Jueves, 14 de Diciembre de 2017
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Cine

'Santa y Andrés' vista desde la cama de Carlos Lechuga

Acabo de tener un privilegio que no disfrutará la mayoría de mis compatriotas: ver la película Santa y Andrés, del joven director Carlos Lechuga.

Su guión inédito fue Premio Coral en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de 2014 y Premio Julio Alejandro de la SGAE, en España. Ha sido exhibida en los festivales de Toronto, San Sebastián, Chicago, Kerala, Zürich y Ginebra. Otros eventos internacionales de cine también están interesados en proyectarla. Sin embargo, fue excluida del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, realizado en diciembre de 2016 y no será exhibida en las salas cinematográficas de la Isla.

Santa y Andrés no está en el Paquete Semanal, ni la bajé de internet. El propio director me invitó a verla en su casa. Me pareció una magnífica oportunidad, además de que pensé que podría obtener algunas declaraciones de su parte, pero hasta el momento Carlos Lechuga no está concediendo entrevistas.

De todas formas, la posibilidad de ver el filme me alegraba muchísimo, a la vez que me llenaba de ansiedad.

Es casi inevitable sentirse identificada con una película censurada y eso predispone para que parezca, como mínimo, buena. Si además el director te incluye en la breve lista de afortunados cubanos que han podido verlo hasta ahora (amigos, familiares, críticos y periodistas), y cuando llegas te pregunta si ya almorzaste, te ofrece café, té, un dulce riquísimo y, finalmente, su propia cama (que perteneció a Elena Burke) para que te acomodes a disfrutar el filme a solas, más deseas que te guste.

Yo tenía otro motivo para rezar porque así fuera: Melaza, primer largometraje de Lechuga, que me pareció bestial.

Supe de qué iba la historia en noviembre, cuando me enteré de la censura del filme: En la década de los 80, Andrés, un escritor homosexual que sufrió prisión por escribir un libro considerado contrarrevolucionario, es vigilado por Santa, designada para la tarea, durante la realización de un Foro por la Paz.

No solo me pareció prometedora, me pareció necesaria porque los horrores eufemísticamente llamados errores de esa época no se conocen bastante aún. Estaba preparada para ver una película atrevida. ¿Pero basta que una película saque a relucir lo que muchos preferirían dejar enterrado en el pasado para que sea una buena película? ¿Es la censura indicador del valor artístico? La vida demuestra que no.

Santa y Andrés no se queda en la crítica y el panfleto. Atrapa la historias de los personajes, lo que les sucede a un nivel íntimo. Es una historia sobre la soledad, el ansia de cercanía que supera la necesidad de satisfacer un deseo carnal inmediato, ubicada en esos años que muchos nostálgicos recuerdan como los mejores de la llamada Revolución.

Los actores Lola Amores (Santa) y Eduardo Martínez (Andrés) ponen carne en estos personajes y logran construir un acercamiento humano, creíble.

No son dos rostros conocidos en la pantalla grande, esta es apenas su primera película. Pero tras haberlos visto en Un elefante ocupa mucho espacio, Visiones de Cubanosofía y Variedades de Galeano (obras de la compañía teatral Ciervo Encantado, dirigida por Nelda Castillo), cabía esperar un buen desempeño.

Nada tiene que ver el homosexual de Eduardo Martínez con el ocurrente y divertido Diego de Fresa y Chocolate. En Santa y Andrés no hay mucho de qué reír.

Eduardo Martínez nos entrega un personaje cuya homosexualidad resulta evidente desde el principio, sin necesidad de soltar una sola "pluma", con contención, sobriedad y momentos destacables como ese en que balbucea el himno nacional frente a quienes lo reprimen "en nombre del pueblo".

La Santa de Lola Amores es rígida y manipulable, como muchos típicos "hijos de la Revolución" de entonces (y de ahora), pero lentamente se revela como una mujer destrozada, capaz de una bondad digna de su nombre.

Siempre hay al menos una escena a la que un filme debe en buena medida la capacidad de conmover. De Santa y… me quedo con esa en la que Andrés está a punto de tener sexo con el mudo. Uno de los mejores momentos del filme, en mi opinión, que más penetra en la dimensión íntima del personaje.

Puedo decir, confieso que con alivio, que disfruté Santa y Andrés desde mi perspectiva de espectadora común a la que basta una buena historia, con personajes sólidos, bien contada. Pero no me ciegan los elementos logrados del filme, ni la simpatía por Carlos Lechuga, ni la injusta censura que ha sufrido el filme.

Hay fallos en ese guión premiado (aunque quizás, como suele ocurrir y es lógico, el guión inicial haya sufrido cambios por el camino): coincidencia poco verosímil y facilista que en el mismo lugar donde Andrés ve al mudo acompañado, Santa vea al responsable de su infelicidad; la escena parece un pretexto para contar qué le sucedió a esta mujer. Y aunque el final es previsible, porque Andrés no tiene muchas opciones, logra irse con demasiada facilidad. Entonces, ¿por qué no lo hizo antes?

Claro, las fallas en el guión y cualquier otro defecto desde el punto de vista artístico del filme, no fueron el motivo real de su censura. Como tampoco lo es en el filme, donde Andrés cuenta que un libro suyo le costó la cárcel, e imita la voz de quien se erigió en juez: "Este material de escaso valor artístico…" ¿Quién determina el valor artístico de un "material"?

Interesante coincidencia o ironía del destino es que en el filme un libro de Andrés haya sido censurado y en la realidad lo sea el filme de Lechuga. Otra prueba de que las violaciones a la libertad de expresión artística no son "errores" del pasado.

Por supuesto, algunas cosas han cambiado: Carlos Lechuga no irá preso por su película. Pero como su personaje de ficción, quien termina por escapar con su nuevo libro al extranjero, Carlos debe exhibir su película fuera de Cuba. Su público natural, los cubanos, han sido privados verla y emitir juicio sobre su valor artístico. Por ahora.

Tráiler de 'Santa y Andrés', de Carlos Lechuga

El guion de este segundo largometraje del realizador Carlos Lechuga obtuvo el Premio Julio Alejandro de la Sociedad General de Autores y Editores de España (SGAE).

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Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

Según el escritor Pedro Juan Gutierrez, resulta que en Cuba siempre ha habido libertad de expresión, solo que hay que ser "mesurado" a la hora de decir las cosas. El articulo completo, aquí:http://www.martinoticias.com/a/pedro-juan-gutierrez-escritor-cuba-libert...