Martes, 17 de Octubre de 2017
16:49 CEST.
Teatro

Alexis Valdés, una luneta para viajar

Lo que hacen los cubanos que viven en el sur de la Florida para viajar a su país sin boletos de avión es sacar una entrada para el teatro Trail de la calle Ocho de Miami. Allí van a ver Oficialmente gay, una obra que escribió Alexis Valdés, un artista que salió de la Isla hace dos décadas, vivió y trabajó en España mucho tiempo, pero parece que no se ha movido nunca de La Habana.

Se trata de una comedia que narra las peripecias de un machista cubano que, para alcanzar el cargo de director de un hotel en Varadero, tiene que simular que es gay porque la dictadura, en un intento de aliviar su historial de represora del homosexualismo, impone una ley que obliga a poner en altos cargos estatales a personas discretamente amaneradas o a simples locas de carroza, como le gustaría decir a Reinaldo Arenas.

Esa historia, donde figuran, entre otros, la esposa del protagonista, su suegro, un coronel de las Fuerzas Armadas y un gay con balcón a la calle que será el instructor del aspirante a homosexual, le sirven a Alexis Valdés para hacer un retrato de la realidad cubana concebido con un humor de altura, inteligencia y sabiduría, lejos de odios baratos y resentimientos. Y una cubanía sin pompa ni concesiones que desborda el escenario.

Creo que ahí radica el secreto por el que Oficialmente gay está en la cartelera, a teatro lleno, desde la primavera del 2014, con un elenco de actores que incluye, entre otros a Roberto San Martín, Orlando Casín, Carlos Cruz, Claudia Valdés, Yabrán Luna, Lieter Ledesma, Carlos Marrero y al mismo Alexis Valdés, que dirige la puesta en escena y hace un pequeño papel.

La semana pasada, junto a la función número 216, Valdés ha estrenado la segunda parte de su obra y lo hizo también con la sala repleta. En este segundo capítulo, los mismos personajes de Oficialmente gay entran con humor en el grave asunto de la emigración y el afán de los cubanos por salir de su país.

El coronel, el aspirante a gay, su maestro y su esposa conforman una orquesta de mujeres para aprovechar el intercambio cultural con Estados Unidos, viajar y liberarse del castrismo. El público se asoma con curiosidad y alegría a una visión más amplia del panorama que dejó atrás, aunque la comedia de Valdés, sin dejar de serlo, toca dos o tres puntos que provocan en los espectadores otra categoría de sentimientos: la emoción, por ejemplo.

Alexis Valdés tiene talento, oficio y magia para ofrecer, cada fin de semana, 432 lunetas en un teatro para viajar al pasado con la agudeza de su humor y el poder de su sensibilidad porque ese pasado es todavía el presente de los que viven en Cuba.


Este artículo apareció en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.

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