Martes, 12 de Diciembre de 2017
14:18 CET.
Opinión

Steiners cubanos

Reafirmé mi certeza de que no todo lo que George Steiner escribía eran nueces cuando leí el artículo de hace años de Mario Vargas Llosa contra sus "inepcias" —así las llama el Nobel peruano—. Acabo de releerlo a propósito de ciertos intelectuales cubanos —no solo oficialistas, como Pedro de la Hoz, musicólogo que ejerce de inquisidor cultural—, que resbalan con la misma cáscara que les hace creerse duchos en casi todo: aptos para disertar "profesionalmente" sobre economía política y abstraccionismo, antropología y música concreta, historia y poesía, arte narrativo y filosofía...

Lectura para "nuevos cultos" —definición que tomo de las caracterizaciones de  los "nuevos ricos"—, cierto ensayo-conferencia del profesor inglés irritó al novelista del Boom, aunque le concede algún piropo para limar el filo de sus críticas contra la ilusión del sabelotodo.  Igual nos pasa —mutatis mutandis— con algunos intelectuales cubanos —sean oficialistas o insubordinados—; aunque quizás en el caso de los exiliados se prefiera el silencio, para evitar acusaciones de provocar "fuego amigo". O por algo tan sencillo como que los autores son tan "buena gente" que a uno le da pena...

Y no se trata —desde luego— de casos patológicos como el del difunto Fidel Castro, siempre dispuesto a descargar —¿reflexionar?— sobre los más disímiles temas y personajes cubanos o no, culturales o no. Imposición que debió servirnos como antídoto —por contraste— para que ningún intelectual rodara peligrosamente a la definición de diplomático que diera un iconoclasta italiano: "El diplomático es un caballero capaz de hablar animadamente dos minutos sobre cualquier tema. Dos minutos. Tres resulta calamitoso".

Vargas Llosa no edulcora su juicio de valor contra el  infundado catastrofismo de Steiner. Desde el primer párrafo discrepa del afamado políglota judío nacido en Francia, aunque elogia lo estimulante que a veces resulta. Dice: "Pero, desde hace algún tiempo, tengo la sospecha de que comienza a sucumbir a esa tentación en la que suelen caer grandes talentos, la del facilismo frívolo, o aptitud para demostrar, con una prosa elegante y lo que parece sólida erudición, cualquier cosa, incluso algunas inepcias".

No puedo evitar pensar en que ese sayo —¿el "síndrome Steiner"?— le sirve a cubanos que conozco, sin la justificación de que la abrumadora mayoría de los políticos no tienen ningún pudor en opinar sobre cualquier cosa...

Porque desde luego que derecho nos sobra para opinar hasta sobre los aguacates de Catalina de Güines o las narconovelas; lo que no profesionalmente, lo que no desde el  buen o regular prestigio ganado en nuestros respectivos ámbitos. Porque doy por cierto que no nos gusta confundir al público no especializado, caer ocasionalmente en el facilismo frívolo, en inepcias transitorias, como he padecido en historiadores metidos a críticos literarios, periodistas que en programas televisivos hablan más que sus invitados, demógrafos metiendo la cuchareta en pronósticos sobre Cuba...

Recientemente llegué a escribir una crítica sobre una comedia de Alexis ValdésOficialmente gay— que vi representada en un teatro de Miami. Antes de enviarla para publicar tuve el pudor de llamarme al orden, decirme que no soy crítico teatral. La borré enseguida de mi ordenador, apenas conversé después con uno de los actores, Orlando Casín, pero ya como simple espectador...

Ahora que la brutal trivialidad mediática tiene como norma entrevistar a cantantes, actores y deportistas para que opinen hasta sobre la galaxia Andrómeda, con más razón debe evitarse saltar hacia precipicios exegéticos sin paracaídas. De ahí el alto nivel de exigencia que debe primar, sobre todo con aquellos que por su prestigio tienen una mayor responsabilidad.

Por eso el autor de La casa verde arremete contra "la artillería estadística que dispara Steiner" al vaticinar la muerte de la literatura, y de ahí la burla al invocar a Casandra. Le critica el "airecillo superior y socarrón", su "alegre masoquismo", la "innecesaria truculencia", la "delirante provocación" que olvida denunciar la subcultura con que se nos bombardea a diario, "de una estupidez vertiginosa"; y de la que indirectamente forma parte la frivolidad de hablar sin ton ni son sobre temas que uno no domina, disfrazado de intelectual omnisciente y gastando fama adquirida en otros menesteres.

