Martes, 12 de Diciembre de 2017
01:53 CET.
Cine

El carnaval habanero en EastmanColor

Mientras La Habana bullía en sus carnavales de 1960, un equipo de jóvenes e inexpertos cineastas intentaban capturar la atmósfera festiva de la ciudad. 

"Joe Massot consiguió que Alfredo Guevara, presidente del Instituto de Cine (ICAIC), le asignase la dirección de un documental sobre el carnaval.  El corto, de 20 minutos, se haría en coproducción con el Ayuntamiento de La Habana, con el objetivo de atraer turistas a Cuba", recuerda Fausto Canel, su codirector.

Nacido en Nueva York e hijo de madre cubana, Massot formó parte del recién creado instituto de cine. Se fue de Cuba en 1961 y falleció en Londres en 2002.

"Con su enorme talento para engatusar, Massot consiguió que el presupuesto implicase filmar en 35 milímetros y en color, algo nunca visto en el ICAIC hasta ese momento. A mí me ofreció la realización, conservándose él la dirección de los actores que, de hecho, nunca habían actuado. La calle neoyorquina le había enseñado a Joe que la suerte no se espera, sino que se crea", dice Canel.

Pero para entonces en Cuba no se podía procesar película fílmica a color y el negativo debió ser enviado al laboratorio Deluxe de Nueva York para su revelado. Conversamos sobre este tema con Fausto Canel.

Filmado en EastmanColor, con actores y unos créditos animados, y luego un estreno con alfombra roja, el documental parecía seguir los patrones de Hollywood más que los de un país que comenzaba a hacer cine revolucionario.  A la luz de los años, ¿qué representa ese documental para ti?

Representa precisamente eso, mi primera oportunidad de hacer cine con "todos los hierros".  Habría que agregar que los créditos de Carnaval, dirigidos por Jesús de Armas, fueron el primer trabajo del Departamento de Animación del ICAIC, creado para la ocasión.  Al mismo tiempo, el ICAIC produjo Ritmos de Cuba, también en EastmanColor, dirigido por Néstor Almendros con la misma actitud de entretenimiento. Como dije antes, es difícil imaginar los vaivenes de la política cultural del ICAIC en aquel momento. Una de cal y otra de arena. Por si acaso.

El documental se estrenó en La Rampa para el 26 de julio de ese año, en exhibición especial, junto a otros seis cortos producidos por el ICAIC. Más tarde, su proyección en los cines del país ayudó a distraer a una población preocupada por las tensiones cada día mayores entre EEUU y Cuba. De hecho, las sanciones económicas impuestas por EEUU a finales de ese año dieron como resultado que el ICAIC nunca pudiese recuperar el negativo, ya que nunca pagó los gastos del laboratorio Deluxe en Nueva York. Solo se importaron tres primeras copias que de tanto ponerse en su momento ya no existen.

En una entrevista que diste a Lunes de Revolución decías que el documental tenía una doble función, turística y política, aunque yo no veo nada de eso. ¿Pudieras abundar en esos aspectos?

Es imposible para los que no vivieron la época imaginar los tumbos que daba la revolución cubana en aquellos primeros meses. Pensado para una distribución internacional, Carnaval intentaba estimular el turismo mermado por la mala propaganda que crearon los fusilamientos sin juicio a partidarios de [Fulgencio] Batista, lo cual en sí mismo era contrapropaganda política.

En tus textos has recordado todas las vicisitudes y trabas que ponía el ICAIC para que cineastas exiliados tuvieran acceso a su propia obra y has narrado cómo, por casualidad, Néstor Almendros vino a dar con una copia de Carnaval que estaba archivada en los laboratorios Deluxe en Nueva York. ¿Pudieras abundar en esto? ¿Por qué la copia del documental se quedó en Nueva York?

Ya señalé en otra parte la alegría en la voz de Néstor cuando una mañana de 1989 me llamó desde el laboratorio Deluxe, donde terminaba la corrección de luces del episodio de Martin Scorsese para New York Stories.

"Los recuperamos, Fausto, los recuperamos", me decía lleno de entusiasmo desde la oficina del director del laboratorio.

Yo no entendía nada. "¿De qué hablas, qué recuperamos?"

Néstor trabajaba esa mañana en el laboratorio en Manhattan cuando el director se le había acercado y le había dicho: "Almendros, ¿sabe usted que en las bóvedas tenemos dos cortos cubanos?".

"No", le respondió Néstor. "¿Cuáles?"

El hombre consultó sus apuntes: “Ritmos de Cuba es uno, y el otro, Carnaval.”

Era realmente increíble.  No sabíamos que los negativos estuviesen todavía allí.

