la realidad, la realidad con el cine y el cine con su vida.

Guillermo Cabrera Infante, en el prólogo a su libro de críticas cinematográficas Un oficio del siglo XX, para enaltecer a su alter ego, G. Caín, pide prestado (obviamente un homenaje) algunas ocurrencias de Placidito. Cito el texto de Guillermo donde sustituyo el nombre de Caín por el de Placidito:

La lengua de Placidito es el lenguaje del cine. Este idioma es también el de muchos de sus amigos. […] Sé que debo dar ejemplos.Si Placidito quería hacer corto un relato largo, simplemente decía: "Te voy a hacer la sinopsis". Cuando se refería a un suceso que ocurría en tiempo y lugar idénticos, lo identificaba así: "Esta secuencia…". […] En una ocasión visité su casa. Al llegar, lo sorprendí enmarcando mi figura con sus manos, haciendo un cuadrado de índices y pulgares. Seguí mi camino y Placidito me atajó con una exclamación: "¡No te muevas!, que te me vas de cuadro". Más tarde oscurecía y quise dar luz a la habitación abriendo las persianas. El sol poniente le dio a Placidito en el rostro y gritó: "¡Me has echado 20.000 full-candles en la cara!".

Cuenta una extraña leyenda que Placidito, desesperado por tener que abandonar Cuba, poco antes de salir al exilio, destruyó todas sus películas, entre ellas la que yo considero su pequeña obra maestra. Un extraordinario film noir de 40 minutos, hecho en La Habana de los años 50, titulado Uno, el solitario. De esa película guardo muchos recuerdos, sobre todo la impresión que me causó cuando la vi por primera vez, en el canal donde trabajábamos. Todavía  conservo una pequeña crítica que le escribí, años más tarde, a Emmanuel Vincenot, para su libro Historia del cine cubano:

Uno, el solitario, es quizás la película más acabada del cine independiente de la época. Su factura era perfecta y elegante. Su fotografía, su montaje y, sobre todo su atmósfera, la hacían una pequeña obra maestra; a pesar de su ingenuidad, que a veces contrastaba con su naturaleza malvada. Su influencia, por supuesto, era el film noir. Este film se debe en su totalidad a la tenacidad y genialidad de Plácido González Gómez, que la dirigió, la fotografió y la montó él solito. Paul de Villanueva fue ayudante de montaje y posproducción, y Sabá Cabrera, el autor de la idea original y el único actor de la película. El argumento es que toda una ciudad se pone de acuerdo para jugarle a un solo hombre la gran broma de desaparecer por un día con el propósito de enloquecerlo. No creo que haya ninguna conexión entre Uno... y PM. La relación entre PM y la noche es completamente diferente. En PM, la noche existe como perversión lúdica o, más bien, como decía Rimbaud, parte de una inocencia pervertida. PM era un baile sin luces. La luz estaba apagada, pero la fiesta seguía en una Habana marginada y secreta. En Uno..., la noche formaba parte de una necesidad narrativa y estética: la noche era luminosa, agresiva, amenazante, pero carecía de gente. Incluso el uso de los focos de los coches, insidiosos, brillosos, odiosos, enfocaban y desenfocaban, para crear una imagen de la noche entre la realidad y el sueño.

 

Leonardo Soriano:

Resulta muy común empezar diciendo que conocer a alguien fue un gran privilegio, pero en mi caso, sí lo fue, se trata de Placidito, mi amigo del alma, mi entrañable hermano.

Ocurrió en una isla perdida del Caribe, previo a la llegada del castrismo, en todo su esplendor, cuando Cuba era simplemente Cuba, sin todos los aditamentos bélicos que la ornamentaron después.

Allí, en la primitiva Cinemateca de Cuba, conocí a Plácido González Gómez, nieto del prócer Juan Gualberto Gómez, en tiempos en que él aspiraba a ser director de cine y, de paso, yo también. El amor al cine es lo que nos hizo conectarnos y formar parte de un grupo: Orlando Jiménez Leal, Néstor Almendros, Germán Puig, los hermanos Sabá y Guillermo Cabrera Infante, Ricardo Vigón, Alberto Mora, quienes se reunían regularmente a soñar imágenes en aquella inolvidable ciudad de La Habana de mediados del pasado siglo.