Supongo que el brillante autor de Grammars of Creation recibiera la advertencia del talentoso novelista de La guerra del fin del mundo, bajo la certeza de que la crítica a veces ayuda más que el aplauso. Así quisiera que  se reciba la mía, porque algo de verdad está en la advertencia. Donde sí no hay nada que buscar  es en el "facilismo frívolo".

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Comentarios [ 26 ]

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Anónimo 15:21, pues así es de participativa la Cultura democrática y a tal punto, que hasta usted sin darse cuenta forma parte de ella. Esta sociedad de la información, como  dijo Fukuyama, ha sido en buena medida la tumba de los régimenes dictatoriales. Y ya sabe, la verdad absoluta no la tiene nadie, por muy leído que sea, porque todas las verdades son hasta cierto punto relativas.

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Ciber-charlatanes o ciber-sabelotodo: No se hagan los sabios porque caen en lo mismo por twiter o facebook, son los mismos que creen saber de cualquier tema y hacen el ridículo, como bien critica Vargas Llosa.

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Anónimo 01:33, desde luego que reconozco como usted que internet ha revolucionado la vida moderna y no en balde se le considera como iniciadora de la 3ª Revolución Industrial también; pero me parece que hay diferencias todavía entre un buen escritor que emplee la red -o no- y otro que quiera explorarla sin serlo, pero con esa finalidad. No todo lo que aparece en la red es óptimo ni serio, pero sí coincidimos en que el fenómeno informático ha cambiado la relación entre las personas y por supuesto entre escritores y lectores. No en balde ha arruinado prácticamente a los periódicos tradicionales, que han disminuído sus ventas y por extensión ha provocado el cierre de muchas revistas culturales y entre ellas literarias y artísticas. Pongamos por caso, la revista Life, pionera en la publicación de fotografías y artículos de interés desapareció como resultado de todo ésto, entre otras publicaciones que no resitieron la competencia. Lo que sí está claro es que el articulista ha obviado otros elementos que enriquecerían su visión de un fenómeno más rico. Eso significa que en el mundo de hoy, internet ha revolucionado las relaciones con la Cultura y todo el mundo opina, porque se ha democratizado la Cultura y eso es positivo para los creadores y sus lectores; a menos que un escritor tenga miedo a los lectores o sea tímido. Y por otra parte existen distintos modelos de críticos y críticas que obvia también el articulista.

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16.40 Muy atinado tu comentario porque eso es precisamente lo que esta sucediendo, un cambio en la dinamica de las relaciones de comunicacion. Aquel escritor ensimismado en su propia creacion, que solo creaba su obra desde su ego para los demas, hoy esta caduciendo. Las redes sociales estan abriendo otro tipo de talento. Hoy a nadie le interesa una novela sobre la travesia de un balsero. Hoy el mismo balsero narra y proyecta imagenes de su travesia promoviendo mayor interes y dejando en ridiculo al novelista. La ficcion e incluso el testimonio estan siendo superados por esta dinamica. Incluso intelectuales importantes se ven opacados en la red ante figuras que surgen de la nada pero que sus maneras de proyectarse denotan talento histrionico acorde con la expresividad popular. La literatura en su viejo formato/libro/paginas/autor esta muriendo. Y el escritor, ese lobo solitario, esta en cueros a la luz del dia, con toda la cantidad de datos de que se disponen hoy.

