Domingo, 17 de Diciembre de 2017
12:16 CET.
Teatro

'Departures': partir (y sobrevivir) para contarlo

"No me gustó tanto… es que yo vine a ver una obra de teatro, no a pensar en cosas que provocan dolor", sentenció una amiga al final de Departures, último estreno de la compañía teatral El Ciervo Encantado en su sede de Línea y 18, Vedado.

Debo darle la razón y recomendar a cualquier potencial espectador que, si quiere pasar un rato de esparcimiento y no pensar en cosas que provocan dolor, no pierda su tiempo en ver Departures. Todo lo que encontrará en la obra es a Mariela Brito (sí, la misma que nos divirtió tanto en Cubalandia) contando justamente esas cosas que duelen.

Estas Departures —así, como se anuncia en los aeropuertos— son las de tantos cubanos durante más de 50 años. Pero las departures de Cuba no son siempre desde un aeropuerto, en un avión, ni son siempre legales ni voluntarias. Ni el viajero llega siempre al destino. Los cubanos, como se dice en una de las cartas leídas en escena, más que partir, escapan.

Después de ver Diez millones, de Argos Teatro, en enero, y ahora Departures, empiezo a preguntarme si será necesario ir al teatro para conocer esa historia cubana hecha de vidas simples, poco heroicas, aplastadas por la Historia oficial bajo los escombros de ideologías y consignas.

He tenido que ver Departures para saber que existió un Raúl Chibás hermano de Eduardo Chibás y Comandante de la Revolución, que discrepó del rumbo que tomaba el país y debió huir con su familia "en una embarcación de 17 pies" para no caer preso. He necesitado ver Departures para saber que existió algo llamado "campamentos de apátridas", donde quienes solicitaban la salida del país debían esperar, trabajando en la agricultura, en régimen semimilitar. Y como yo, muchos nacidos en las décadas de los 70, los 80, los 90 o el presente siglo, escuchan sobre estas "partidas" enmudecidos, atónitos.

Lo peor es que para muchos no se trata de enterarse, sino de recordar. Por increíble que parezca, muchos nacidos entonces, testigos de esas partidas, de esas atrocidades, que tuvieron algún amigo o familiar que las sufrió, pudieron olvidar. O más bien era imprescindible olvidar, ignorar, para permanecer aquí.

A todos nos ha tocado ver un pedacito de esta larga e interminable película que son las partidas, huidas, desde Cuba. Muchos vimos en 1994 aquellos camiones que cargaban gente y sus balsas improvisadas. Ellos y nosotros veíamos como una fiesta lo que en realidad era "una masacre de personas autorizadas a lanzarse al mar en cualquier cosa". Solo que entonces nos pareció, nos hicieron verlo como una movida genial de nuestro Gobierno que decidió dejar de custodiar las costas norteamericanas; que el que quisiera irse, como quisiera irse, a riesgo de perder la vida en el mar, como sucedió con muchos, se fuera. Ahora, nuestro Gobierno celebra el fin de la que por años llamó la "asesina" política de "pies secos/ pies mojados", porque costó la vida a muchos cubanos.

No hay melodrama, ni lágrimas, ni catarsis en Departures. Una de las mejores cosas de este trabajo es la ¿actuación? de Mariela Brito. Esta mujer, a quien he visto desplegar un histrionismo impresionante en Un elefante ocupa mucho espacio, Visiones de Cubanosofía, Variedades de Galiano y Cubalandia, aquí parece concentrada en no actuar. Es toda contención. Más preocupada por intentar explicarse lo que vivió, todas esas partidas, las de sus amigos, sus familiares, la propia. Mucho de lo que cuenta es parte de su propia historia. Tampoco se trata de Mariela Brito interpretando a Mariela Brito. Es Mariela Brito contándote qué sucedió, sin teatralidad, sin efectismos.

Si pese a la advertencia de que no habrá rato de esparcimiento, sino cosas que provocan dolor, usted toma la muy sabia decisión de ir a ver Departures, que se presentará hasta el 5 de marzo, acepte la invitación a interactuar con la pieza. Pase al escenario y vea las fotos, lea las cartas, porque no todas serán leídas durante la obra. No pierda la oportunidad de saber si todo, absolutamente todo lo que contó Mariela Brito, es verídico, incluso esas partes tan terribles que no pueden ser ciertas. No se vaya sin preguntar dónde termina la verdad y dónde comienza la ficción. Espántese ante la respuesta.

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Comentarios [ 6 ]

Imagen de Teresa Dovalpage

Muy buen artículo, Yusimí. Gracias por compartir tus experiencias teatrales. Muchos que pasamos por esas cosas no las hemos olvidado, aunque no hablemos de ellas todo el tiempo. Mi familia “presentó la salida” (así se decía) en los setenta. Nunca se les dio, por motivos que no vienen al caso, pero a mi papá lo mandaron a uno de esos campamentos que mencionas y a mi mamá, que era doctora en farmacia, la pudieron a trabajar en una botica en casa de las quimbambas, que se demoraba más de dos horas en llegar a casa todos los días. Yo crecí oyendo esas historias. Saludos desde Taos. 

Imagen de Anónimo

Vi aqui Cubalandia y me parecio muy buena, bien actuada y muy reflexiva y critica.Me parece excelente que este tipo de Teatro se haga en Cuba y se presente tambien en Miami.

Imagen de Anónimo

Esta reseña adolece de lo mismo que otras de la misma autora. No está escrita para la audiencia que la lee. Nadie ha visto, en general, esa obra, excepto en Cuba unos pocos. ¿Por qué no habla un poco de su argumento?

Imagen de Anónimo

En los retratos que rodean a la actriz en la foto -que aquí se publica- se ven rostros conocidos: artistas, intelectuales, poetas... Sin embargo, cuántas personas anónimas tuvieron que emigrar también de Cuba forzosamente y de ellas en muchos casos no queda absolutamente ni una carta ni un retrato para dar testimonio de su paso por este mundo y por el exilio... Pero eso no es todo, ni son las ideologías como ambiguamente se dice aquí, las que les obligaron a marcharse de su país -bajo el lema: Esta calle es de Fidel o Pin Pon, fuera, abajo la gusanera, etc.- la que les obligó a marcharse de su tierra, fue una dictadura cruel y dura la que hizo eso y todavía en el poder al cabo de 60 años. Es sólo una arista de lo que ha sucedido, todavía faltan miles de historias que no se han contado, incluyendo las de cubanos que han sido ninguneados, reprimidos, reventados o asesinados por esa dictadura dentro de su propio país y no han podido ni quejarse del daño que les han hecho. ¿Quién les dará voz a todos y cuándo? - porque ya no nos interesan tampoco las voces de los dictadores que nos gobiernan como una monarquía que nadie eligió y que son los culpables de todo ésto.

Imagen de Anónimo

¿Dirá esa obra toda la verdad y nada más que la verdad en el país del que han escapado tantos cubanos desde 1959? - Lo dudo, porque el régimen del que han escapado es el mismo todavía y la familia que lo (al país) gobierna la misma. De lo contrario, que presenten la obra aquí también en DDC y que podamos opinar de ella.

Imagen de Anónimo

Quizás se acuerde de que en 1980, casi 11,000 cubanos nos metimos en la Embajada de Perú en La Habana. Un país sin memoria es un fantasma.