Sin embargo, mientras algunos de nosotros quizás veíamos al cine como algo luminoso más allá del horizonte, en cambio, Placidito, con su Kodak Special de 16 milímetros, se había tirado literalmente a la calle para hacer una serie de cortos, pequeñas viñetas con un tema central de interés humano, como serían Un día cazando palomas, La cerca de vidrio o Una tragedia en época de mangos, Cimarrón, Close-up o Un suicidio en primer plano, hasta culminar en el film noir por excelencia de finales de los 50: Uno, el solitario, la surrealista historia de una ciudad que le juega una broma pesada a un individuo, al hacerle creer que se había quedado solo en el mundo. En suma, un verdadero prodigio de realización para la época, hecho sin la menor intervención del ICAIC que entonces, simplemente, no existía.

Pero todo eso quedó atrás con la llegada a Cuba de lo inevitable, en que Placidito se vio obligado a reinventarse, como tantos cubanos, en el exilio de Miami, a fin de sostener a su querida familia —Aidita, Lupita y los que vinieron después—, ahora sin ningún tiempo para elaborar nuevos proyectos.

Puede que sus películas hayan quedado ocultas en Cuba en algún rincón. O sea, que Uno, el solitario acabó por convertirse en una pasmosa réplica de sí mismo, como muchas otras de las deliciosas piezas que componían su obra.

No obstante, soy de los que creen que existe otra dimensión y que en la misma, Placidito se encuentra en estos momentos mostrándole, con entusiasmo, todos sus cortos a Néstor Almendros —que fotografió Cimarrón–, los hermanos Cabrera Infante, Ricardo Vigón, Alberto Mora, los amigos que le han precedido.

Solo me queda por decirle, adiós, querido hermano.

 

Carlos Velazco:

Su debut cinematográfico se remonta a 1943, con el documental en colores Un día cazando palomas. El siguiente corto, El tesoro sangriento (1946), alcanzaba la media hora de duración. Su experimento neorrealista La cerca de vidrio o Una tragedia en época de mangos (1950) quedó inconcluso. Tres años le tomó acabar los 18 minutos de Cimarrón (1953).

También perteneció a la junta directiva de la primera Cinemateca de Cuba en su etapa 1955-1956.

Su extravagancia era una condición genética. De su abuelo, el patriota Juan Gualberto Gómez atesoró anécdotas, como aquella en la que reconocía, para elogio de Martí, que casa donde este pasase la noche, dormía con la sirvienta o con la dueña, "y había veces que con las dos", repetía Placidito. Por su padre, diplomático cubano en Haití en el temprano siglo XX, supo de la existencia de zombis y sus leyendas. La filmación de una de sus películas en la casona familiar de Arroyo Apolo, podía acabar con una de las debutantes —sobrina de Placidito— herida de bala en la cabeza.

"Plácido González acaba de destruir Uno..., porque no estaba de acuerdo ya con esta pequeña, heroica cinta sobre la soledad y el vacío del ser humano", anunció G. Caín en febrero de 1960 en la revista Carteles. No obstante, para 1964, Fausto Canel rememoraba en Bohemia aquel corto de ciencia ficción: "No es una película lograda por deficiencias en la construcción dramática, pero indiscutiblemente tiene atmósfera y una excelente fotografía de La Habana nocturna". Igual se perdieron numerosos guiones y adaptaciones suyas que nunca se filmaron.

La embarcación en la que Plácido González Gómez y su esposa Aida se marcharon de Cuba durante el éxodo de Camarioca, era una barca funeraria: llegando a Cayo Hueso, la lancha empezó a hundirse. El centenar de personas a bordo habría perecido aquel octubre de 1965, si varios de sus pasajeros, entre ellos Placidito, no se hubiesen enfrascado en achicar el agua.

Todavía en 2017, Plácido podía narrar con precisión su rutina habanera de fines de los años 50. Hasta describía al detalle la dieta de su perro King. A la muerte de King, todos sus demás perros se llamaron King; siendo King una entidad definida por la percepción de Placidito.