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Cualquier relación con la Literatura -en cualquiera de sus géneros- así como con el Arte requiere sensibilidad. A nadie que no le guste leer o ver teatro o cine o pinturas, esculturas, conciertos o ballet, se le ocurrirá escribir sobre esos temas. En cambio, sí que existen muchos críticos y escritores desprovistos de interés como personas y fuera de su obra -y a veces ni esa-, nadie sería capaz de prestarle atención a ningún comentario que hagan. En cambio, hay algunos que sí que captan el interés de los demás, ya se habló de Gastón Baquero -que tuvo también programa de televisión en la CMQ- y en la actualidad por ejemplo, el escritor Jaime Bayley también tiene un programa de televisión en Miami, con muchos seguidores. De todos modos, vívimos en una época de capa caída para la crítica... porque le han salido otros competidores, amén de cambios en la propia creación y el contacto con el público. Ello evidencia que como todo en la vida, las cosas tienen que cambiar. En cuanto a la Literatura, también las cosas están cambiando y como prueba de ello existe la Literatura por entregas en internet, además de los libros tradicionales y e-books. Tal vez una buena idea sería fomentar el encuentro entre escritores y lectores por diversas vías. Por ejemplo, lecturas en vivo de parte de su obra y entrevistas e integrarlos a su vez en otro tipo de dinámica intelectual más relacionada con nuestro tiempo y la gente.

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Los críticos de cualquier manifestación artística lo primero que tienen que tener es sensibilidad artística, de lo contrario sus críticas serán ladrillos inodoros. Un mínimo de talento artístico, aunque sean historiadores eruditos o tengan diez doctorados. Ejemplos de cubanos en los dos sentidos son los que sobran.

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Hay elementos aquí que no acaban de sacarse en claro por ninguna parte. En primer lugar para ser crítico literario o de cine o teatro o arte se requiere un bagaje intelectual, porque la crítica se realiza conectando elementos disímiles con el objeto de análisis; sino se ha leído ni se sabe, es obvio que nada se puede criticar acertadamente o no -porque no siempre el crítico tiene ni ha tenido la última palabra-, en todo caso un diletante comentará, que es un derecho de cualquier persona y para eso se escribe o crea, para que los demás opinen y lean lo creado. Por tanto, un escritor "culto y no de pose y poco leído, que los hay" o persona "culta" puede realizar críticas perfectamente y los ejemplos sobran en la charla y en Cuba. Aquí se citó a un escritor como Cabrera Infante que fue además de novelista, uno de los mejores críticos cinematográficos del siglo XX; pero a continuación apareció Gastón Baquero, que además de buen poeta, periodista y hasta crítico se vinculó también a la Política -siendo comentarista de la misma-. En segundo lugar, para practicar la escritura creativa (novela, teatro, etc.), también debe contarse con cierto bagaje, a menos que se sea repentista o escritor afín. Un escritor puede ser ingeniero, médico, filólogo o un obrero, siempre que tenga talento para serlo. Cualquiera con vocación pública puede también ser político; sea escritor, crítico o no. Los hay con éxito o no y que lo diga Rómulo Gallegos.

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Ese mal viene de los escritores del boom latinoamericano (Vargas Llosa incluido) aupados por los politicos y dictadores. En America Latina ser escritor es ser politico, poeta, filosofo y mesias de los pueblos. La opinion de un escritor latinoamericano, asi hable del circulo polar antartico, es palabra de Dios. Vargas Llosa puede dar fe de ello. Ya la esta dando.

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Hay también mucha vanidad, deseo de aparentar, favoritismo, corporativismo y soberbia  en el mundo de las Letras y como prueba de ello, no siempre lo que se ha promovido ha sido lo de más calidad. Por ejemplo, Irene Nemirovski tuvo que salir escapando del comunismo en Rusia y en Francia los nazis la llevaron a un campo de concentración donde acabaron con su vida. Su talento como escritora a prueba de balas era tan sólido que casi más de medio siglo después de su muerte fueron descubiertas sus novelas inéditas y hoy por hoy es sin discusión una de las más importantes novelistas rusas del siglo XX. Es decir, el tiempo no fue un obstácuulo para que más de medio siglo después impacta todavía su obra. Lo que pasa con los escritores de mala calidad -tengan la formación que tengan- es que no llegan, ni interesan ni van a perdurar. ¿Quién habla hoy de Eugenio Sué o de Carolina Invernizio? Sin embargo leemos cualquier obra desconocida de Balzac sin saber que es de él y aún nos sigue interesando lo que dijo y sobre todo: cómo lo dijo. No es necesario retorcer las frases o rebuscar el lenguaje para resultar elegantes y decir algo interesante, porque ya lo dijo Rubén Darío: la belleza eso es ...

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Prefiero mil veces a Rafael Rojas como crítico literario que a Prats Sariol como politólogo.