Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
17:23 CET.
Artes plásticas

Tabú, de Calé

Mientras más crece el interés del arte por ser contemporáneo con solo participar de las tecnologías y enfrascarse en variaciones conceptuales y de estilos, Carlos Leandro Suárez "Calé" (Manzanillo, 1980) sostiene su vocación ciertamente contemporánea de consolidar un repertorio visual afín con el legado ilusionista. Sin acogerse a modelos analógicos, ni acodarse en la referencia, disfruta la plasticidad de sus imágenes y la elegancia de su representación, interesado en la elocuencia del diálogo estrictamente pictórico.

De los elementos que caracterizan sus trabajos recientes, destaca el contraste entre la abstracción de los fondos, la cual resuelve una impresión de vacío y ausencia, y el tratamiento de las figuras en primer plano, donde la exactitud del dibujo y el cuidado de la pincelada, evidencian su precisión técnica. Habría que señalar además, la temperatura del color, las transiciones entre la planimetría de base y la vitalidad de los motivos que acompañan las producciones, el equilibrio de la composición y la fugacidad del espacio. El cuidado del diseño en general ubica sus piezas en medio de una disyuntiva: parecen en la superficie de una facilista economía de recursos expresivos, no obstante, al interior se dejar ver un complejo cuidado en el manejo de la representación.

El código visual de este artista ha ido cambiando en el tiempo, no llegó de golpe al estado en que se encuentra hoy. En su exposición Recitación en elogio a una Reina (Santiago de Cuba, 2011) —donde por primera vez se muestra un Calé seguro en su destreza formal― restringía su paleta a las relaciones entre blancos y negros y a una fría acentuación del azul; destacaban la sobriedad cromática, la síntesis constructiva, la distribución de la luz y una carga referencial con la facultad de remitir a ciertas nociones medievales.

Después ha rediseñado la norma, renunció a la atmósfera mítica e introdujo sin cambios radicales de estilo una dinámica del color donde conjuga los primarios con sombrías variaciones del gris. Tal articulación verista y la perfección académica resultan de una postura consciente de su potencial para la comunicación de ideas. Contra lo que pudieran pensar algunos, la determinación pictórica no es una fórmula, esta prueba el alcance de una actitud que privilegia formatos y metodologías tradicionales.

No es este el tipo de arte figurativo que, interesado en subrayar su retórica, su destreza y calidad formal, resta importancia a las ideas: es una pintura inmersa en la exposición de sensaciones y pensamientos. La significación de las piezas de Calé no acaba en la mera información visual o en la factura del oficio, necesitan de un examen capaz de interpretar el carácter de una imagen coartada por su realidad sociohistórica; una lectura que atienda a dicha representación como expresión de algo que ella misma no es. Tampoco estamos ante un pintor social, el caso es que, tras la virtualidad de su sistema simbólico, se advierte una muy bien localizada desesperanza y una pesadumbre vivida por los hombres de esta isla.

Su estrategia constructiva está madurando aún, no obstante, los mejores lienzos que van de la serie Recitación en elogio a una reina ―donde el ícono de la Virgen de la Caridad del Cobre era coartada para sus exploraciones del ser interior―, hasta su exposición Relation (Houston, 2014) ―donde hurga en los contornos del poder, la incomunicación y el encierro―, revelan una sólida destreza creativa.

A nivel de la expresión hay quienes le reclaman un transcendentalismo kitsch, sin embargo, la sencillez de su sistema simbólico y la independencia que ostenta del subrayado de la contingencia, instauran de entrada un valor artístico y una virtud estética en su trabajo. El enunciado en Calé es el establecimiento de una comunicación condicionada por el contexto donde llevó a cabo sus primeras incursiones pictóricas; es el intercambio de una experiencia que programa el "régimen estético" como espacio para enfrentar las antinomias proyectadas por su tiempo.

Basta una primera mirada a piezas como "Freedom", donde observamos a un pájaro hecho de tenedores, posado sobre el hueco de una cerca, que mira la plenitud del cielo, con un tratamiento formal limitado al acento lumínico de los grises y al equilibrio compositivo, y de inmediato se siente el peso de un silencio tras el cual se esconde una necesidad de apresar las vibraciones que afectan al cubano, el estremecimiento causado por las premuras vividas en la Isla, que cobran cuerpo por medio de una sensación de pérdida materializada en las obras.

¿De qué pérdida estamos hablando? Del extravío de un sueño, de la imposibilidad de edificar una vida sin la incertidumbre del mañana, apresados en el desconcierto de un proceso que subsiste en el encierro. De ahí que el pintor instale una engañosa búsqueda de la libertad. El resultado plástico no varía mucho en otros trabajos, donde introduce metáforas sobre nuestra condición insular: la incomunicación y las restricciones a la libertad establecidas por el poder.            

Por debajo de sus núcleos argumentales se evidencia una descolocación y un desprendimiento que complementan los efectos del lenguaje, el cual escapa a los modelos cansados de la cubanidad y al estereotipo. Así remite y dialoga con una sensibilidad que obedece a conflictos de una historia de difíciles fluctuaciones ideológicas y existenciales. Calé se desentiende de la falsa jocosidad, la identificación carnavalesca y el complejo de crónica cultural, de ese trasnochado sensacionalismo caribeño que caracteriza a los artistas santiagueros de su generación, para apostar por un repertorio que aborda los accidentes de un imaginario aquejado por su entorno. Sus imágenes hacen visible un estado del ser, una meditación que ocupa la existencia insular como un potencial alcance de la cubanía: la expectativa a sobrevolar los límites del archipiélago, a superar ese perfil ético que nos ha sumergido en un constante juego de apariencias con el poder.

Aunque el paisaje temático especifique determinadas ideas reconocibles en los marcos del que fuera su hábitat social, estamos ante un arte de evidente introspección existencial, instalado en un contexto de contingencias y eventualidades precisas: las tensiones éticas del cubano, la necesidad de romper con los límites de la Isla y escapar a su estrechez vivencial. Las marcas de su obra lo han tipificado favorablemente, es muy difícil no reconocer una pieza suya; pero las inquietudes temáticas que ocupan su nueva serie, implican una fertilidad que catapultará su trabajo.

Tres piezas de Carlos Leandro Suárez, 'Calé'

El artista manzanillero consolida un repertorio visual afín con el legado ilusionista.

 

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Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

El plato y el hueso expuestos aquí, si bien obras perfectas, las rechazo. En medicina existe la necrofilia, que no por existir es elegante. Y esos huesos, llenos de pájaros que aparentan moscas, como el plato, me producen náuseas. Ojo, no estoy negando su arte, pero no son de mi agrado. Es pintura excelente, pero no bella, no llena el espíritu. Viéndolas, por algo que no puedo expresar, me remontó a la neofiguración de Bacon que me causa igual rechazo en muchas de sus obras.