Él era capaz de evocar, sonriendo, las mejores zonas y precios para una noche de amor —"disculpen las damas presentes"—. Aida, su mujer, lo interrumpía: "¡Ay, Plácido, deja ya el pasado!", pero nada lo apartaba de su obsesión. Permanecer en un tiempo y un espacio, perdidos e irrecobrables ambos.

Aunque se le negara la existencia tanto en Cuba como en La Otra Cuba, Plácido González Gómez jamás perdió su esencia. Demasiado cineasta y demasiado experimental, tampoco perdió su habilidad para emplear términos grandilocuentes en sentencias que seguían siendo originales y nunca vacías de sentido. Por ello, junto a su obra secreta, queda el extenso repertorio de frases de Placidito, con el cual se podría hacer un Diccionario de cine alternativo, en el que se plasmaran sus devociones: Zoltan Korda: "el hombre que glorificó el desierto", su término "filomáticos" por "cinéfilos", su género favorito: "acción vertiginosa". Y su máximo elogio: "una joyita".

Imposible, siempre imposible sustituir el esplendor que fue La Habana.

 

Nat Chediak:

Placidito, víctima del exilio, nunca pudo adaptarse a vivir en EEUU. Su sueño de hacer cine quedó en suspenso. Trabajaba como sereno, con uniforme y pistola, hasta el amanecer: vaquero del oeste trasnochado. Llegué a conocerlo a finales de los 70; me lo presentó Guillermo Cabrera Infante, a quien le decía con cariño: "Guillermito, tienes tufo de Nobel". Y es que él era de frases fáciles pero memorables. Le dediqué una retrospectiva de la época de oro de su estudio favorito: Warner Brothers, que producía las películas que más le entusiasmaban: las de aventuras y acción. Sostenía que el húngaro Michael Curtiz (director de Casablanca) contaba con una obra maestra en cada género. Estaba tan centrado en el pasado, que cuando le comenté de la muerte de Nicholas Ray, a los 67 años, su respuesta fue: "¡Qué pena… era la esperanza joven del cine americano!". El cine nunca le dio la espalda. Sus momentos más felices transcurrieron en la oscuridad, embelesado por exóticas imágenes en blanco y negro.

 

Orlando Jiménez Leal:

En los últimos años de su vida, Placidito se dedicó a ver exclusivamente cine norteamericano de los años 30 y 40. En sus llamadas, casi diarias, se convirtió en un cronista de las películas que él llamaba "una joyita". De él guardo auténticas maravillas: scraps books que confeccionaba con recortes, fotos y memorabilia de sus directores y actores preferidos. Pero quizás su mejor testimonio, en los últimos días de su vida, fueron los mensajes en mi contestadora para advertirme de las películas que no podía dejar de ver. En algunos se nota su deteriorado estado de salud y quizás su cercanía a la muerte.

 

Mensajes de Placidito en la contestadora de Orlando Jiménez Leal:

Orlandito, es Placidito, lo mejor para ti y todos los tuyos, si puedes, ahora, en dos tres o minutos ponen tres películas cada una de distintos géneros. Yo sé que las has visto. La dama de las camelias, con Greta Garbo, la mejor actriz, y el Apolo del cine, Robert Taylor. Después ponen Captain Blood, la película que he visto más veces, con Errol Flynn y Olivia de Havilland. Y después Capitanes intrépidos, con el niño actor más grande que hubo en Hollywood, Freddie Bartholomew. La primera película es de George Cukor, que dicen que es el mejor director de mujeres de Hollywood. El capitán Blood, de Michael Curtiz, que no hay que decir más. Y la tercera, la de Victor Fleming. Lo mejor para ti y los tuyos. Gracias.

 

Orlandito, es Placidito. Hoy hay un día que es para ver cosas buenas nada más. A las 9:10, Conflict. A las 10:40, Dark Passage, con Humphrey Bogart y la mujer, que es un tiro esa película. A las 12:40, The Letter, de William Wyler, con Bette Davis, otra joyita. A las 4:25, Phantom Lady, imitando a Hitchcock, una tremenda película de misterio. A las 6:00, Cape Fear, la primera versión, Gregory Peck y Robert Mitchum, muy buena. A las 8:00, The Roaring Twenties, de Raoul Walsh, con James Cagney y Humphrey Bogart. No te la pierdas. Y sobre todo, a las 10:00, Footlight Parade, uno de los mejores musicales hechos en el mundo. No te la pierdas. Bye.

