Domingo, 19 de Noviembre de 2017
14:09 CET.
Cine

Luces y sombras de la Muestra de Cine Joven

Trascurridas dos jornadas de la XVI Muestra de Cine Joven, algunas de las obras que optan por premios en el concurso principal ya han sido puestas a consideración del público y la crítica.

La esperada Luxemburgo (2016), de Fabián Suárez, fue presentada la noche inaugural en la categoría de ficción. El amor platónico de Aristóteles, un obeso homosexual enamorado de un joven y apuesto custodio de la primera fábrica de MacDonald's que se construirá en Cuba, pretende ser el epicentro de una historia que, aunque por el interés de la temática y la presencia de Daysi Granados, presenta un elenco de desiguales desempeños. La idea de que  en lo grotesco encontramos también interesantes atractivos de la esencia humana, no solo en su belleza física, es sin duda, interesante para desarrollar una historia, pero esta, al menos, lo hace bastante mal.

Atrapado (2016), de Daniel Chile, tuvo mejor aceptación por parte del público. A Roldán, un joven repartidor de pizzas y con una esposa a punto de dar a luz, la escasez económica le imposibilita reparar su deteriorada vivienda. Cierto día recibe la encomienda de entregar una pizza a un cliente que, ante él, sufre un repentino ataque cardíaco. El joven tendrá que escoger entre darle a tiempo el medicamento o dejarlo agonizar en el suelo hasta morir para robarle todo el dinero que ha descubierto por azar en una de las gavetas del cuarto. La organicidad argumental y estética del filme, acompañado de un impecable desempeño actoral —Carlos Luis González, Patricio Wood y Aramís Delgado—, trenzan el conflicto ético de esta obra, una fuerte candidata para optar por el lauro principal.

En el documental sorprende Alejandro Alonso con Duelo (2016), muy cercana al naturalismo estético del docudrama, que capta el drama de una familia campesina y sus prácticas religiosas animistas con las que pretenden superar las secuelas del dolor ante la pérdida de un ser querido.

En Mi herencia (2016), Ariagna Fajardo centra su examen de la cultura popular en una comunidad de descendientes haitianos, ausculta la voluntad del arraigo, el calado de la idiosincrasia y la fuerza de una tradición ya centenaria, que se trasmite de generación en generación a pesar del deterioro material, la escasez y el desamparo. Entre bailes ancestrales y un repertorio musical descansa la mayor riqueza de la comunidad Thompson en una apartada zona rural de Santiago de Cuba. La exploración antropológica insta aquí a la preservación de la memoria colectiva como legado patrimonial, quizá en un inicio un tanto errático con innecesarias tomas introductorias.

Villa Rosa (2016), de Lázaro González González, seduce por el interés que ha alcanzado el tratamiento del tema de la diversidad sexual en la agenda sociopolítica cubana. La mirada de González otorga protagonismo a historias de vida sesgadas por la discriminación sociocultural, cómo sobreviven y se integran al contexto social y político en Caibarién, una comunidad de pescadores donde al parecer allí todo es color de rosa. El documental de González coquetea entre el didactismo del prisma sociológico y la inserción del símbolo que desarma los prejuicios seculares de la masculinidad desde el travestismo y el transformismo.

Villa Rosa inserta otros aspectos importantes sobre los cuales es imposible no reflexionar: la doble moral de la voluntad política y social en relación al tema de la homofobia en Cuba, la necesidad de establecer modificaciones en el cuerpo legislativo del país como reconocimiento y respeto a la comunidad LGBTQ, y legitimar las aspiraciones socioculturales de los excluidos por su orientación sexual diferente.

Hasta ahora, en el género de animación, dos de las cinco obras concursantes parecen ser las fuertes candidatas a premio. La primera, y favorita, es Dany y el club de los berracos. Capítulo 6. Selección natural (2016), un seriado independiente de Víctor Alfonso Cedeño que ya va, en esta edición, por su sexta entrega. Polémico, versátil, entretenido, cautivante, resulta este corto que ha caído en el gusto popular y merecido el juicio favorable de la crítica.

El corto evade el didactismo de los tradicionales filmes de animación dedicados al público infanto-juvenil para ahondar, con frescura, originalidad, buen sentido del humor y no exento a veces de crudeza, en temáticas como las relaciones amorosas en la adolescencia.

La segunda obra de animación, Acompaña mi soledad (2016) del debutante Iván Barbería Barrios, apuesta por la intencionalidad moralizadora en el seno familiar, la emotividad y buen uso de la técnica de animación en 3D al relatar la historia de un anciano solitario que un día recibe la inesperada visita de un nieto que transformará su rutinaria y pobre existencia.

Hasta el día 9 de abril transcurrirá esta muestra de Cine Joven en La Habana donde el público de la capital tendrá la oportunidad de apreciar lo mejor y más reciente del audiovisual de los más noveles realizadores del país.

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