Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Teatro

'10 millones' de aplausos para Argos Teatro

No compartí las reacciones de mis compatriotas en Miami respecto al fallecimiento de Fidel Castro. Sigo sin compartirlas; no he tenido ninguna experiencia que me hiciera odiarlo al punto de celebrar su muerte (ni llorarla). Pero rara vez el odio es infundado; pienso que, como mínimo, debo respetar el de quienes habitan del otro lado del Estrecho de la Florida y tienen su propia verdad.

Esa verdad, al menos una parte de ella, es de las cosas que revela la obra 10 millones, del grupo Argos Teatro, dirigido por Carlos Celdrán, que se presenta en su sede de Ayestarán y 20 de Mayo viernes y sábado a las 8:30 de la noche y domingo 5:00 de la tarde.

Sé que no fue la explicación del odio que puede impulsarnos a celebrar la muerte de alguien lo que llevó a Celdrán a escribir este texto. Según cuenta, nació como diario personal y fue escrito a través de los años. Es un intento de explicarse quiénes fueron él y los cubanos en general durante esas primeras décadas de la Revolución Cubana, los momentos históricos de la zafra de los (no alcanzados) 10 millones, los hechos de la Embajada del Perú, el éxodo masivo por el Mariel.

A Él (interpretado por Daniel Romero) al principio de 10 millones no podemos (o no queremos) evitar identificarlo con Celdrán. Pero Romero logra una construcción muy personal del personaje, alejada del director de la obra, y cercana a un adolescente "raro" de aquella y cualquier época, de los que no logran (ni quieren) encajar en el grupo mayoritario; un adolescente que se debate entre el amor por su padre y el miedo a no ser amado por su madre. Un Padre (Caleb Casas) y una Madre (Maridelmis Marín) que representan mundos alejados e irreconciliables.

No creo haber visto otra obra de Celdrán con tan pocos elementos en escena (la pizarra, el maletín, unas fotos) y tanto texto. Mucho texto y poco diálogo. La obra está construida sobre largos monólogos, que transmiten la incapacidad de los personajes de comunicarse entre sí y nos convierten en sus interlocutores, confesores, compañeros de causa, psicoanalistas. Todo, menos simples espectadores.

Solo es posible sentir esa compenetración con los personajes, esa desconexión total de todo cuanto no esté sobre ese escenario, cuando percibes en quienes te dirigen sus monólogos una necesidad real de ser comprendidos, de explicarse y entender quiénes fueron en un momento de sus vidas. Eso sucede con los cuatro actores de esta obra. Incluso, con Waldo Franco (el Autor), quien pasa mucho menos tiempo en escena y alterna en la interpretación de un maestro, un doctor, un marido de la madre.

Daniel Romero, el más joven de los actores, nunca abandona la escena y lleva encima casi todo el peso de la obra. Me ha impresionado en él lo mismo que cuando interpretó a Martí adolescente en El ojo del canario: su intensidad, sin incurrir en excesos ni sobreactuación.

A Caleb Casas lo recuerdo en Roberto Zucco, hace más de 10 años y su desempeño ahora como el Padre es prueba de su crecimiento como actor.

Es difícil encontrar un término que haga justicia al trabajo de Maridelmis Marín. "Impresionante" sería apropiado si no se hubiese utilizado tanto. Hay en cada uno de sus parlamentos, una fuerza y una convicción que nos obligan a reflexionar sobre la forma en que la Revolución impactó en cada cubana y cubano de entonces.

Mientras el Padre es portador de la verdad de quienes vieron su mundo arrasado, la Madre porta la verdad de las mujeres que gracias a la Revolución se liberaron. Escaparon del destino de simples madres, esposas y amas de casas, que les esperaba.

¿Pero hasta qué punto es realmente posible entender aquel momento, aquellas ideas? La propia Madre se percata de que, al exponerlas ahora, las grandes ideas ya no son sino fantasmas de las grandes ideas que fueron. Es una de las verdades más grandes y aplastantes de la obra. Casi me tienta la idea de adelantar el irónico final del personaje de la Madre, pero cuento con que algunos lectores puedan ver 10 millones que tendrá sus últimas funciones el próximo fin de semana.

Esta obra se estrenó en 2016, cuando Argos celebraba su vigésimo aniversario, y regresó a escena desde el 6 de enero. Hablar de los aplausos o decir que la sala ha estado repleta en cada función y que conozco a un espectador solo logró verla en su tercer intento, puede no ser suficiente prueba de la aceptación del público, pues la sede de Argos Teatro es bien pequeña. Pero si les digo que una pareja esperó casi dos horas en la cola de fallos, porque las entradas estaban agotadas, para verla… por segunda vez, ya es otra cosa.

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Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

Felicitaciones a Carlos Celdrán, a los actores y a todo el equipo de Argos Teatro, por un trabajo hecho con honestidad y con mucha fe en el poder que tiene el teatro para mostrarnos mucho mejor la realidad, la historia, las arbitrariedades, el horror y el desastre, provocados por los delirios y las imposiciones de un ególatra que se creyó el nuevo salvador de la humanidad.