Jueves, 14 de Diciembre de 2017
01:56 CET.
Literatura

Un café y unas copas con Piglia

El poeta cubano Eliseo Diego (1920-1994), una de las figuras principales del grupo Orígenes, tenía la ambición secreta y casi pecaminosa porque era católico de que un bar de La Habana llevara su nombre. Soñaba que la cantina, con una gran barra de madera fina y unas diez mesas, estuviera cerca del puerto, junto al mar, y que en la puerta del establecimiento se pusiera este letrero para distraer a los parroquianos de eventuales peligros del ron: "Buen café: todo sea suave y paladeable como la dulce noche".

El autor de Por los extraños pueblos, El oscuro esplendor y el Libro de las maravillas de Boloña, no pudo ver nunca su bar, pero lo soñó tantas veces y con tal persistencia que estoy seguro de que los últimos tragos que bebió en Cuba antes de irse a morir a México los pidió en aquella barra enorme y pulida del bar Eliseo Diego, al lado de la bahía y rodeado de amigos.

Conocí a otro poeta de aquellas tierras que no aspiraba a ponerle su nombre sonoro a un bar. Quería, sin embargo, retirarse de todo el asunto literario y del periodismo y pasar los últimos años de su vida como pianista en un prostíbulo de Panamá. Tampoco cumplió su sueño y tuvo que esperar la muerte como un gran escritor de un país socialista lleno de medallas y condecoraciones. Y después de olvido.

En Cuba, al único escritor que no han podido sacar de su bar favorito es a Ernest Hemingway. Ahí está hoy mismo en su escultura de bronce recostado a la barra de El Floridita con la ilusión de que Constante, el barman, le sirva un daiquirí salvaje, es decir, sin azúcar y con un doble de ron.

Donde sí le han puesto a un escritor el nombre de un bar es en Buenos Aires. El sitio se llama Ricardo Piglia y fue inaugurado hace unos días en la Biblioteca del Congreso, cerca del Parlamento argentino. El escritor falleció en enero pasado a los 78 años.

El bar que lleva el nombre del hombre que escribió Plata quemada tiene un piano, una barra, varias mesas y una zona al aire libre. Hay también un mural en el que han puesto la figura de Piglia y varios fragmentos de sus obras. Durante la ceremonia de la apertura del bar, la escritora María Moreno recordó que para el hombre de Respiración artificial los bares fueron "escritorios abiertos" pero en ellos escribió los borradores de su novelas, tomó apuntes y realizó los bosquejos de muchos ensayos.

Según dijo la señora Moreno la obra de Piglia puede ser el "fruto de su deambular" por bares que le acogían en sus andanzas por las ciudades de La Plata y Buenos Aires. Agregó que el escritor envió un entrañable homenaje a la Biblioteca del Congreso como espacio de investigación y lectura y, además, como "guarida nocturna para disidentes políticos autodidactas apasionados pero sin tiempo".

María Moreno prometió que los habituales visitantes del bar Ricardo Piglia podrán "conversar de mesa en mesa con autores de diversas generaciones y el rumor de fondo de la máquina de café que tanto amaba el escritor que le prestó su nombre".

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Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

Excelente cronica como todo lo que escribes, o al menos, lo que nos permites ver. Que maravilla tenerte en Miami, Gordo....Dejate ver!!!