 

Orlandito, es Placidito. Afecto para ti y a todos. Te llamé porque a las cuatro y pico ponen The Lost Weekend, el Oscar de su año, y el Oscar para Billy Wilder también. Los quiero mucho.

 

Orlandito, mañana ponen cinco o seis de las mejores del mejor actor de Hollywood, Paul Muni. Es muy temprano cuando ponen Soy un fugitivo, pero a las 9:30 o 9:45, ponen The Story of Louis Pasteur; La vida de Émile Zola; y su mejor película en la Metro: The Good Earth, etcétera. Así que afecto para todos. Te quiero. Bye.

 

Orlandito, es Placidito. Quería hablar contigo para varias cosas. Estoy malísimo, hermano. Me pusieron un yeso en la muñeca porque me caí y se me partió un huesito. Tengo 40 días eso aquí. Lo mejor para ti y tu señora. Llámame si puedes luego; aunque el teléfono está en la cocina y yo en mi cuarto. Yo si puedo te vuelvo a llamar. Afecto para los dos. Cariños. Bye.

 

Orlandito, es Placidito. No te llamé antes porque me vinieron a buscar de la clínica a las siete de la mañana. Pero están poniendo hoy, seguido, Passage to Marseille y Background to Danger. Passage to Marseille es con Humphrey Bogart, y dirigida por Curtiz. La otra es con George Raft, dirigida por Raoul Walsh. Después ponen Casablanca, y luego Arsénico para los viejos, una de las joyas de Frank Capra, con Cary Grant, etcétera, etcétera. Te quiero. Bye.

 

Orlandito, es de parte de Placidito. Era para hablar un poquito contigo. Me siento muy mal, me sigue lo de las piernas y me duele todo el cuerpo. Luego, cuando hable contigo, o mañana, te diré que hoy vi cosas buenas; y alrededor de las 4:00, 4:05, ponen The Mortal Storm, una excelente película. Si no la has visto, no te la pierdas. Te quiero. Los quiero a todos. Ve con Dios.

 

(Plácido González Gómez murió el domingo 19 de marzo de 2017, a los 90 años de edad.)

 

Mensaje de Leonardo Soriano en la contestadora de Orlando Jiménez Leal:

Orlando, parece que se cayó la llamada. De todas maneras, ha sido una terrible noticia. Yo creo que lo que voy a hacer es pedir por él... Lo único que puedo hacer… (Se corta la grabación.)

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Comentarios [ 5 ]

Imagen de Anónimo

Gracias, Orlandito, por lo que escribiste de Placidito. Muy querido de Fernando y mío.Mucho o visitamos en Miami, mucho nos visitó, Siempre daba felicidad estar cn él.
Gracias de nuevo por recordarlo y reconocerlo.
MIúca Villaverde.

Imagen de Anónimo

Magnífica recuperación de una figura de nuestra cultura. Los descendientes de Juan Gualberto Gómez sostuvieron durante mucho tiempo una tertulia a la que asistieron Virgilio Piñera y otros escritores. Gracias al sr. Jiménez Leal por esta recuperación.

Imagen de Anónimo

Un gran homenaje a un hombre anonimo q amo el cine. Felicitaciones
 

Imagen de Anónimo

Dos principales frustraciones me quedan de mi amor por el cine: una, individual y del alma, es tener que contentarme con haber sido solo un cinéfilo y no un cineasta, uno que hace películas; y la segunda, de orden social: no haber conocido al mítico Placidito. Por lo que cuentan sus amigos, debe de haber sido una fiesta del espíritu. Lo de nunca acabar. 

Imagen de Anónimo

Que hermosas palabras para un personaje unico e inolvidable. Cuanto perdimos en el camino, ! cuantas vidas brillantes y memorables desaparecidas para siempre en el necesario y doloroso exilio , provocado por una dictadura que nunca debio existir, Espero que Placidito se reencuentre con sus viejas leyendas y amigos y que siga disfrutando de ese mundo magico del cine que tanto amo.