"Sí", me contaría Néstor que le explicó el director del laboratorio. "Los revelamos y enviamos los rushes a La Habana y luego tiramos unas pocas copias… Pero el ICAIC nunca nos pagó y cuando se rompieron relaciones con la Isla y se instauró el embargo comercial, los negativos ya editados se quedaron en nuestras bóvedas… Desde entonces están ahí…"

"¿Y es posible que obtengamos una copia?"

"Mire, como directores tienen derecho a una copia en vídeo para su uso personal, pero me tienen que firman un acuerdo por el cual se comprometen, so pena de procesamiento judicial, a no comercializar los cortos.  Esas películas son propiedad del ICAIC y a ese organismo se las devolveremos cuando nos hayan pagado lo que nos deben."

Al día siguiente, en el laboratorio, vimos Ritmos de Cuba y Carnaval por primera vez desde su estreno en el cine La Rampa,  en el verano de 1960, 29 años antes. Una impresión difícil de describir y que luego volví a sentir cuando tuve la oportunidad de ver de nuevo Desarraigo, Papeles son papeles, Torrens y El final, películas que he conseguido recuperar con los años.  Muchos años.  (Todos esos filmes se pueden ver en el sitio web de Fausto Canel.)

En contacto con un ejecutivo de Deluxe me comentaba que los archivos fílmicos que tenía ese laboratorio en Nueva York fueron trasladados a Hollywood y, preguntándole por el negativo de tu cortometraje, me aseguró que la copia no aparece.  De aparecer  el negativo y de pagar el ICAIC una factura que data de 55 años atrás, ¿crees que tu documental debería tener su revival?

Creo que más allá del valor cinematográfico que todavía pueda tener, el corto es una reliquia, una pieza de museo sobre una revolución que daba tumbos y vaivenes políticos. De ahí su existencia.  Es también una oportunidad de ver La Habana antes del derrumbe y a los habaneros gozando de una libertad que no les iba a durar mucho.

'Carnaval', de Fausto Canel y Joe Massot

Mientras La Habana bullía en sus carnavales de 1960, un equipo de jóvenes e inexpertos cineastas intentaban capturar la atmósfera festiva de la ciudad. 

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Comentarios [ 7 ]

Imagen de Anónimo

De cuando aún nos tratábamos de "caballero", "dama", "joven", "señor"...

Imagen de Anónimo

Cual es la acida critica,este carnaval refleja al cubano y en largo tiempo vamos a celbrear uno como ese,pues los hijos de puta de Biran nos robaron el pais y la felicidad.

Imagen de Anónimo

La verdad que ese docu es infumable. Mi única duda es cómo clasificarlo entre tres categorías posibles: si clavo, churro o bodrio. Creo que 'Carnaval' es esas tres cosas a la vez. Perdonen la crudeza, pero así lo veo. Incluso, el hecho de que fuera el primer trabajo de Canel y Massot no me mueve a la clemencia. 'Carnaval' tiene un nivel muy por debajo de lo amateur. Contrario a su propósito, no dudo que haya contribuido aún más a la baja del turismo en Cuba.

Imagen de Anónimo

¿Por qué tornarnos tan severos con un documental que solo pretende ser testimonio de su época? Y lo es. Era muy niño pero recuerdo perfectamente ese carnaval. ¿Qué ajenos estabamos a la gran tragedia que se nos venía encima? Esa Habana alegre y moderna, pero a la vez con enormes contradicciones se nos presenta como lo que fue y ya no será. Desde luego que es un testimonio sociológico de valor. El resto, dejando a un lado los superlativismos que nos caracterizan, lo podemos dejar a un lado. 

Imagen de Lector de DDC

Respeto el trabajo del entrevistador —desde sus importantes artículos sobre los intentos de sabotear la primera cinemateca cubana, creada en la República y obscenamente obligada a ser olvidada hoy por el oficialismo, hasta sus denuncias de los abusos en las UMAP—. Y del entrevistado cineasta, cómo no reconocer el valor de sus filmes de largo metraje, hoy patrimonio del cine cubano. Pero este patético artefacto documental, más allá del interés que sus imágenes pudieran tener para, tal vez algún sociólogo, como obra de arte es una absoluta mediocridad. Los créditos dan vergüenza ajena, la dirección es cuando menos naïf en su primitiva construcción dramática, por no mencionar los desaciertos estéticos y la previsibilidad rampante.   Es comprensible el amor nostálgico que puedan tener ciertas personas, emocionalmente involucradas en la creación de ciertas obras de arte, pero semejantes fallidas criaturas artísticas, a veces es bueno, para ellas mismas, que duerman en la paz de los archivos.

Imagen de Anónimo

Agradezco a Canel y a su entrevistador por esta información y estas imágenes de La Habana. Gracias.

Imagen de Anónimo

Ese Documental se puede ver en you tube.